El empleado excelente, por Renny Yagosesky

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Podría decirse sin exagerar que toda empresa anhela conseguir y retener a empleados que pudieran ser calificados como óptimos, excepcionales o simplemente excelentes.

La etiqueta de “empleado excelente” puede ser interpretada de diversos modos, por lo que intentaré aproximarme a algunas de las cualidades que considero podrían encajar en esta denominación.

Lectura recomendada: Cómo trabajar automotivados

Significa, por ejemplo, ser capaz de comprender los valores y metas de la organización y aportar lo mejor posible para lograr esas metas y alinearse con esos valores.

Un empleado excelente es típicamente automotivado. Aunque pueda tener altos y bajos, su tendencia es a las emociones altas, al entusiasmo, el compromiso y la confianza, por lo que no es necesario empujarlo o presionarlo para que haga lo que sabe que debe hacer. Tiene sentido de las normas y las jerarquías y conoce sus funciones y las tareas relacionadas con su cargo.

Asimismo, es capaz de entender que no es inteligente funcionar aislado, debido a que es parte de de un entorno humano en el que también se encuentran otros miembros de la comunidad laboral. Comprende la necesidad de trabajar en equipo y de hacer sinergia; sabe que solos no podemos llegar demasiado lejos.

Insertar a alguien en la categoría de «excelente» no lo convierte en perfecto ni lo exime de cometer errores, pues todos erramos y somos perfectibles. Sin embargo, la manera como el empleado de este nivel asume las limitaciones es diferente: tiene rápida capacidad de aprendizaje y de recuperación emocional. Las dificultades y errores las percibe como retos que le animan y le instan a dar lo mejor de sus capacidades.

Ser un empleado excelente tampoco significa que se debe ser sumiso o complaciente, pues la excelencia es necesariamente sinónimo de evolución y la evolución requiere cambio, transformación y una decidida negación del conformismo. Por lo cual posturas innovadoras e incluso rebeldes, tienen cabida siempre que vengan acompañadas de argumentos razonables.

Finalmente, conviene agregar que una condición prelativa para poder contar con empleados excelentes es tener líderes excelentes, pues sin la experticia y la motivación necesarias, sin la prédica congruente del buen ejemplo, no será fácil que los seguidores decidan optimizar sus modos de trabajar. Si el guía toma un mal camino los que le acompañan tienden a perderse también en la mala ruta. Buenos jefes, generan buenos empleados.

No hay muchos empleados excelentes. La regla es que la mayoría de los que laboran en las empresas tengan resistencia a cumplir pautas, órdenes y horarios. Aquellos que son capaces de entender que se trata de un precio inicial que se debe pagar para aspirar a ocupar posiciones más altas y tener márgenes mayores de libertad e influencia, pueden estar a un paso de entrar en la categoría de los excelentes. Aquellos que pueden encontrar alegrías en los deberes, están definitivamente por encima del promedio y son los que se convierten en los empleados deseables, no por domesticables sino por aguerridos, decididos y capaces.

Puedo recordar una frase que aplica en este contexto, y que proviene de Confucio, el sabio chino: “el que ama su trabajo, ya no trabaja”. Gracias por leerme.

El Dr. Renny Yagosesky es Ph.D en Psicología, Conferencista y Escritor. Twitter e Instagram: @doctorrenny
Web: www.mundorenny.com


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