Federer vence otra vez a Nadal y es campeón en Miami

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No hay antídoto para el actual Roger Federer, al menos casi nadie lo encuentra. De momento, sólo Evgeny Donskoy, en la segunda ronda de Dubái, puede presumir de haberle ganado en la presente temporada. No pudo hacerlo este domingo Rafael Nadal en la final del Miami Open, víctima por tercera vez del suizo en 2017 con un 6-3 y 6-4, en 1 hora y 35 minutos.

Cayo Vizaíno seguirá siendo un cayo maldito para él y para el tenis masculino español que nunca impuso allí su bandera. Nadal, derrotado por quinta vez en el mismo escenario donde cedió antes en 2005, 2008, 2011 y 2014, lo intento todo pero no pudo frenar la racha de su rival, ganador de 19 de los 20 partidos oficiales disputados desde enero.

Para entender la dimensión de lo conseguido por el vencedor vale un solo dato: su última corona en el torneo databa de 2006, cuando ejerció de verdugo de un tal Ivan Ljubicic, hoy su entrenador. El suizo ganó el sorteo y eligió sacar, rompiendo la dinámica habitual del español, que siempre prefiere poner en juego la pelota en el inicio. Federer, con tan sólo un 30 por ciento de primer servicio, tuvo que levantar dos pelotas de ‘break’ en contra nada más empezar. Una derecha y una volea obraron le valieron para no verse por detrás en el marcador.

Sin embargo, Rafa estaba logrando que los puntos fueran más largos que en el último precedente de Indian Wells donde todo fue demasiado rápido para él. Lo que pasa es que el campeón de 18 grandes venía con la confianza de tres victorias consecutivas contra el mismo adversario.

En el cuarto juego fue él quien dispuso de dos oportunidades de rotura. Un error de revés y un ‘ace’ mantuvieron las tablas en el marcador. Los dos finalistas aún estaban en la fase de tanteo. El barómetro del tenis de Nadal pasa por su derecha y estaba funcionando, pasando el codo hacia delante, algo que no había hecho las dos últimas temporadas. Por eso se fabricó un tercer punto de ‘break’, que tampoco transformó.

El servicio abierto de Federer es imposible de contrarrestar si restas un metro por detrás de la línea blanca. Y eso es lo que hacía el cuatro veces finalista de Cayo Vizcaíno. Las opciones de Rafa pasaba por no dejar grietas con su saque. No lo estaba haciendo. Una tercera opción de rotura del suizo fue neutralizó con el servicio.

Cada juego se luchaba sin tregua mientras el público, que llenaba la pista central del Crandon Park, empezaba a decantarse por el considerado mejor tenista de todos los tiempos.

Federer, con mucho más cansancio en sus piernas por la dureza de sus cuartos con Tomas Berdych y las semifinales con Nick Kyrgios, ambas decididas a tres mangas, sabía que su final pasaba por ganar en dos mangas. A la quinta pelota de ‘break’ fue la vencida para el futuro campeón, que se adelantaba por 5-3. Agresivo como siempre le daba igual cometer errores si eso se traducía con un posterior dominio en el resultado.

Nadal rompió el ritmo pasando por el vestuario. El habitual minuto entre primer y segundo asalto pasó a ser de cinco. Animando al manacorí estaba Ronaldo Nazario, sentado al lado de Miquel Ángel Nadal, tío y ex jugador del Barcelona y del Mallorca, entre otros equipos. A diferencia del primer set, donde el servicio siempre estvuvo amenazado por el restador, en la continuación hubo una especia de tregua hasta el séptimo juego. En ese escenario, Federer apretó con dos puntos de rotura que más que desperdiciar los salvó su contrincante, primero con una volea y después con un revés ganador.

Apretaba los dientes porque no estaba dispuesto a cesar en el empeño de derrotar a un tenista al que ya había ganado en 23 ocasiones. Lo que pasa es que para encontrar la última había que remontarse a las semifinales del Open de Australia en 2014. Federer rompió en el noveno juego y firmó la sentencia.

Por primera vez en 37 enfrentamientos, Roger gana cuatro veces de manera consecutiva. Y eso es un problema de presente para el balear en dura, donde no levanta un título desde Doha 2014. Pasados 1.183 días, sigue sin mover el palmarés en esa superficie. Su ventaja es que su actual verdugo no será su rival en la próxima gira de tierra ni tampoco en Roland Garros, segundo ‘Grand Slam’ del año. El helvético quiere centrarse en sumar más entorchados en los ‘majors’ y eso pasa, de manera realista, por la hierba de Wimbledon.

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