¿Es posible la unificación cambiaria en Venezuela hoy?

// Luis Brusco*


Actualmente Venezuela muestra que el régimen de tipo de cambio fijo y controlado puesto en vigencia desde hace 13 años atrás se agotó totalmente. Tres (3) son los signos de ese agotamiento: el régimen resulta completamente ineficiente como ancla anti-inflacionaria, no puede evitar la creciente fuga de capitales y ha generado una reducción alarmante de las reservas internacionales.

Por eso, cuando este tipo de régimen llega a tal situación y se mantiene en vigencia por razones difíciles de explicar desde el ángulo económico, termina creando profundas distorsiones que se manifiestan al unísono en una desestabilización general tanto en lo interno como en lo externo de la economía; en específico, en una significativa aceleración inflacionaria, una acentuada caída del producto, una pérdida total de competitividad y un deterioro de todas las operaciones financieras internacionales.

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No obstante, cabe señalar, que la práctica a lo largo de los años iniciales e intermedios del régimen cambiario en cuestión demostró que el proceso de agotamiento evolucionó lentamente en esos años, tanto por la incidencia favorable y compensatoria de los precios petroleros como por los sucesivos ajustes del tipo de cambio, que fueron realizados contando con una monetización acomodaticia y oportuna que permitieron lograr éxitos productivos de corto plazo en ciertos sectores. No así fue la experiencia en los últimos tres años cuando la nueva situación petrolera de precios bajos y la excesiva monetización de la economía, ya institucionalizada por la vía fiscal, aceleró el proceso devaluación-inflación, a tal punto que redujo significativamente la brecha entre el tipo de cambio controlado (Dicom) y el de mercado no reconocido por las autoridades económicas.

Pese a lo anterior, en la estructura de paridades controladas se mantiene aún una conversión entre bolívares y dólares (dipro) que puede ser considerada totalmente ficticia y por tanto sin incidencia significativa en la economía real, pero que si puede estimular operaciones no deseables de arbitraje y de salida de capitales en el mercado cambiario. Concordante con esta circunstancia, en la actualidad, cifras estimadas revelan que el 90% de la demanda potencial de divisas para distintos destinos de pagos tienden a ser cubiertas con paridades próximas o encima del “dicom”, lo que indica que en la práctica esta ocurriendo un proceso inercial hacia la unificación cambiaria, sin haberse declarado oficialmente.

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Es conveniente advertir, sin embargo, que si bien pudiesen estar dadas las condiciones de mercado para la unificación cambiaria (que por cierto, han obligado a las autoridades económicas a acelerar los ajustes y actualizaciones de precios rezagados en distintos mercados de bienes y servicios), ésta no sería conveniente que se materializara en un contexto institucional que hasta ahora no abandona la política de control de precios y simultáneamente sigue promoviendo la monetización excesiva de la economía frente a un banco central pasivo, los cuales, sin dudas, son factores que debilitan grandemente la credibilidad de los hacedores de política en el sentido de realizar un verdadero viraje de acciones verdaderamente anti-inflacionario.

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Planteada así la unificación cambiaria se puede concluir que si bien en el corto plazo tal logro puede traer como beneficios la disminución del arbitraje en el mercado cambiario y sus efectos distorsionantes, así como también una  mayor rapidez de actualización de los precios relativos, la convergencia hacia una sola paridad sin flexibilizar los otros mercados y acentuar la disciplina financiera del sector público no contribuiría en nada en detener el circulo vicioso devaluación-inflación y su continuado impulso a nuevas fases de crecimientos de los niveles de precios superiores a los ya registrados actualmente, que ya son considerados signos de una hiperinflación en desarrollo inicial.

*Profesor de la UCV. Ex-Gte de estudios monetarios del BCV y profesor de la UCV. Jefe de estudios de Aristimuño Herrera & Asociados.

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