Informe Especial | Rescatar la economía implica asumir la dolarización como un eje estratégico

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Informe Especial | Rescatar la economía implica asumir la dolarización como un eje estratégico



El bolívar ha muerto y su sepultura es cada día más profunda. En este sentido, el economista César Aristimuño, director general de  Aristimuño Herrera & Asociados, estima que las operaciones con divisas en el sector comercio ya se acercan al 40% del total, al tiempo que observa un incremento sostenido de las transacciones con tarjetas internacionales en puntos de ventas, «las cuales calculamos en un monto promedio mensual que fluctúa entre 8 y 9 millones de dólares».

Igualmente, Aristimuño subraya el incremento de las remesas, aunque observa con cuidado algunas estimaciones, ya que las condiciones económicas en las que vive la gran mayoría de los migrantes venezolanos en el exterior no permiten generar un flujo millonario elevado de dólares al país; no obstante, esta es una fuente de divisas que ya es estructural, no coyuntural, para la economía venezolana.

También, la banca registra un incremento muy relevante de las transferencias en divisas y hay un creciente número de puntos de venta extranjeros en el país, algo que parecía impensable hace pocos años.

Las cuentas en divisas abiertas en la banca nacional, conocidas como cuentas “Convenio 1”, que en algún momento fueron recursos inmovilizados que se estimaban en unos 763 millones de dólares, al mes de mayo de este año, y de los cuales 90% está en poder de la banca pública, ahora están contribuyendo a dinamizar el mercado oficial de divisas, a través de operaciones en efectivo, por lo que vemos más dólares en las carteras de las personas.

Lo que ha ocurrido -precisa Aristimuño- es que los venezolanos han perdido totalmente la confianza en el bolívar, no por frivolidad, sino porque las malas políticas fiscales y monetarias han debilitado nuestra moneda al extremo de que ya no es capaz de cumplir ninguno de los tres propósitos esenciales de todo signo monetario: servir como unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor.

La hiperinflación y la devaluación incontenible han hecho del bolívar un activo sin poder de compra, y por eso se ven insólitas manifestaciones de desprecio por nuestra moneda, como botar billetes o convertirlos en objetos para fabricar carteras u otros productos de mayor valor.

En consecuencia, hay que preguntarse si sigue siendo pertinente el debate sobre instaurar una dolarización formal en la economía venezolana, con un esquema de libre convertibilidad y una estrategia de recuperación y crecimiento que busque elevar la competitividad de nuestra economía, o si, por el contrario, hay que defender la existencia de una moneda local e invertir esfuerzos en recuperar la confianza perdida.

Aristimuño, en su nota editorial del Informe Privado de Aristimuño Herrera & Asociados que circula esta semana, reconoce que tener una moneda propia es un elemento de soberanía e independencia nacional, pero como hemos visto esta soberanía la hemos ido perdiendo. También habría que preguntarse si un país postrado, cuyo futuro discuten terceros, sin recursos para que su población crezca y prospere dignamente, con una emigración que ya supera 10% de su población, se puede considerar libre y soberano.

Es un debate complejo, pero es importante que las empresas asuman, a partir de sus realidades específicas, que la dolarización es un fenómeno que llegó para quedarse y, en consecuencia, hay que analizar las ventajas que puede generar, así como las complicaciones que debe llegar a causar.

Lo primero es que las empresas comiencen a llevar formalmente balances en dólares, aunque las regulaciones siguen exigiendo las cuentas en moneda de curso legal, pero lo cierto es que un balance en bolívares no es más que una visión ilusoria del negocio, es como conducir un carro mirando por el retrovisor, que no cumple la función elemental de un reporte financiero que es reflejar la realidad de la empresa.

En un proceso hiperinflacionario como el nuestro, el balance en bolívares no está indicando absolutamente nada útil para las empresas, porque todas las partidas se devalúan en días, porque la devaluación del bolívar prácticamente desaparece las utilidades de las empresa, mientras que mantener una contabilidad en dólares, así sea para efectos referenciales, gerenciales o para apalancar la toma de decisiones, permite ver hasta dónde la empresa se desvaloriza, pierde competitividad o se liquida su patrimonio. Esta medida permite ver el tamaño real del negocio y hacer una mejor planificación estratégica.

El Informe Privado de Aristimuño Herrera & Asociados abunda en las implicaciones del fenómeno de la dolarización transaccional que determina el funcionamiento de una precaria economía en Venezuela, cuyas expectativas son especialmente negativas, al menos en el corto plazo.

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