¿Reestructuración o refinanciamiento? ¿Cuál es la opción para Venezuela?

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El gobierno venezolano propuso a los acreedores de la deuda una renegociación de la misma, utilizando los términos de refinanciamiento y reestructuración , sin embargo estos términos no significa lo mismo. Veamos las diferencias.

La reestructuración de la deuda se refiere al cambio en las condiciones de pago, plazo e intereses de la deuda ya emitida, es decir, existe un cambio en general de las condiciones de la deuda vigente; por lo que se genera un evento crediticio, esto además de proporcionar una mala reputación al emisor de la deuda no es un proceso voluntario en el que se les pregunta a los acreedores si aceptan la reestructuración o no, por lo que no se considera un evento amigable entre los deudores y acreedores.

Por el otro lado, el refinanciamiento lo podemos definir como la emisión de deuda nueva para cubrir una deuda ya vigente. En este caso el deudor propone un refinanciamiento y los acreedores están en la potestad o no de aceptar dicha acción, por lo que la relación ente el deudor y el acreedor tiende a ser más “amigable”. Para el refinanciamiento los inversores o acreedores deberán estar convencidos de que el deudor cambiará su estructura para poder cumplir con sus compromisos en un futuro.

El caso venezolano es complejo y no puede analizarse sin hacer un nexo entre el ámbito político y el económico. Pero debemos centrarnos en si existe alguna posibilidad de reestructuración o refinanciamiento de la deuda en Venezuela.

Como bien lo definimos antes, la reestructuración se centra en el cambio por completo de las condiciones de la deuda, algo que en Venezuela parece bastante complicado por varias razones, como por ejemplo:

• Disminución en la producción petrolera (principal fuente de ingresos del país) y un fuerte deterioro en la industria.
• Personajes que encabezan el tema para la renegociación para la deuda por parte de Venezuela están sancionados en los mercados internacionales (EEUU).
• Poca credibilidad en el gobierno por parte de los entes inversores internacionales.
• Ausencia de un equipo preparado para ofrecer una reestructuración de la deuda venezolana.
• Falta de un esquema o plan económico que el gobierno pudiera proponer para cambiar el curso actual de la economía.

En cuanto al refinanciamiento podemos decir que tampoco se tiene un panorama muy optimista, principalmente porque este se basa en la decisión voluntaria de los inversores en la deuda relacionada con Venezuela de si aceptan o no el refinanciamiento de la misma. Observando las sanciones aplicadas por parte de los EEUU y la Unión Europea, la visión de los mercados internacionales es cada vez más negativa por las dificultas para negociar con el gobierno venezolano y sus funcionarios.

A esto se suma la incertidumbre que generan los recientes retrasos en los pagos de cupones de ciertos bonos.

Por lo que entonces podemos decir que es un tema complicado el poder refinanciar o reestructurar la deuda de Venezuela. Pero esto no quiere decir que sea imposible, si bien Venezuela es un caso atípico, han existido casos de reestructuración o refinanciamiento de la deuda que vienen luego de periodos económicos nefastos como hiperinflaciones, caídas abruptas en el consumo, etc. Podemos destacar también que en el caso venezolano, el recorte de importaciones ha sido enorme para poder cumplir principalmente con los compromisos de la deuda, con un costo social enorme que ha golpeado ya afectado al país de gran manera.

El gobierno ha insistido en destacar su historial de buen pagador de deuda y mantiene en su discurso la voluntad de seguir pagando.

En resumen, el objetivo de esta renegociación de la deuda es principalmente darle oxígeno al flujo de caja del gobierno y poder afrontar un 2018 (que será un año sumamente complicado en lo económico) además será un año de elecciones presidenciales, y como bien sabemos el desembolso de dinero por parte del gobierno en años electorales siempre aumenta.

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