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14/11/2022 08:30 AM
| Por Rafael Quiroz Serrano

#Análisis | La OPEP entre Rusia y Estados Unidos, la otra guerra

No sorprendería, por ello, que puedan plantearse, por parte de EE.UU. y sus aliados europeos medidas recíprocas, colectivas o unilaterales, que se dirijan a contrarrestar lo que en octubre pasado la OPEP+ aprobó en Viena, bajo el liderazgo de Arabia Saudita.

#Análisis | La OPEP entre Rusia y Estados Unidos, la otra guerra

El gobierno estadounidense criticó la medida de la OPEP+ de recortar 2 millones de barriles diarios (MMB/D) a partir del 1° de noviembre y la acusó de ponerse del lado de Rusia, en momentos electorales cruciales para el gobierno demócrata de Biden, habida cuenta que un encarecimiento de los precios del petróleo revertiría la seguidilla de caídas del precio de la gasolina, necesarias para un desempeño electoral favorable que evitara la pérdida del control mayoritario de la Cámara de Representantes del Congreso que tenía el partido demócrata.

Sin embargo, no deja de preocupar que un repunte de los precios del petróleo tendría que reforzar el aumento de las tasas de interés al revivirse las presiones inflacionarias, lo que se traduciría en una apuesta más segura sobre la recesión, tal como lo están descontando los organismos multilaterales en sus revisiones a la baja de los pronósticos de crecimiento para lo que resta de año y el siguiente.

El Banco Mundial (BM), por ejemplo, ha dicho que espera que la economía de China se expanda un 2,8% en 2022, por debajo del pronóstico del 4,3% en junio, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de anticipar una corrección a la baja en su reunión de otoño donde presentará sus perspectivas globales para 2022 y 2023, previamente ajustadas a la baja en julio.

En cuanto a China, su demanda de petróleo está cayendo en 2022 por primera vez en décadas, y el crecimiento de la demanda durante la segunda mitad del año es más débil de lo esperado en EE.UU., Europa occidental y China.

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¨OPEP

Precios más altos que en la preguerra

La argumentación de la OPEP+ a favor del recorte de la producción que busca anticiparse a la destrucción de demanda por la acción deletérea del aumento de las tasas de interés y la apreciación del dólar estadounidense es controvertida, ya que los precios que se quieren defender, en torno a 90 o 100 dólares por barril, son mayores en comparación a los que había antes de la invasión Rusia a Ucrania, de 86 dólares en enero 2022 y 74 dólares en diciembre 2021, cuando los pronósticos de crecimiento global eran mucho más alentadores que en estos momentos.

No obstante ello, aquí la OPEP vuelve a tener la razón al anticiparse a defender precios petroleros en favor de sus miembros y aliados, además de comportarse como moderadora en medio de un mercado petrolero trastocado por la guerra Rusia-Ucrania y múltiples variables, de diferente ponderación, que van a conformar la estructura de los precios del petróleo.

Es decir, atendiendo a fundamentos deteriorados y desvanecida la prima de riesgo político por el conflicto entre Rusia y Ucrania, el comportamiento de los precios del petróleo venía siendo consistente al tender a la baja, hasta el punto que estaban en camino de experimentar la primera pérdida trimestral desde 2020, y los temores de recesión los había llevado a un mínimo de ocho meses.

Ahora esta acción calificada como preventiva por la OPEP+, busca reponer un nivel de precios mediante acciones de control de mercado por parte de un actor (la OPEP+) que administra la oferta de manera más efectiva, vista las rigideces que ha venido mostrando la producción estadounidense de crudo de lutitas.

Se trata de aplicar una política de precios y no una política de mercados, a los efectos de que la OPEP, y todos sus miembros, salgan favorecidos. El peso de la OPEP+ dentro de la oferta mundial petrolera es, sin duda, una variable de significativa ponderación a la hora de confrontar fuerzas, factores y elementos que, al final del día, van a definir y determinar precios.

#Análisis | La OPEP entre Rusia y Estados Unidos, la otra guerra

Producción, proyección y precios

Aunque la producción de petróleo de EE.UU. se ha recuperado de sus mínimos de Covid-19, su crecimiento se ha desacelerado, incluso no obstante los altos precios. Por ejemplo, se ha estancado la actividad de perforación y “fracking” desde mediados de junio, así como el recuento de plataformas petroleras.

El panorama de la industria de lutitas ha cambiado con respecto al que prevaleció hasta 2018, estando más concentrado ahora en la generación de rentabilidad antes que la procura de volúmenes. Por ello, sus perspectivas de crecimiento son moderadas, descartándose su protagonismo en el avance de la oferta petrolera global; en tal sentido, se prevé un crecimiento decente durante los próximos dos años, pero el sector podría estancarse.

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Mientras tanto, la Agencia de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) ha reducido las proyecciones de crecimiento de la producción de EE.UU., aunque todavía se espera que la producción del próximo año supere el récord de 12,3 millones de barriles diarios, establecido en 2019.

Las previsiones iniciales de fuertes ganancias este año han resultado ser inexactas. Ahora se prevé que la producción aumente en 540,000 barriles diarios (B/D) este año a 11,79 millones de B/D, por debajo de las proyecciones anteriores de incremento de 1millón de B/D de algunos analistas.

La producción petrolera sigue siendo el problema principal del mundo desarrollado y no los precios, contrariamente a lo que es para la OPEP, para la cual los precios sí son su problema y objetivo fundamental por antonomasia, y es -en buena parte- su razón de ser.

La decisión de la OPEP+ de cara a precautelar un colchón de capacidad cerrada (u ociosa) puede ser criticable como razón de fondo para su aprobación, ya que si bien es cierto la vigencia del embargo europeo sobre las compras de petróleo ruso, a iniciarse el 5 de diciembre, y de productos refinados a partir de febrero 2023, debería -en teoría- sacar del mercado cerca de 1.5 millones de B/D.

Lo que se ha visto es un redireccionamiento del mercado petrolero, por lo que los barriles rusos son absorbidos crecientemente por India y China, y los destinos europeos son cumplimentados por entregas del Medio Oriente, África, Noruega y EE.UU.

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Rusia e India

Vale señalar que India importó alrededor de 79 millones de barriles de Rusia entre enero y agosto, más del cuádruple de los 17,2 millones de barriles comprados durante el mismo período del año anterior, según mostraron datos del Ministerio de Comercio de ese país.

Por otro lado, las importaciones de crudo ruso de China aumentaron un 7,3% interanual a 1,71 millones de B/D en los primeros ocho meses de 2022, y la participación de mercado de Rusia en la canasta total de importaciones de crudo de China aumentó al 17,2%, frente al 15,3% entre enero y agosto de 2021.

Quizás, el obstáculo que sí puede generar un impacto fuerte en la oferta rusa, sería la reacción del gobierno moscovita a la propuesta de establecer un tope al precios de los embarques de crudo de ese país, que sean transportados en buques asegurados por compañías registradas en países de la OCDE, y que, según datos recientes pudiera significar un 90% de las cargas transportadas por las navieras.

En efecto, portavoces del gobierno ruso han anticipado que pudieran dejar de venderles a los países que sujeten sus compras al cumplimiento de estas restricciones en materia de seguro marítimo, y bien podría tal acción excluir más de 1 millón de B/D del mercado.

En este caso, si sería necesaria la existencia de una holgura en la capacidad de producción de los productores del Medio Oriente que permita enfrentar esta contingencia y estabilice los mercados.

Este escenario hipotético no se sustrae, sin embargo, al hecho de que la actual decisión de la OPEP+ favoreció a Rusia al permitirle seguir vendiendo a precios altos que compensen los descuentos a los cuales se ha visto forzada a colocar su crudo en China e India.

De esta manera, Putin puede seguir financiando su guerra en Ucrania y por lo tanto incubando una potencial reacción política de rechazo hacia la OPEP+ por parte de Occidente, en tanto que todas las medidas aprobadas y actualmente en preparación están dirigidas a evitar que el gobierno de Putin siga alimentando su maquinaria bélica.

“Arabia Saudita ha puesto a la OPEP en curso de colisión con el mundo libre. Se han puesto del lado de Rusia en nombre de la gestión protectora del mercado petrolero, al igual que los consumidores de todo el mundo están luchando contra la inflación y el aumento del costo de vida”, dijo Bill Farren-Price, un veterano observador de la OPEP en la consultora Enverus. “Es probable que haya consecuencias políticas para Riad”, agregó.

No obstante, en esta disputa petrolera originada por la decisión de la OPEP+ Estados Unidos ha encontrado a otros países alineados en su contra como lo son Turquía y China, los cuales hablaron en defensa del país saudita, no obstante que, como importadores de energía, también sienten los efectos de la decisión tomada el pasado 5 de octubre, y que mantiene el precio del petróleo alrededor de los 90 dolares por barril.

Pero lo cierto es que tanto la OPEP+ como Arabia Saudita seguirán velando por sus propios intereses, y esto quedará nuevamente demostrado en la próxima Reunión de la OPEP+ del 4 de diciembre en la capital austriaca.

Es decir, se trata de una hostilidad militar que incluye amenazas nucleares por parte de Rusia y en la cual se puede rechazar cualquier gesto de complacencia con una de las partes. Por ello, no basta que la dirigencia de la OPEP sostenga que su decisión es estrictamente técnica (económica) y solo procura la estabilidad del mercado sin dejar de tomar en cuenta la recesión mundial.

Ya lo decía el pasado jueves el ministro de petróleo de Arabia Saudita, Abdulaziz bin Salman: “Nuestro tema es ser cautelosos. Se trata de ser responsables y no perder de vista lo que demanda el mercado”.

No sorprendería, por ello, que puedan plantearse, por parte de EE.UU. y sus aliados europeos medidas recíprocas, colectivas o unilaterales, que se dirijan a contrarrestar lo que en octubre pasado se aprobó en Viena, bajo el liderazgo de Arabia Saudita y con el estreno de su nuevo Secretario General, el kuwaití Haitham Al Ghais.

“Lo peor está por venir” dijo en su informe del mes pasado, a manera de predicción telúrica, el Fondo Monetario Internacional.

  • El autor es economista especializado en petróleo

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