Análisis | Cómo un inversionista debe actuar frente al riesgo de la euforia

// Por: José Miguel Farías

Análisis | Cómo un inversionista debe actuar frente al riesgo de la euforia



Es indudable que, en este momento, muchas acciones tienen valoraciones considerablemente altas y el apetito por el riesgo está en su apogeo. Pero es precisamente a raíz de esto, que el inversor debe estar muy atento al hecho de que el futuro podría estar lleno de incertidumbre, debido a los importantes riesgos económicos que pueden derivarse a raíz de la pandemia.

Lo vivido en 2020 sugiere que siempre se debe estar preparado para lo inesperado. Esta es una idea que no debería dominar nuestro pensamiento, pero debería estar siempre presente.

Por ejemplo, el S&P 500 cayó aproximadamente 35% entre febrero y marzo, el descenso más rápido que se haya registrado. Y aunque este tipo de declive ha sido ciertamente raro históricamente, creo que es importante que aprendamos una buena lección: es mejor posicionarse de tal manera que se pueda soportar la tormenta de los 100 años, porque eventualmente, puede que suceda.

Hoy por hoy, nos encontramos en un entorno en el que cualquier empresa que tenga perspectivas de futuro cuestionables (incluso por sólo un trimestre o dos) y un balance general débil, puede vérselas difícil cuando el futuro revele las distorsiones económicas que están inherentemente presentes.

El problema de esto recae, en el hecho en que es fácil olvidarse de estas distorsiones en la cima, cuando la euforia está a la orden del día y los estándares de préstamo son laxos

¿Son las acciones de crecimiento el único lugar donde estar invertido?

Indudablemente, las acciones de crecimiento no siempre son la mejor opción. Hay una gran diferencia entre el negocio que crece y requiere mucho capital para hacerlo, y el negocio que crece y no requiere capital. Más aun, uno de los graves problemas de esta discrepancia, es que generalmente los analistas financieros no dan el peso adecuado a la diferencia en estos dos puntos.

De hecho, es sorprendente la poca atención que se le presta a este aspecto. Y créanme, si están invirtiendo, deberían prestarle mucha atención.

Innegablemente, las compañías de crecimiento que consumen mucho capital pueden capturar muchos titulares, pero no crean riqueza hasta que maduran. Parecerá difícil de concebir, pero el aumento del precio de las acciones no cuenta como creación de valor para el accionista si no es sustentado y sostenible en el tiempo.

Muchas empresas de crecimiento que dependen de préstamos o emisiones de acciones para mantener las luces encendidas no cumplen este criterio.

Asimismo, algo que parece inaudito es que tengamos que recordar, en estos momentos de euforia, que una empresa puede ser una buena inversión si no es una acción de crecimiento.

Al mismo tiempo, las empresas no siempre tienen que estar persiguiendo el crecimiento. Si una empresa hace algo bien y gana un atractivo retorno por ese producto o servicio, no debería haber ninguna necesidad de arriesgarse a perder clientes o a sobre extenderse persiguiendo nuevos mercados.

La peligrosidad inherente de ceder ante la euforia

A medida que el último rally del mercado continúa sin detenerse, con un conjunto de acciones creciendo de manera utópica en las últimas jornadas y los índices bursátiles haciendo nuevos máximos de manera continua, es importante destacar que, para el inversor común, es difícil salir de la fiesta temprano si todos tus amigos se están divirtiendo.

El miedo a perderse la fiesta puede también crear un poderoso incentivo para lanzarse al huracán y dejarse llevar por el frenesí de la compra. Desde mi percepción, las ganancias sin precedentes en las acciones de crecimiento de gran capitalización siguen generando una fe equivocada entre los inversores individuales en la seguridad de la propiedad de las acciones, así como una impresión errónea de los posibles rendimientos futuros de las mismas.

Definitivamente, ver que las acciones suben un 3% o 5% de su valor en un día tiende a atraer a muchas personas que tienen poca experiencia. Este fenómeno se ha visto exacerbado por la aparición de los corredores de bolsa de comisión cero y las aplicaciones móviles fáciles de usar.

Si bien la facilidad de acceso al mercado de valores es sin duda una ventaja para algunos, en muchos casos se puede decir que ha provocado más daños que beneficios.

Una cosa es facilitar a los inversores experimentados y cualificados el uso de capital y otra muy distinta es facilitar a los profanos la pérdida de dinero.

Igualmente, algo a tomar en cuenta en un entorno maníaco, es que las estrategias en valor basadas en el análisis fundamental tendrán un rendimiento inferior, aunque a largo plazo se haya demostrado su eficacia.

En estos momentos debe ser importante tener una estrategia que sea cautelosa y proteger el lado más susceptible de nuestra cartera, en lugar de asumir más riesgos.

En resumen, se trata de mantener la cabeza nivelada y nunca dejarse llevar por el exceso. Hacerlo no te protegerá del dolor a corto plazo cuando los mercados se muevan en tu contra, pero te protegerá de la ruina financiera y te pondrá en posición de actuar racionalmente cuando los demás hagan lo contrario. Como un inversor a largo plazo, eso es todo lo que puedes pedir razonablemente.

Pensamientos finales: ¿Qué hacer entonces?

La lección es simple: tengan cuidado con las declaraciones arrolladoras, la sabiduría aceptada y las verdades eternas. El resultado final es que, lo que «todo el mundo sabe», no ayuda en absoluto al inversor.

Lo que todo el mundo sabe está obligado a reflejarse ya en el precio, lo que significa que un comprador está pagando por lo que sea que todo el mundo cree que sabe. Por lo tanto, si el punto de vista del consenso es correcto, es probable que produzca un retorno promedio.

Y si el consenso resulta ser demasiado optimista, es probable que todos sufran juntos. La elevada opinión popular, por lo tanto, no es sólo la fuente de un bajo potencial de rendimiento, sino también de un alto riesgo.

Asimismo, siempre habrá mercados alcistas y bajistas. Los mercados alcistas serán acogidos cálidamente y sin escepticismo, porque la gente ganará dinero. Se verán impulsados a nuevos máximos, normalmente por la racionalización de que «esta vez es diferente” o en el caso reciente, “ya superamos los efectos perversos del COVID-19”.

Los mercados bajistas por su parte, serán una sorpresa para los desprevenidos, demostrando que, la mayoría de las veces, el mundo no cambia tanto.

De igual forma, es importante recordar que las tendencias de inversión regularmente llegan a grandes extremos, lo que significa que «sobrevalorado» está lejos de ser sinónimo de «va a bajar mañana».

Así pues, sea cual sea la manada a la que favorezca, un inversor puede: (1) retener un poco (a sabiendas que está realizando una actividad especulativa) de los títulos en euforia para aprovecharse de la manía, o (2) evitar retener alguno, estando consciente de parecer equivocado durante un tiempo. Como diría Warren Buffett: «Estar demasiado adelantado a tu tiempo es indistinguible de estar equivocado».

Al final, siempre hay un período en el que los que siguen a la multitud parecen inteligentes y los abstemios parecen tontos. Pero los papeles se invierten inevitablemente a largo plazo.

Insistir en la compra de valor y controlar el riesgo puede parecer muy poco convincente a veces, pero desde mi experiencia, debe ser la única manera de querer formar parte del mercado.

* El autor es director de MásValor Casa de Bolsa, ingeniero petrolero, corredor bursátil y asesor de inversión certificado.

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