El premio Nobel de Economía 2014, Jean Tirole acaba de publicar este 05 de mayo de 2017 un libro cuyo título honramos con el del presente artículo. El reconocimiento del Nobel de Economía a Jean Tirole resultó especialmente de interés para los medios de comunicación porque se le otorgaba igualmente al área de la economía conocida en español como Economía Industrial.

Esta área de la economía estudia el comportamiento de los mercados en general, especialmente aquellos imperfectos, independientemente del sector económico que se trate y describe cómo funcionan, cómo se compite en ellos y qué tipo de resultado arrojan en términos de niveles de precios, eficiencia, demanda satisfecha, pérdida de eficiencia vía peso muerto, cantidades producidas, nivel de diferenciación de los productos, capacidad instalada, número de competidores, etc. Como la Economía Industrial permite analizar cómo efectivamente transcurre la vida, las operaciones y la competencia en los distintos mercados -en el de las telecomunicaciones, transporte aéreo y terrestre, energía eléctrica, gas, farmacéutico, agua, banca, software, Broadcasting, etc.- funge como una economía positiva que de igual manera presta a la economía normativa la comprensión de las fallas o falencias tanto de los mercados como de los malos diseños de acciones públicas y regulatorias en la forma de incentivos perversos no deseados producto de estas últimas.

En una entrevista que le hiciera el diario El Mundo de España en la Fundación Rafael del Pino -lugar donde quien escribe ya había tenido la oportunidad de conversar con el economista francés- y se publicará el 17 de mayo de 2017 a propósito de la presentación del mencionado libro, se le preguntó a Tirole: ¿Qué le parece la crisis de Venezuela? A lo que respondió el economista francés: “Venezuela es exactamente la forma más equivocada de hacer las cosas. Debería ser un país muy rico pues tienen las mayores reservas de petróleo del mundo, y es un país relativamente pequeño con 30 millones de habitantes”.

Cuando se le preguntó: Noruega tiene petróleo, es pequeña, pero es muy rica. Venezuela, no, ¿Por qué? Jean Tirole respondió: “Porque si usted escoge las políticas equivocadas puede empobrecer a un país. En Francia hay gente que piensa que Venezuela es un modelo, y eso me extraña, no saben lo que realmente pasa allí. No ven lo que está pasando detrás del telón.”

En el libro titulado “La Economía del Bien Común”, Tirole pretende, con un lenguaje simple, dar a entender que la economía como ciencia y más específicamente como método de pensamiento resulta aséptico política e ideológicamente, y que por el contrario constituye una extraordinaria herramienta para perseguir el Bien Común.

Como no podríamos agotar en un artículo en contenido de todo un libro, nos permitiremos destacar algunas ideas que introduce Tirole y unas específicas referidas a acciones públicas alineadas con progreso y con el Bien Común que mucha falta hacen en nuestro país.

Tirole inicia su libro destacando que “desde el rotundo fracaso económico, cultural, social y medioambiental de las economías planificadas, desde la caída del muro de Berlín y la metamorfosis económica de China, la economía de mercado ha pasado a ser el modelo dominante, por no decir exclusivo, de organización de nuestras sociedades. Incluso en el «mundo libre», el poder político ha perdido su influencia en favor del mercado y de una serie de nuevos actores. Las privatizaciones, la apertura a la competencia, la globalización, el sistemático uso de las subastas para los contratos públicos restringen el ámbito de la decisión pública. Y el aparato judicial y las autoridades independientes de regulación, órganos no sometidos a la primacía de lo político, se han convertido en actores imprescindibles.”

Lo dicho anteriormente por Tirole resulta importantísimo, porque si bien reconoce la justa función del mercado y que pudiera ser susceptible a fallas, destaca muy especialmente que las instituciones de justicia y los entes regulatorios deben ser independientes, reconociendo que la política puede constituir una fuente de falla de Gobierno o de captura de los mismos.

Continúa Tirole recordándonos que “la economía no está ni al servicio de la propiedad privada y los intereses individuales, ni al de los que querrían utilizar al Estado para imponer sus valores o hacer que sus intereses prevalezcan. Rechaza tanto la supremacía del mercado como la supremacía del Estado. La economía está al servicio del bien común; su objetivo es lograr un mundo mejor. Para ello, su tarea es identificar las instituciones y las políticas que van a favorecer el interés general.

Algo que Tirole nos recuerda y que aplicaría para aplacar cierto maniqueísmo en Venezuela “es que Cuando pensamos en la sociedad, no tenemos que elegir entre Estado y mercado, como nos quieren hacer creer los partidarios del intervencionismo y los del laissez-faire. El Estado y el mercado son complementarios y no excluyentes. El mercado necesita regulación y el Estado, competencia e incentivos.

Venezuela requiere instituciones económicas alineadas con el progreso y el Bien Común. En específico se requiere, entre otras, crear instituciones y espacios técnicos que realicen Análisis de Impacto Regulatorio y Análisis Coste-Beneficio de las políticas públicas y regulatorias, ex ante y ex post a su diseño y a su puesta en práctica. Sólo así se evitaría el despilfarro de recursos públicos, el mal uso de instituciones públicas, así como acometer fallas de Gobierno y falsos positivos, a la par que se garantizaría una actuación pública no sólo justificada, sino que cuente con un diseño y una instrumentalización eficiente en procura del Bien Común.

Autor: Enrique González. Economista UCV. Profesor de Economía de la Unimet. Master en Economía Industrial, Universidad Carlos III de Madrid.

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