La política cambiaria, clave para sostener la estabilidad económica

// *Luis Brusco Ortega


Cuando una economía transita una etapa de desestabilización generalizada que no es posible resolver con medidas parciales que pretenden atacar solo un aspecto de la problemática total, requiere más bien de una “programación financiera” integral que vaya a resolver simultáneamente y de forma coherente los desequilibrios resultantes en los módulos fiscal, monetario y cambiario. Es conocido y comprobado suficientemente que la existencia de déficits fiscales agudos financiados monetariamente, ante la presencia de un banco central pasivo sin autonomía en la aplicación de medidas monetarias compensatorias, es causa fundamental del surgimiento de una aceleración inflacionaria en el mediano y largo plazo, que a su vez causa distorsiones en los otros precios claves de la economía como los son tasas de interés, salarios y tipos de cambio.

Específicamente, el costo en materia de tasas de interés es la presencia de tasas negativas estimuladoras de la exportación de la intermediación financiera y la pérdida de buena parte del ahorro nacional. En lo que respecta a los salarios, el costo en lo económico con transcendencia en lo social es una continua caída del salario real con implicaciones negativas en la productividad y en el sostenimiento del nivel de vida de los ciudadanos, y finalmente, en lo atinente al tipo de cambio, los efectos dentro de una política de paridad fija, son una reducción del tipo de cambio real y la pérdida de competitividad en el contexto internacional que incentiva mucho más el desahorro y desalienta la producción interna.

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Lo preocupante de esto último es el shock sobre la economía real (producción y empleo) determinante de un cuadro completo de estanflación que puede hacer ganar a ingenuos hacedores de política económica para aplicar medidas devaluacionistas continuas y aisladas a objeto de impedir en el corto plazo el rezago del tipo de cambio real y sus efectos indeseados, pero que en la práctica llevan a institucionalizar el perverso circulo vicioso de devaluación-inflación que prolonga por mucho tiempo la desestabilización general de la economía.

En síntesis superar los desequilibrios macroeconómicos requiere de medidas simultáneas en todos los ámbitos y que reflejen la realidad de los mercados mediante el comportamiento de sus variables claves que son los precios. En este sentido es un reto interesante lograr una paridad cambiaria de equilibrio sostenible y con pocos efectos nocivos sobre el resto de economía. Un camino inicial para tal logro, cuando se proviene de un fracaso rotundo de un régimen de tipo de cambio fijo como es el caso actual de Venezuela, es la aplicación de un régimen de bandas que introduce la flotación sucia  (intervenciones ocasionales del banco central) tomando en cuenta la capacidad financiera del instituto emisor y los alcances estabilizadores en el resto de los módulos fiscal y monetario. Este país ya ensayó esta práctica con un relativo éxito en 1996. El sistema contemplaba las siguientes condiciones: 

1.- Previamente a la definición de las bandas y durante 3 meses se puso a flotar el tipo de cambio.

2.- Una vez verificada la estabilidad del tipo de cambio se definieron las bandas con una paridad central igual al tipo de cambio flotante y estable. 

3.- Se fijó una amplitud de las bandas superior e inferior de 7,5% respecto a la paridad central en línea con la inflación objetivo contemplada en el programa de estabilización.

4.- El BCV participaba en el mercado en la medida que la paridad se aproximaba a alguna de las bandas.

 

*Economista. Profesor de la UCV. Jefe de estudios de Aristimuño Herrera & Asociados

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