Informe Especial | El espejo argentino: sincerar la economía también implica un cambio cultural

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Informe Especial | El espejo argentino: sincerar la economía también implica un cambio cultural



Los recientes resultados de las elecciones primarias obligatorias de Argentina, que presagian un regreso del peronismo al poder, dejan algunas lecciones que es conveniente asimilar.

En buena medida, las políticas que ocasionaron un virtual quiebre económico y la insolvencia financiera durante el gobierno de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner –quizás, próxima vicepresidenta- son las mismas que han llevado a extremos inéditos de profundidad y gravedad a la economía venezolana.

Esas políticas, mientras hubo un ciclo de altos precios de las materias primas, crearon una falsa ilusión de prosperidad en amplios sectores de la población en ambos países, y, cuando ese período de bonanza terminó, se desató la crisis, tanto macro como microeconómica, la cual llevó, en el caso argentino, a la alternancia en el ejercicio del poder.

Lo primero que hay que señalar es que el populismo es un enemigo peligroso y difícil de vencer, porque, a pesar de las complejas circunstancias en las que el gobierno del presidente Mauricio Macri asumió el poder, no ha sido capaz de hacer comprender a la mayoría de los argentinos, después de cuatro años de un ajuste muy duro, que las malas políticas, el manejo fiscal irresponsable, la destrucción del aparato productivo, el desorden monetario y otras taras asociadas traen costosas facturas por pagar.

Venezuela debe verse en ese espejo a la hora de comenzar a emprender el camino de la recuperación, cuando las circunstancias políticas lo permitan.

Es comprensible que, por las tensiones políticas y sociales de la coyuntura, el debate sobre qué hacer con la economía desde su propio diseño parezca difícil de abordar, pero hay que hacerlo. Y las empresas deben prepararse desde ahora para la posibilidad de operar en un entorno distinto, radicalmente distinto.

El estado de bienestar basado en la renta petrolera ya no es posible. Subsidiar absolutamente todos los servicios públicos es incosteable, y mucho menos si se quiere que sean eficientes. Las empresas ya no tendrán incentivos asociados a la captura de renta generada por el Estado, y los mercados tendrán que operar sin muletas proporcionadas por el fisco nacional.

La economía venezolana tiene que ser sincerada, y mientras más tiempo pase, más costoso, duro y peligroso será este proceso. El modelo económico venezolano, anclado en un populismo que se acentuó dramáticamente en los últimos 20 años, está demostrando que es insostenible.

En el Informe Privado de esta semana de Aristimuño Herrera & Asociados se analizan, a la luz de los resultados electorales argentinos, no solo los retos económicos, sino los desafíos culturales, en el sentido de romper con hábitos, costumbres y percepciones económicas, que han sido determinantes para explicar esta crisis histórica.

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