Argus: Washington tiene presiones para privilegiar la zanahoria sobre el garrote ante diálogo venezolano

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Argus: Washington tiene presiones para privilegiar la zanahoria sobre el garrote ante diálogo venezolano

La reanudación de las conversaciones entre el gobierno venezolano y sus principales opositores en México está alimentando la presión de todas las partes para dar forma a la agenda, aunque se necesitará mucho más que un apretón de manos para desmantelar completamente las sanciones estadounidenses.

Los objetivos a corto plazo son establecer condiciones creíbles para las elecciones regionales de noviembre, liberar a los presos políticos y ampliar un canal de ayuda humanitaria.

Otros esperan que la agenda sirva de paraguas para metas más ambiciosas.

Chevron, por ejemplo, aspira que EE.UU. extienda indefinidamente su exención de sanciones para relanzar su proyecto de producción de petróleo pesado en la Faja del Orinoco y otros proyectos.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro busca poner fin a la batalla en la Corte Suprema del Reino Unido con la administración interina del líder opositor Juan Guaidó, reconocido como gobierno legítimo de Venezuela por Washington y Londres, sobre el control de las reservas de oro del BCV en el Banco de Inglaterra, con un acuerdo para conseguir ayuda para la pandemia a través de la ONU.

Los inversionistas de capital privado también están buscando oportunidades de salvar sus apuestas. Y los tenedores de bonos de Pdvsa, así como los demandantes por casos de arbitraje ganados suspiran por la reestructuración de la deuda, una tarea difícil, ya que ninguna de las partes quiere asumir los colosales pasivos de Venezuela, especialmente la posible pérdida de Citgo.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, tiene poco que perder al reanudar las negociaciones con sus principales opositores políticos tras superar años de sanciones estadounidenses. Sus adversarios están disminuidos y la hostilidad regional que alguna vez enfrentó se ha evaporado. Pero el objetivo de Maduro de levantar todas las sanciones -y devolver el petróleo venezolano al mercado abierto- requerirá ceder más terreno del que su propio bando político puede estar dispuesto a tolerar.

Tras meses de inmovilismo político, la administración del presidente estadounidense Joe Biden está alentando las negociaciones venezolanas de común acuerdo con la UE y ha señalado su voluntad de desmantelar gradualmente las sanciones, dando prioridad a las zanahorias sobre el garrote.

El paso inicial de autorizar las ventas de Gas Licuado de Petróleo fue más bien simbólico. Pero el restablecimiento de los intercambios de crudo por diésel en Venezuela es posible. Esta es medida que permitiría a las empresas de la UE Repsol y Eni reanudar el pago en especie de Pdvsa por su producción de gas natural. A diferencia de Irán, las ventajas para la deteriorada industria petrolera nacional de Venezuela son, sin embargo, limitadas.

La anterior tentativa de diálogo político en Venezuela, realizada en Barbados en 2019, se derrumbó en un contexto regional hostil a Maduro, que se hizo eco de la estrategia de «máxima presión» del expresidente estadounidense Donald Trump, diseñada para derrocarlo. Perú, otrora líder de la oposición regional a Maduro, es el último país latinoamericano que ha girado en sentido contrario, siguiendo a Argentina y Bolivia. Chile y Ecuador se han replegado, mientras que los incondicionales conservadores Colombia y Brasil son demasiado débiles para elevar significativamente la presión anti-Maduro.

Al principio, México y Uruguay se resistieron a la campaña de Trump contra Venezuela, invocando una postura de «no injerencia» y alineándose con el enfoque de la UE. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que busca pulir sus credenciales internacionales practicadas en la Opep el año pasado, es ahora el anfitrión de las conversaciones entre los rivales políticos en Venezuela, dándole una plataforma no muy diferente al patrocinio de Cuba del acuerdo de paz de Colombia en 2016.

Obligados a dar marcha atrás en su estrategia de «todo o nada», los enemigos más acérrimos de Maduro se cuidan de la percepción de que están reentrando en las conversaciones agitando una bandera blanca. El exiliado de línea dura Leopoldo López y su rival más pragmático, Henrique Capriles, están utilizando las conversaciones para elevar sus perfiles de liderazgo antes que el mandato de Guaidó caduque en enero de 2022.

Maduro está posicionado para permanecer en el poder al menos hasta las elecciones presidenciales de 2024.


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