Circulación Dual: Conozca la nueva estrategia económica de China

// EFE

Circulación Dual: Conozca la nueva estrategia económica de China



China apuesta por un nuevo marco sobre el que basar su estrategia económica a corto y medio plazo: la «circulación dual», que dividiría la economía en dos partes para seguir aprovechando el comercio internacional mientras protege su mercado interno.

Este término, de inspiración marxista, marcará las pautas sobre cómo la economía china interactúa con las de otras naciones en el próximo plan quinquenal (2021-2025) para el país, propuesto recientemente por el Partido Comunista (PCCh) para su aprobación en la sesión anual del Legislativo, prevista para marzo del año que viene.

Un crecimiento «de alta calidad», sostenible y verde, transferir el peso sobre la economía de industrias contaminantes al sector servicios o hacer de la innovación en ciencia y tecnología nuevos impulsos para el desarrollo son conceptos que Pekín lleva ya tiempo propugnando.

Pero en su nueva estrategia económica también destaca la apuesta por la autosuficiencia, que ha de entenderse en el contexto de la guerra comercial con Estados Unidos, cuyo actual Gobierno intenta cortar el acceso de China a tecnologías clave y sancionar a gigantes del sector en el país asiático como Huawei o Tencent.

Ether Yin, de la consultora Trivium China, explica a EFE que el plan busca «garantizar que China tenga suficiente capacidad doméstica en tecnologías clave para asegurar que el país resista si se le priva de tecnologías y componentes extranjeros, especialmente estadounidenses».

Esto pasa por establecer dentro del país las cadenas de suministro en sectores clave -también manufactura, alimentos básicos o energía- mientras se siguen importando conocimientos tecnológicos y se apuesta por el desarrollo e investigación en ese campo, áreas que requerirán un esfuerzo titánico.

– Nuevo plan: ¿Antiguas reformas? –

Aunque el Partido se afanase en destacar la influencia del presidente, Xi Jinping, en la elaboración de este plan, Yin también destaca otras figuras como la del vice primer ministro Liu He, considerado el ideólogo económico del régimen.

Más allá de la reacción al volátil entorno internacional, la estrategia es también «un intento de varios altos cargos, entre ellos Liu, de revitalizar su agenda económica -apunta el experto-. El sello distintivo de la estrategia es su renovado sentido de urgencia, y Liu lo aprovechará para impulsar algunas de sus antiguas reformas».

Entre ellas figuran aumentar la competitividad de las empresas estatales, dar más incentivos de mercado a la investigación tecnológica y científica, crear mercados de capitales más eficientes y liberalizar factores de producción como la tierra, la mano de obra o el capital.

La clave es la palabra «antiguas». Estas reformas llevan ya tiempo en la agenda política de Pekín, lo que plantea una duda: ¿supone realmente un cambio de rumbo esta estrategia de circulación dual?

La respuesta corta es no, al menos para Michael Pettis, profesor de Finanzas de la Universidad del Pueblo: «No tiene nada de nuevo. No es más que la vieja promesa de reequilibrio económico que China ya hizo en 2007, y no ha sido muy exitosa».

Pekín lleva años enfrascado en un muy cacareado ‘cambio de modelo’ económico desde uno centrado en producción y exportaciones a otro basado en servicios y consumo interno. Desde su pico en 2006, el peso de las ventas al exterior sobre el PIB nacional se ha reducido prácticamente a la mitad hasta el 18,4 % de 2019, según datos del Banco Mundial (BM).

Sobre la «circulación internacional», pocos cambios en la retórica de Pekín, que ya lleva tiempo defendiendo la multipolaridad internacional y el comercio entre países.

Ahora, queda por cumplir la otra parte de la ecuación, la «circulación interna»: dar aún más protagonismo al consumo privado, un objetivo para el que China puede volver a emplear la carta de sus dividendos demográficos, con más de 400 millones de ciudadanos -un 28,6 % de su población- considerados de clase media.

– Misión: Aumentar el consumo –

«El objetivo es aumentar la contribución del consumo al crecimiento del PIB y formar un sistema económico independiente y controlable a nivel interno», explica Liu Ying, investigadora del Instituto Chongyang de Estudios Financieros, adscrito a la pequinesa Universidad Renmin.

La construcción de este «gran mercado doméstico», prosigue la experta, no solo permitirá protegerlo contra impactos externos sino que también atraerá más inversión extranjera, ya que Pekín insiste en que la circulación dual no se basa en cerrarse al exterior sino que es una estrategia de transición hacia la demanda doméstica mientras el comercio exterior mantiene su importancia.

Pettis prefiere mantener los pies en el suelo: «Ni siquiera estoy seguro de que sea posible. Creo que hay una contradicción interna, y no han explicado cómo piensan hacerlo».

El profesor estadounidense recuerda que «cuando se refieren a ‘circulación interna’, lo que quieren decir es consumo». Y el peso del consumo sobre el PIB de China es de los más bajos del mundo.

Su ejemplificación es que, si un trabajador en España produce 100 euros en bienes, le pagan 70 u 80 -el resto serían beneficios para su empresa o impuestos para el Gobierno-, mientras que, siguiendo esa misma ecuación, un empleado en China solo se llevaría 50 euros, por lo que su capacidad de consumo se resiente notablemente.

«Si quieres que los chinos consuman más en consonancia con el resto del mundo, tienes que pagarle una parte mayor de lo que producen, en consonancia con el resto del mundo. Así, el peso del consumo aumentará automáticamente», apunta.

– Un problema político, no económico –

De nuevo, parece relativamente sencillo, pero no lo es: «Si subes los salarios, se reduce la competitividad internacional», argumenta Pettis, quien habla de la necesidad de «incrementar la parte que se llevan los chinos de a pie, lo que implica reducir la de las élites y los gobiernos locales».

En su opinión, hay dos caminos que podría seguir China para aumentar los ingresos de los hogares: el más factible es el de Japón en los 90, cuando el crecimiento del PIB se derrumbó a un ritmo superior al de ese indicador, que expandió su peso sobre la economía a pesar de tratarse de una «década perdida».

La otra forma, que -subraya Pettis- nunca ha pasado de la teoría a la realidad, es que el PIB redujese su avance mientras que los ingresos de los hogares mantuviesen su crecimiento o incluso lo aumentasen, algo que se podría conseguir con «traspasos de riqueza» de los poderosos hacia los más desfavorecidos.

«Es un problema político, no uno económico», sentencia el profesor, que cree que, si China no ha conseguido resolver estos problemas desde 2007, «no hay ninguna razón para pensar que (ahora) sea diferente».

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