El nuevo salario mínimo no recuperará el poder de compra del venezolano

// Elizabeth Ostos @elizabethostos


En lo que ha transcurrido de gobierno de Nicolás Maduro, se han decretado 13 aumentos del salario mínimo, siendo 2016 el año en donde se han autorizado más incrementos, lo cual es un reconocimiento implícito de que la batalla contra la inflación se está perdiendo.

El más reciente, que eleva el sueldo mínimo Bs. 65.056, se emite en un contexto de recesión en el que muchas empresas privadas deben reorganizar sus finanzas para poder cumplir con la disposición del Ejecutivo.

Los   beneficiados con esta medida son, en el caso del sector público, 4,2 millones de trabajadores. En el sector privado la cifra de trabajadores cuyos ingresos superarán los 65 mil bolívares mensuales asciende a cinco millones.

“Estos 65 mil bolívares, entre sueldo y cestaticket, representan 100 dólares calculado a la tasa de cambio Dicom y sería una cifra respetable si el trabajador pudiera adquirir la canasta alimentaria completa o pagar buena parte de la canasta básica. No hace falta hacer muchos cálculos para concluir que este nuevo aumento es nominal. No se expresa en la mejora del poder adquisitivo de la población porque el bolívar no vale nada”.

Así lo declaró a Banca y Negocios, Oscar Meza, director del Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores – Cendas-.

En entrevista con este medio digital, Meza señala que “la inflación en el segmento de alimentos es la que más incremento ha tenido en los últimos meses y estimamos que para el cierre de 2016 esté en el orden del 1.000%, lo cual hace que cualquier ajuste salarial se diluya ante la hiperinflación. En las investigaciones del Cendas detectamos que el venezolano destina 78% de sus ingresos en la adquisición de comida en los canales formales e informales. Casi todo lo que ingresa se va en atender, aunque sea medianamente, sus necesidades de alimentación”.

En relación con la canasta básica, qe además de los costos de comida considera los alquileres, artículos de limpieza e higiene personal, transportación pública, entre otros, el analista explica que “se necesitan al menos 25 salarios mínimos para cubrirla, lo cual indica que este nuevo ajuste, otorgado con cuatro meses de diferencia, es insuficiente”.

Oscar Meza explica que “la capacidad de compra salario está en merma y no se recuperará hasta que el gobierno sincere la situación y admita que sus políticas económicas fracasaron rotundamente. Hay que controlar la inflación muy urgentemente, desmontando los controles de precios y de cambios e inyectando dinero al aparato industrial para que se retome la producción interna de alimentos”.

Otra propuesta que hace Oscar Meza se relaciona con el tema cambiario, “es imperativo que las divisas extranjeras fluyan libremente en esta economía petrolera. No sería descabellado promover una política de dolarización de sueldos para que una moneda fuerte circule y estabilice los precios. En el caso de la frontera, permitir que haya intercambio entre el bolívar con el peso colombiano y esto mismo podría pasar con el real brasileño, al sur del país”.

Para Meza, son dos factores: control de inflación y liberad cambiaria, son el punto de partida de la recuperación del ingreso del venezolano, “estas medidas deben ser acompañadas por un plan integral de reactivación económica. En nuestro país hay una crisis de enormes proporciones; la gente está pasando hambre, algo nunca visto”.

Explicó el analista que, en términos absolutos, “el salario mínimo pasó de 15 mil 051 a 22.576 bolívares, 50% más. Son 7 mil 525 bolívares extra por mes, que representan 250,85 diarios. En el caso de bono de alimentación, que no se agrega al cálculo de las prestaciones sociales, la nueva cifra es de 42 mil 480 bolívares. Si la dividimos entre 22 días para sólo contar con los días efectivamente laborados, representa un incremento de 1,930 bolívares por día”.

Dijo que a pesar del nuevo aumento “un trabajador promedio no podrá comprar la canasta alimentaria, que para el mes de julio está cerca de los 300 mil bolívares. En este caso se necesitan al menos 20 salarios mínimos para cubrirla. Esto es dramático si lo comparamos con lo que se necesitaba en 1998: solo dos salarios mínimos”.

Y para la canasta básica, su adquisición es más cuesta arriba. “Se necesitan al menos 25 salarios mínimos para cubrirla”, sentencia el entrevistado.

Recordó Meza que el más reciente informe del Cendas, divulgado esta semana, la canasta alimentaria del mes de julio de 2016 tuvo un costo de 228.043,96 bolívares, lo que representa una variación intermensual de 23,9%, equivalente a 43.971,57 bolívares.

Puntualizó que, según los cálculos de esta entidad privada, es necesaria la inversión de 7.602,00 bolívares diarios para poder alimentar a una familia promedio.

Otros datos:

Entre enero y julio de 2016 la canasta alimentaria registra una variación acumulada de 287%. Son 169.127,98 bolívares.

En julio de 2015 el poder adquisitivo del salario mínimo frente a la canasta alimentaria fue de 26,2%, es decir, el salario mínimo estaba en 7.421,68 bolívares y la canasta alimentaria en 28.363,22 bolívares.

En julio de 2016 el poder adquisitivo del salario mínimo respecto a la canasta, es de apenas del 6,6%.

Finalmente, Oscar Meza recomendó al gobierno que, como medidas urgentes, se incluyan los bonos de alimentación como parte del salario integral, además de permitir que ingrese ayuda humanitaria a Venezuela. La situación es extrema y la recuperación del aparato industrial y de la producción interna de alimentos o medicinas llevará un tiempo. El hambre del venezolano no espera”.

Salarios e Hiperinflación

El economista Alexander Guerrero analiza cómo han sido los incrementos del salario mínimo en escenarios con inflación relativamente controlada y en contextos hiperinflacionarios.

En su sitio web, señala que “en periodos de inflaciones normales -bajo cierto control- como la que hemos vivido en Venezuela por más de 30 años, los incrementos del salario mínimo, han compensado parcialmente, a nivel de limosna, el impacto de la inflación”.

No obstante, advierte que “los aumentos en el salario mínimo no compensan ni resuelven la caída del poder de compra del bolívar (salarios), fenómeno que además pierde efectividad, dado que el ritmo persistente de la inflación reduce la capacidad de empleo de las empresas de tamaño mediano y pequeño, lo cual implica, que, para ese sector, esos costos en periodos inflacionarios no pueden ser sostenidos, a riesgo de tener que cerrar sus empresas, o reducir su producto”.

Y en tiempos de hiperinflación, como en la Venezuela de 2016, “la situación es insostenible desde 2013. El insuperable déficit fiscal, combinado con expansión del gasto público y caída del ingreso fiscal, consecuencia de la mema de los ingresos petroleros, han sido los principales factores de alza de los precios”.

Por lo tanto, estima que “pese a los aumentos de los salarios mínimos en lo que va de año, el ritmo de empobrecimiento de la población de bajos recursos y clases medias, se ha agudizado y amenaza a llevarnos a momentos de emergencia
humanitaria, hoy cuando para pagar la deuda externa se reducen importaciones vitales. Es un fenómeno absolutamente perverso”.

Reflexiona Guerrero al afirmar que “un consecuente empobrecimiento absoluto se mide cuando pasamos de la arepa a la empanada y de la leche de niños al agua de arroz, al tiempo que señaló “La paradoja del salario mínimo: todos los salarios son mínimos. Mayor empobrecimiento en la media que sube el salario mínimo”.

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