Javier Bertucci, el outsider que reparte sopa a los pobres

// AFP

Javier Bertucci, el outsider que reparte sopa a los pobres



Prácticamente desconocido hace unos meses, el pastor evangélico Javier Bertucci se convirtió en el outsider de las elecciones presidenciales en Venezuela, repartiendo sopa en comunidades pobres y presentándose como «la esperanza del cambio».

Líder de la iglesia Maranatha («Cristo viene» en arameo), Bertucci escaló de forma insospechada en las encuestas y hasta se atrevió a pedir a Henri Falcón, mayor rival del presidente Nicolás Maduro en los comicios del domingo, que retirara su postulación.

Corpulento, de buen vestir y cabello engominado, el también empresario de 48 años pisa los talones a Falcón, según encuestas.

Sus mítines se caracterizan por largas filas de personas aguardando por un plato de sopa, una labor que desempeñaba como pastor antes de incursionar en política.

«Es la piedra que Falcón no esperaba en el camino», dice Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos.

«Le está soplando el bistec», se burló en estos días Jorge Rodríguez, jefe de la campaña de Maduro por la reelección, usando una expresión popular que significa quitarle la novia a otro.

La Biblia que Bertucci cargaba desde que empezó a predicar en la década de 1990 está engavetada. Dejó temporalmente su condición de pastor, pues la ley exige a los candidatos ser seglares.

«Tengo un dolor en el corazón por esta decisión, pero es la correcta», dijo en una entrevista con la AFP en un lujoso hotel caraqueño.

Los feligreses de Maranatha -culto fundado en 1974 en Chicago con presencia en una decena de países- gritan con fervor durante sus discursos, en los que promete liberalizar la economía.

«Hay un temblor (…). Se llama Esperanza por el Cambio (partido de Bertucci). Dios está dando una señal a Venezuela», expresó en un video el fundador de esa iglesia, el puertorriqueño Nahum Rosario, tras un sismo ocurrido en abril en el norte del país.

– Luz… y tinieblas –

Nacido en una familia campesina en Guanare, estado Portuguesa (oeste), Bertucci se construyó a sí mismo.

Si bien niega ser rico, ha sido hábil para los negocios, hacer crecer su feligresía y crear una plataforma política, desde la cual critica el boicot de los principales partidos opositores contra las votaciones.

Elocuente, se define como «la luz» en este momento en que los venezolanos están ahogados por la hiperinflación y la escasez de alimentos y medicinas.

«Si yo soy la luz, alguien tiene que ser las tinieblas», dijo a la AFP, refiriéndose a Maduro.

Sin embargo, en su pasado hay sombras.

Sectores opositores lo acusan de haber hecho negocios con el chavismo en su faceta empresarial, y en 2010 estuvo seis meses bajo arresto domiciliario por contrabando de combustible hacia República Dominicana.

También fue vinculado con los ‘Panama Papers’, documentos filtrados en la web que revelaron oscuras sociedades en todo el mundo, muchas usadas para blanquear dinero.

Los señalamientos aluden a una cuestionada empresa de importación de carne que buscaba presidir. «La negociación no llegó a feliz término y no se hizo nada», sostiene Bertucci.

Su campaña tampoco ha estado exenta de tropiezos. Dos colaboradores resultaron heridos de bala durante asaltos, mientras que un tuit desató una lluvia de críticas.

«¡Miren qué buena mano tengo! Si con 25 años de casado mi esposa Rebecca Bertucci se mantiene así de hermosa, imagínense ustedes Venezuela cuando yo gobierne», escribió.

Acompañó el mensaje con una foto suya abrazando a la mujer, esbelta y de larga cabellera teñida de rubio, con quien tiene tres hijos.

Acusado de machismo, lo borró, como hizo con las burlas de quienes no tomaron en serio su aspiración presidencial.

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