WSJ: La deuda de Venezuela, rentable para los valientes

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Venezuela sufre una carestía generalizada, un vertiginoso aumento de la mortalidad infantil y una inflación de 500%. Sin embargo, sus bonos soberanos son los de mejor desempeño en los mercados emergentes este año, con un rendimiento para los inversionistas de 46% hasta el viernes.

El gobierno de Nicolás Maduro paga miles de millones de dólares al año por el servicio de la deuda, pese a que es incapaz de importar suficientes alimentos y medicinas. La situación ha polarizado a los inversionistas en mercados emergentes. Algunos grandes gestores de fondos redoblan su apuesta por los bonos venezolanos debido a su alto rendimiento. Otros evitan el país por completo, porque creen que una cesación de pagos es inevitable.

Fidelity Investments tiene al menos US$1.800 millones en valor nominal de bonos emitidos por el gobierno y la estatal Petróleos de Venezuela S.A., o PDVSA, según Morningstar Inc., que sigue el mercado. Su fondo de mercados emergentes, que ha invertido 7% de su cartera en deuda venezolana, ha registrado un retorno de 16,7% este año, alrededor de 3 puntos porcentuales más que los fondos de inversión comparables, según Morningstar.

El fondo de bonos de mercados emergentes de T. Rowe Price, que administra US$6.200 millones, tenía 7,9% de sus activos en deuda venezolana a fines de septiembre, principalmente en bonos de PDVSA que vencen este año. Al viernes, había acumulado un retorno de 17,6%.

La petrolera estatal, cuyos bonos representan aproximadamente la mitad de lo que se considera deuda soberana del país, lanzó en las últimas semanas una oferta a los tenedores de bonos de corto plazo para canjear esos papeles por deuda con vencimiento en 2020, pero ha tenido problemas para convencer siquiera a la mitad de esos acreedores.

Michael Hasenstab, que gestiona el fondo de US$42.000 millones Templeton Global Bond, de Franklin Templeton, se desprendió de la deuda del país en 2014. El fondo ha pagado un precio por esa decisión, al obtener un retorno de apenas 1,89% este año. “Es un misterio para nosotros cómo y por qué eligieron servir su deuda externa”, dijo Hasenstab.

Cerca de un tercio de los fondos de deuda de mercados emergentes que rastrea Morningstar no tiene exposición a Venezuela, a pesar de su ponderación de 2% en un indicador que es ampliamente seguido por el mercado.

 

Venezuela afronta vencimientos de US$15.000 millones hasta fines de 2017, pero sólo cuenta con reservas de alrededor de US$12.000 millones. Con aproximadamente US$65.000 millones en deuda combinada del gobierno y de PDVSA, el incumplimiento podría tener amplias repercusiobes políticas y financieras.

Los inversionistas en deuda venezolana apuestan a que el país siga pagando para evitar que los acreedores traten de apoderarse de sus activos en el extranjero, incluyendo los embarques de petróleo, vitales para el gobierno profundamente impopular de Maduro. “Para ellos, el costo de dejar de pagar la deuda es mucho mayor que cualquier beneficio que puedan recibir por el impago”, dijo James Craige, jefe de mercados emergentes en Stone Harbor Investment. “Espero que entiendan eso”. Craige declinó comentar sobre las tenencias de deuda venezolana de su firma.

Caracas fue un centro financiero de América Latina en la década de los 80, con relucientes rascacielos y empresas de energía deseosas de explotar la mayor reserva de petróleo del mundo. Pero las ganancias del auge petrolero desaparecieron en los 90 con la caída de los precios del crudo, mientras la corrupción y el amiguismo desprestigiaron a los dos grandes partidos tradicionales. Hugo Chávez llegó al poder en 1998 de la mano de una ola populista. Su reforma socialista, sin embargo, hundió la economía. Maduro, su sucesor, la ha empeorado.

Para dedicar los escasos dólares al pago de la deuda, el gobierno ha dejado de lado el mantenimiento de la infraestructura básica y está abandonando los subsidios a los alimentos y los servicios públicos, lo que hace más difícil la vida para los venezolanos comunes y alimenta una inflación galopante.

Un kilo de arroz cuesta ahora una cuarta parte del salario semanal de una enfermera o un maestro de escuela, obligando a más de la mitad de los venezolanos a saltarse comidas cada día, según los últimos sondeos.

“Poco a poco nos estamos muriendo de hambre aquí”, dijo José Luis Javier, un capitán de barcaza en la ciudad oriental de Güiria. “Todos los dólares se han ido”.

Todo ello se combina para crear una de las más complejas crisis de deuda soberana en la historia reciente, dijo Anna Gelpern, profesora de derecho en la Universidad de Georgetown e integrante del Instituto Peterson de Economía Internacional. La última vez que un gobierno dio prioridad a los pagos de la deuda externa sobre los alimentos, dijo, fue en Rumania durante la década de los 80 bajo el dictador comunista Nicolae Ceausescu.

Aunque siempre hay un componente de incertidumbre en las crisis de deuda soberana, tienden a seguir un guión predecible. Cuando los inversionistas dejan de comprar nuevos bonos de un país, como lo hicieron en Argentina, Grecia y ahora con Venezuela, sus líderes piden fondos de emergencia a organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional. Esas agencias suelen exigir reformas económicas a cambio de nuevos préstamos y, a menudo, requieren a los tenedores de bonos que compartan en el dolor a través de un canje de bonos con recorte de deuda.

Pero Venezuela no ha tenido relaciones con el FMI desde que Chávez rompió con el organismo en 2007. En su lugar, ha recurrido a China, y ha recibido alrededor de US$50.000 millones en préstamos respaldados por petróleo. China se ha convertido crecientemente en el prestamista de última instancia para los mercados emergentes ricos en materias primas, pero mantiene en secreto los términos de esos acuerdos, lo que aumenta la incertidumbre para los inversionistas.

Para algunos de los inversionistas que se han aferrado a la deuda del país, la apuesta es que el régimen no dure mucho más tiempo. “Algún tipo de cambio político habrá”, dijo Simon Lue-Fong, director global de deuda emergente de Pictet Asset Management, que tiene una cartera de US$21.000 millones en deuda de economías emergentes. Estos acreedores asumen que los activos venezolanos serán revalorizados una vez que asuma un nuevo gobierno y, potencialmente, abra la puerta a la ayuda del FMI. Con sus grandes reservas de petróleo en el subsuelo, el país tiene un enorme potencial de crecimiento, argumentan.

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