#Perfil: José María Nogueroles, el decano que convirtió la prudencia y el arraigo en escuela bancaria
Figura emblemática de la banca venezolana, José María Nogueroles, es un ejemplo de constancia y capacidad. Su trayectoria e influencia muestra la evolución de un sistema financiero que ha sobrevivido a grandes crisis y ha apalancado el crecimiento del país.
Escribir la historia contemporánea de las finanzas en Venezuela exige detenerse en la figura de José María Nogueroles López, un hombre cuya biografía corre en paralelo con la modernización, las crisis y las sucesivas reinvenciones de la banca nacional durante las últimas siete décadas.
Nacido en Barcelona, España, en mayo de 1936, creció en el seno de una familia catalana de tradición naviera que había perdido su fortuna cuando su abuelo, armador y capitán de la marina mercante, invirtió todo su patrimonio en marcos alemanes que se evaporaron tras la Primera Guerra Mundial.
De aquella lección temprana sobre la volatilidad financiera —que dejó en casa «la silla del piano, pero el piano lo vendieron»— y de la tutela de su madre tras enviudar en enero de 1953, forjó una cultura del esfuerzo que lo llevó a trabajar desde los quince años.
Nogueroles: el inicio en Crédit Lyonnais
En 1951 ingresó a la sucursal barcelonesa del banco francés Crédit Lyonnais, donde se tomó su primera fotografía laboral con una gorra bajo el brazo como groom (office boy) al servicio de la alta gerencia.
Aquella institución, que llegó a ser el décimo banco del mundo, fue su gran universidad: de los implacables inspectores enviados desde Francia aprendió que en la banca jamás se puede actuar hoy pensando que nadie revisará las cuentas mañana, y que mezclar la política con los negocios termina por hundir hasta a las corporaciones más poderosas.

Nogueroles llegó a Venezuela, el 8 de febrero de 1955, porque hablaba español y los ejecutivos franceses que habían fundado el Banco Provincial.
La llegada a Venezuela en 1955
Su llegada a Venezuela, el 8 de febrero de 1955, respondió a una ventaja tan elemental como decisiva: hablaba español y los ejecutivos franceses que habían fundado el Banco Provincial poco antes, en agosto de 1952, necesitaban personal que dominara el idioma.
Aquel joven hijo único de 18 años —a quien pronto apodaron «el musiú»— se encontró con una Caracas llena de escombros por las grandes obras públicas, pero también con un país seguro y pujante que vivía una expansión financiera sin precedentes tras el andamiaje institucional creado en 1940 con la Ley de Bancos, el Banco Central de Venezuela, la Superintendencia de Bancos y el Consejo Bancario Nacional.
Mientras el sistema pasaba de 13 bancos en 1948 a casi 40 en 1958 y se cuadruplicaban los depósitos y multiplicaban las oficinas de 53 a 418 en una década, Nogueroles compartía apartamento y automóvil con jóvenes colegas franceses en la urbanización El Bosque, cursaba estudios en la Universidad Católica «Andrés Bello» y ascendía peldaño a peldaño como empleado de nómina del Provincial.
«Venezolanización» del sistema y el auge crediticio
Desde adentro vivió el nacimiento de la banca hipotecaria en 1958 y de la Asociación Bancaria de Venezuela (ABV) en 1959, el proceso de «venezolanización» bancaria de 1970 y 1975, y el auge crediticio de los años ’70, cuando la cartera de préstamos alcanzó el récord histórico del 27,5% del Producto Interno Bruto en 1978.
En esa etapa protagonizó jugadas estratégicas que cambiaron el mapa financiero nacional. En 1979 encabezó las negociaciones para que el Provincial absorbiera al Banco Continental —heredero del antiguo Banco Holandés Unido y propiedad de Empresas Polar—, luego de que fracasaran las conversaciones de los industriales con el Banco Nacional de Descuento de la familia González Gorrondona.
Aquella operación convirtió al Provincial en el house bank de Polar, que pasó a detentar el 12% de las acciones, e impulsó a la entidad en 1980 a desbancar al tradicional Banco de Venezuela como el primer banco del país durante casi 20 años.

En los años 80 comenzó, bajo su liderazgo, una fuerte expansión del Banco Provincial y su influencia en el sector se hizo muy relevante.
Su entrada a la cúpula directiva del Provincial
Tras el «Viernes Negro» de 1983 y la creación de Fogade en 1985, el Provincial continuó expandiéndose mediante la compra y absorción del Banco de Lara y del Banco de Occidente en el Táchira.
Poco después, el destino le abrió las puertas de la cúpula directiva: cuando el doctor Arturo Sosa fue llamado a ocupar el Ministerio de Hacienda, le propuso a Nogueroles asumir su silla en la Junta Directiva del Provincial con la condición de cederle las dietas, pues el sueldo de ministro no le alcanzaba para mantener a su numerosa familia.
Ese gesto de confianza mutua llevó a Nogueroles de tener solo voz a tener voto en el Consejo de Administración, lo que consolidó, al mismo tiempo, su liderazgo gremial como director de la ABV entre 1985 y 1991.
La crisis bancaria de 1994: un ejercicio exitoso de sobrevivencia
Ya en la doble condición de presidente ejecutivo y presidente del Consejo de Administración del Banco Provincial, le correspondió afrontar el cataclismo financiero de 1994, desatado tras la intervención a puertas cerradas del Banco Latino.
El ya experimentado José María Nogueroles siempre consideró a esta estrategia como un grave error gubernamental. La crisis terminó arrastrando a 49 de las 130 instituciones existentes con un costo para el Estado de 8.500 millones de dólares.
Respaldado por el músculo del Crédit Lyonnais, el Provincial operó en aquella coyuntura casi como un segundo banco central, al auxiliar al sistema y adquirir activos sanos, mientras Nogueroles asumía en paralelo la presidencia de la Asociación Bancaria de Venezuela entre 1994 y 1998.
Su criterio técnico fue decisivo en las horas más oscuras de aquella emergencia. Durante una reunión de medianoche en la sede del Latino, cuando el ministro de Hacienda, Julio Sosa Rodríguez, le preguntó directamente qué hacer ante la inminente caída de otras entidades, Nogueroles aconsejó no intervenir el Banco Federal, con la condición de exigir a su accionista inyectar capital propio, ni tampoco el Banco Unión, porquen esta entidad era too big to fail y su cierre arrastraría de nuevo a todo el sistema.
Al recordar su mandato gremial cuando casi la mitad de la banca peligraba, resumió con franqueza: «¿Qué conseguimos en ese momento? Indudablemente, ayudamos a que el sistema financiero sobreviviera. Todos los bancos nos unimos en aquella crisis, ayudamos a los que tenían más dificultades y, en definitiva, atravesamos una transición hacia una recuperación en los años 1996 y 1997, cuando entró la banca extranjera en el país, lo que fue un deseo de todos nosotros».
De allí su defensa permanente de la ABV como un espacio «vital para que la banca no se individualice y trabaje en forma colectiva, de manera que exista un sistema unido, aunque cada quien dentro de sus propias políticas, deseos y prácticas».
No más empleado, ahora inversionista
El bienio 1996-1997 cerró su ciclo de 46 años como empleado bancario e inauguró su faceta de inversionista. Al amparo de la Ley General de Bancos de 1993, el Provincial se transformó en 1996 en el primer banco universal del país.
Sin embargo, los problemas financieros del Crédit Lyonnais en Francia obligaron a la casa matriz a desprenderse de sus activos en América Latina.
Durante una reunión del Fondo Monetario Internacional en el hotel Watergate de Washington, los directivos del Banco Bilbao Vizcaya (BBVA), Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte, consultaron a Nogueroles sobre la salud de la institución —que entonces contaba con 14.000 empleados—, lo que dio inicio a las negociaciones con Empresas Polar.
Este proceso culminó en diciembre de 1996 con la compra del grupo valorado en 900 millones de dólares.
Al evaluar en retrospectiva aquella apertura, Nogueroles sostiene con pragmatismo que, aunque «la banca extranjera no aportó mayor cosa a Venezuela, ni mejoró la bancarización» por limitarse a replicar sus modelos de origen, «valió la pena la apertura, porque nos puso a competir y eso fue bueno, se logró una mejoría de la banca nacional. Además, al tener grandes bancos extranjeros, el sistema se hizo más respetable».
Aunque el BBVA le pidió permanecer al frente del Consejo de Administración, cuando la nueva gerencia comenzó a derribar paredes en la torre principal sin consultarle, sintió una capitis deminutio inaceptable para su carácter y el 24 de junio de 1997 viajó a Madrid para presentar su renuncia irrevocable.
Un «salto cuántico» patrimonial
Lo que siguió fue un salto cuántico patrimonial. Convocado por su amigo Marcos Zarikian y la familia Benacerraf, Nogueroles tomó el cheque íntegro de su liquidación de cuatro décadas y media y lo invirtió en el Banco Unión.
Asumió la presidencia del Consejo de Administración del Unión en julio de 1997. Tres meses después, ante las diferencias internas con Ignacio Salvatierra, propuso que los minoritarios compraran su parte; con un financiamiento de 180 millones de dólares del Citibank, concretado el 29 de octubre de 1997, en plena crisis asiática, salió de la institución tras haber triplicado su capital en apenas 90 días.
Con 61 años y la vida resuelta, se instaló en Miami dispuesto a retirarse, pero en enero de 1998 una llamada de Bernardo Velutini para ofrecerle adquirir el histórico Banco Caracas «a capó cerrado» lo trajo de vuelta al ruedo.
Nogueroles conformó un grupo inversor, compró la entidad, en mayo de 1998, por 180 millones de dólares, la llevó del duodécimo al quinto lugar del sistema y la vendió en mayo del 2000, a través de la Bolsa de Valores de Caracas, por 420 millones de dólares al Banco de Venezuela.

Lejos de detenerse, entre 2002 y 2003 lideró junto con inversionistas nacionales la compra de la filial del Banco Tequendama para fundar el Banco Nacional de Crédito (BNC)
Nogueroles funda el BNC
Lejos de detenerse, entre 2002 y 2003 lideró junto con inversionistas nacionales la compra de la filial del Banco Tequendama para fundar el Banco Nacional de Crédito (BNC). Bajo su guía estratégica, la entidad absorbió a Stanford Bank en 2009, asumió las operaciones del BOD en 2022 y se consolidó en la cima de la banca privada nacional.
El veterano ejecutivo financiero cedió posteriormente la presidencia de la Junta Directiva a su hijo, Jorge Luis Nogueroles, en una transición familiar ejemplar.
Hoy, rozando las nueve décadas de vida, con dos hijos, cuatro nietos y un bisnieto, José María Nogueroles protagoniza una nueva reinvención que desafía cualquier noción de retiro.

El mensaje de Nogueroles a las nuevas generaciones: «La ley de vida te obliga a seguir. Nadie puede quedarse empantuflado mirando el cielo. ¿Para qué? Eso es echarse a morir antes de tiempo».
La era Sofitasa
Tras adquirir el Banco Sofitasa en 2024, dejó su residencia de toda la vida en Caracas y se mudó al estado Táchira —donde adquirió casa y muebles— bajo la máxima de que «si tú quieres montar un negocio, tienes que estar encima del negocio».
Desde allí, al frente de una institución de 520 empleados e integrado a un grupo empresarial de más de 2.200 trabajadores, impulsa la reactivación de industrias cerradas y el desarrollo de todo el occidente venezolano, convencido de que la plataforma electrónica y de compensación del país es de primer orden, pero aún queda el reto de «bancarizar más, llegarle más a la gente».
Con la autoridad de quien asegura tener «más hambre ahora que antes» porque su experiencia le permite oler los problemas antes de verlos, su mensaje para los jóvenes emprendedores y profesionales, en una Venezuela moldeada por la incertidumbre, es un llamado frontal a la acción: «La ley de vida te obliga a seguir. Nadie puede quedarse empantuflado mirando el cielo. ¿Para qué? Eso es echarse a morir antes de tiempo».
Recuerda el consejo de su madre que solía decir que «quien espera el momento perfecto, jamás hace nada», invita a las nuevas generaciones a «enfrentarse a lo imposible» y a entender que «los gobiernos son transitorios, los acuerdos políticos son transitorios», pero «Venezuela es un país de oportunidades, eso ha sido siempre».
Él, que vendió su casa en España para quedarse definitivamente en esta tierra, lo resume con la convicción de toda una vida: el que nace aquí no tiene mérito, pero él eligió ser venezolano porque cada quien pertenece a lo que verdaderamente ama.
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