#YoTePregunto | Alexander Guerrero: El gobierno decidió en 2013 vivir con hiperinflación

Ligia Perdomo / @LigiaPerdomo

#YoTePregunto | Alexander Guerrero: El gobierno decidió en 2013 vivir con hiperinflación

El economista venezolano Alexander Guerrero fue uno de los primeros, si no el primero, que habló de hiperinflación en 2014, mientras muchos de sus colegas negaban tal posibilidad argumentando que Venezuela era un país petrolero.

El tiempo le dio la razón. Un triunfo electoral exiguo en las presidenciales de 2013, la radicalización de medidas intervencionistas, la caída de los precios del petróleo y un creciente financiamiento monetario del gasto público, colocan hoy a Venezuela al borde del abismo.

Guerrero advierte que el país está a punto de dejar de ser exportador de petróleo para convertirse en importador de hidrocarburos, compara a Venezuela con estados fallidos y resta importancia a la propuesta de asesores económicos del gobierno de acabar con la hiperinflación atando el bolívar al patrón oro.

–La industria petrolera, alrededor de la cual ha girado la economía venezolana, está colapsada por todos lados. ¿Qué resultados se pueden esperar para el segundo semestre?
–El colapso en curso es de enorme peligrosidad porque pudiera colocar a la Venezuela exportadora de petróleo, de casi 100 años, en un país importador de petróleo. Desde 2007 hasta la fecha, la producción de petróleo ha venido cayendo, acumulando 1,3 millones de barriles diarios, un proceso que empeora con mayor rapidez.

A la fecha, sin haber terminado el primer semestre, la caída de la producción suma 450.000 barriles por día, lo que pudiera constituir para finales de año una pérdida de 800.000 barriles diarios. Ello implica que esa producción será exclusiva de las empresas extranjeras, con el agravante que también están sufriendo los mismos problemas, pero sin la severidad de lo que ocurre con Pdvsa.

A ese ritmo, y si se considera que el consumo nacional es de 300.000 barriles al día, las socias extranjeras de Pdvsa podrían estar registrando pérdidas o en el mejor de los casos, dejando de obtener beneficios.
La industria petrolera nacional está descapitalizada y no tiene inversión importante para los próximos 20 años. Es el único país petrolero que no tiene inversiones importantes en cartera.

–Con menos ingresos entrando por exportaciones petroleras y con China negada a dar dinero fresco ¿cuáles son las vías de financiamiento que le quedan al gobierno? tomando en cuenta las sanciones financieras de EEUU.
–La producción de petróleo está cayéndose a pedazos. Bajo esas condiciones y con una economía privada destruida por 15 años de controles de cambio y precios, represión económica, irrespeto y violación a los derechos de propiedad y la salida de decenas de empresas multinacionales, el ingreso de dinero fresco por exportaciones podría aproximarse a cero.

Es importante resaltar que en el mundo no existe ni ha existido en los últimos 20 años mayor descalabro económico y social que el que hoy sufre Venezuela. Los ingresos por exportaciones petroleras habían caída para 2017 a 3.250 millones de dólares y ninguno de esos dólares puede resolver la demanda de alimentos importados, por ejemplo.

–¿Podrá el gobierno mantener el creciente gasto social focalizado en la entrega de cajas CLAP y bonos en efectivo mensuales a seis millones de hogares?
–El CLAP y otros subsidios y bonos que el gobierno entrega a algunos venezolanos, incluyendo los incrementos del salario mínimo, provienen de los fondos del gasto público producidos por la hiperinflación. Un déficit fiscal de 58% del PIB es monetizado. Esto es lo que trae el envilecimiento del bolívar que ha reducido en 6 años su poder de compra en 95%. Así el gobierno se financia con la hiperinflación.

Solo los grupos minoritarios con ahorro en divisas y los que reciben remesas de sus familiares en el mundo, un 22% de la población, logran mantenerse porque reciben dólares. El venezolano que vive del salario mínimo y de su trabajo remunerados en bolívares sufre desnutrición, hambre o hambruna. 77% de la población está viviendo en el margen.

–Mantener esta política social, en buena parte a través de la creación de dinero electrónico, ha llevado la inflación a niveles no vistos en naciones que sufrieron la hiperinflación. ¿Cuándo cree que el gobierno topará con la realidad?
–El gobierno decidió a mediados de 2013 vivir con la hiperinflación, por eso Maduro ordenó esconder los índices de precios y escasez. El déficit fiscal ese año fue 28% del PIB, lo que indicaba que la hiperinflación se encontraba ya en agosto de 2013 en su umbral, un espacio de tiempo en el cual una inflación alta persistente se convierte en hiperinflación desenfrenada.

Comenzó a sentirse en 2014 y para mediados de 2015 la organización internacional que mide los estándares de inflación para su cálculos sobre los estados financieros de empresas, ya mencionaba a Venezuela como un país hiperinflacionario.

Con escasez de productos de 35%, de billetes, desempleo y empobrecimiento  –todos síntomas de la hiperinflación-, era evidente que vivíamos a mediados de 2014 en plena hiperinflación. Así lo registraron Moody’s y el laboratorio más importante en el mundo académico (la Universidad Johns Hopkins y Cato Institute). No era muy difícil apreciarlo, solo había que leer el precio del dólar en el mercado paralelo para conocer que los venezolanos estaban canjeando sus bolívares envilecidos por dólares.

–Esta hiperinflación tiene un elemento adicional a las vividas en otras naciones, que es la escasez de billetes. Ahora el gobierno se decide por una reconversión monetaria.
–El término preciso es indexación monetaria o multiplicación del cono monetario por 1/000, lo cual reducirá el número de ceros, pero no recuperará el poder de compra del bolívar.
La hiperinflación no será resuelta borrando los ceros porque, así como se borran los ceros de una lata de atún, igual ocurre con los ceros del ingreso y los salarios. Se trata de un maquillaje de la moneda.

–A este paso no hay reconversión monetaria que aguante la suma de tantos ceros en la economía. ¿Qué cree que pasará?
–Podría pasar lo que ocurrió con la hiperinflación en Rusia en 1917-1923 en tiempos de la revolución bolchevique, cuando el gobierno emitió papel sellado para ser utilizado como moneda. Pero también puede promover el uso masivo de medios electrónicos. Sin embargo, el comercio de la calle no dejará de utilizar el billete y sus precios en el mercado secundario subirán mostrando con ello la explosión hiperinflacionaria.

–Según sus estimaciones ¿cómo se comportará el PIB este año?
–La economía nacional se contraerá por sexto año consecutivo. A ese ritmo, se habrá perdido las dos terceras partes del Producto Interno Bruto, lo que arroja un ingreso per cápita de apenas 25% de lo que teníamos en 2008, al término de la crisis financiera internacional cuando el petróleo cayó a 32 dólares el barril.

Calculo un desplome del PIB de 17%, y acumulado durante la gestión de Maduro será de 62%, solo comparable con las economías de Estados fallidos como lo son Somalia, República Centro Africana y Zimbabue, la liga de países con escasas probabilidades para sobrevivir.

En Colombia hay cientos de miles de venezolanos en condición de refugiados, y eso es consecuencia del hambre que hoy existe en Venezuela. El flujo migratorio de connacionales en el mundo podrían totalizar unos 6,5 millones, la mitad de ellos viviendo de la caridad internacional obteniendo algo de servicio de salud y alimentación. Ello da un panorama de la tragedia que hoy consume a Venezuela.

–¿Es la dolarización por sí sola la respuesta a la hiperinflación?
–En algunos países la hiperinflación converge en un proceso de dolarización, entendido como la sustitución de la moneda local, pero nunca se implementa como una medida aislada.

Una dolarización ocurre con dos grandes reformas, una monetaria con el cambio del signo local por el dólar y la fiscal, con una contracción del gasto público, del endeudamiento público y una severa disciplina fiscal.

Desafortunadamente para los partidarios de la dolarización en Venezuela no hay vocación política ni del gobierno ni de la oposición partidista -en caso que comparta gobierno con Maduro- para una reforma fiscal que reduzca el gasto público, privatice los activos y empresas del Estado para ser atendidas por el capital privado y reducir así la deuda pública.

Con estas reformas, para dolarizar se requiere de dólares para comprar los bolívares que circulan en la economía y Venezuela no dispone de dólares ni podrá pedir prestado en el mercado internacional. ¿Qué hacer entonces? Un nuevo liderazgo político joven será necesario para llevar a cabo las reformas que permitirán comenzar de cero.

–¿Qué pasa si el gobierno ata el valor del bolívar al petróleo o al patrón oro, que está sonando mucho entre los asesores económicos del gobierno?
–Ese es uno de los mitos creados desde el gobierno en los últimos años. Si no hay oro no podrá atarlo a nada y si no hay oro es porque no hay petróleo. El crudo no tiene valor o precio en el subsuelo, solo si está en producción, lo cual tampoco es el caso. El gobierno solo dispone de bolívares y sin respaldo en la confianza.

El fracasado caso del petro explica la imposibilidad de atar el bolívar al oro utilizando el petróleo como arbitraje, y por ello el cambio en el diseño del petro desde su primer anuncio, según el cual estaba garantizado por reservas petroleras, hasta lo que efectivamente terminó siendo.

Es una regla universal que lo que está en el subsuelo tiene valor cero porque no ha entrado al sistema de producción, por tanto no puede denominarse como activo, sino como pasivo. De allí la conclusión que el petro sea un título de garantía pública, es decir, una deuda, que fue lo que interpretó el Departamento de Tesoro de Estados Unidos.

Por todo esto, la propuesta que hizo el economista chavista (Tony Boza) en días recientes, no es viable y él lo sabe. Pero juegan con el tiempo y la esperanza de que no todo se ha acabado.

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