Nuevo Dicom: Ni Transparente, Ni Subasta, Ni Mercado de Pool

// Enrique González *


El análisis que realizaremos se basa en la información provista en la rueda de prensa de este martes por parte de las autoridades relacionadas con, el sistema cambiario, el nuevo DICOM y el nuevo Convenio Cambiario N.38.

En dicha rueda de prensa se insistió mucho en que el tipo de cambio estaría determinado entre la oferta y la demanda y que el sistema sería absolutamente transparente.

Sin embargo, según lo que se comentara en la rueda prensa por parte de los altos funcionarios públicos ninguna de estas dos cualidades parece que estarán presentes en el Nuevo DICOM.

Primero, se dijo que existirá una banda que cortará con una oferta fija por subasta, que como se pudo ver en la gráfica mostrada por el ministro Lobo, constituye una oferta rígida, perfectamente inelástica o vertical. Lo anterior constituye un reconocimiento que tanto la determinación administrativa por parte del BCV de las bandas, aunado a un monto fijo de oferta de divisas por subasta; hará que el precio de la divisa esté prácticamente determinado antes de la apertura de la subasta a los demandantes, y que la demanda poca incidencia tendrá sobre el valor del tipo de cambio “resultante” -explicaremos esto a continuación-.

Antes de que se abra la subasta a la supuesta consolidación de una curva de demanda producto de la sumatoria de las posturas de compra, ya habrá una sección de la curva de oferta acotada por la banda donde se encontrará el tipo de cambio final de la jornada.

Aunado a lo anterior, para que la curva de demanda corte a la sección acotada de la curva vertical de oferta, siendo que existiera una alta demanda para el nivel de tipo de cambio probable dentro de las bandas; se tendrá que producir una selección opaca, nada transparente y discriminatoria de demandantes que quedarán fuera de la jornada. Dado el tipo de cambio en el mercado paralelo y su spread de más de 700-800% con los valores del tipo de cambio recientes del SIMADI, aunado a la creciente liquidez, los bajos niveles de las Reservas Internacionales y su impacto sobre las expectativas respecto al tipo de cambio; el escenario anterior es perfectamente plausible.

Segundo, reconocer que la curva de oferta de divisas resulta vertical es reconocer que ésta no es sensible al nivel del tipo de cambio, lo que significa que constituye un sistema de racionamiento de divisas intertemporalmente -complementado con el sistema de banda en lo que al valor de la divisa se refiere-.

Adicionalmente, vale dejar claro que no existe mayor incentivo para que entre mayor cantidad de oferentes de divisas -distintos al Estado- dada la diferencia entre los tipos de cambios, no solo dentro del nuevo sistema DICOM -entre el marginalista y los inframarginales  de referencia para el pago de las divisas demandadas-  sino igualmente en el mercado paralelo.

Tercero, el sistema de determinación del tipo de cambio que pagará cada demandante inframarginal constituye un mecanismo de discriminación de precios que podría descremar parte del mercado -siempre y cuando el Gobierno esté dispuesto al costo político del pass-through hacia el precio final de bienes y servicios-, que por otro lado incentivará a potenciales oferentes distintos al Estado a colocar su oferta de divisas fuera del sistema y directamente hacia los demandantes inframarginales (como lo asomáramos en el punto anterior).

Cuarto, el número de tipos de cambio que podrían ser reconocidos dentro de las estructuras de costos pueden terminar siendo muchos por lo que existirá dispersión de precios en un mismo mercado-producto, elevándose los costos de búsqueda e información para los consumidores (así como mayor dificultad para administrar la norma de control de precios). Habrá que tener cuidado que la empresa que coloca una puja de demanda y sale adjudicada, pague un tipo de cambio inframarginal y solo pueda colocar en su estructura de costos el tipo de cambio marginalista y de referencia, porque se le estaría pinzando los márgenes.

En conclusión, el nuevo mecanismo DICOM como está diseñado y como anunciara el ministro Lobo, no constituye ni una subasta -toda vez que las posturas inframarginales no se están haciendo con la totalidad de la oferta- ni constituye un mercado de pool -toda vez que la configuración de la curva de demanda será producto de una administración opaca que genere una curva de demanda que corte a la curva de oferta en su sección acotada o factible dentro de la banda, y debido a que la asignación de tipos de cambio de pago de la adquisición de divisas luce más como un mercado bilateral-.

En otro orden de ideas, como los demandantes pudieran anticipar o esperarían que por un lado el Gobierno no verá con buenos ojos pujas o posturas inframarginales muy elevadas que tengan incidencia directa sobre la formación e incremento de los precios y por el otro lado el Gobierno desea una franja del tipo de cambio acotada entre las bandas -no conocemos si será pública a la primera subasta o los agentes económicos se formarán expectativas sobre el rango de valores de la banda a lo largo del tiempo- las posturas de demanda podrían comportarse como ocurrió durante el SIMADI, es decir cerca del valor presente o aquel que uno esperaría que deseara fijar el Ejecutivo (toda vez que se esperaría que el proceso de selección para entrar en la demanda fuese una caja negra, discrecional y en el mejor de los casos la asignación por parte de los administradores del nuevo sistema DICOM sea aleatoria sujeto al valor de puja, el demandante buscará pujar por el valor marginalista esperado).

La diferencia entre subastas ordinarias y subastas contingentes no aclara mucho el funcionamiento del sistema, especialmente si se explicó que las segundas se activan cuando producto de una subasta ordinaria el precio pudiera quedar fuera de las bandas, con lo que con las mismas condiciones de una subasta ordinaria se realizaría la de contingencia (¿?). En resumen, más de lo mismo.

Economista UCV. Profesor de Economía Gerencial, UNIMET. Master in Competition and Market Regulation, Barcelona GSE, Universidad Pompeu Fabra, Universidad Autónoma de Barcelona. Master en Economía Industrial, Universidad Carlos III de Madrid. Programa Avanzado en Política de Competencia, Instituto de Empresas, IE.

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