Opinión | Las sanciones han sido una bendición para Maduro

// Luis Oliveros 

Opinión | Las sanciones han sido una bendición para Maduro

Las sanciones han sido una bendición para el gobierno de Nicolás Maduro y, al mismo tiempo, un enorme problema para la oposición.

Desde la llegada de las sanciones, el papel de buena parte de la oposición se ha limitado a esperar la caída de Maduro, sin mayor presión interna ni trabajo político.

Las sanciones son medidas destinadas a producir daño económico en el país al que se las implementan. La teoría detrás de las sanciones es muy simple: el descalabro económico traerá un malestar social tan grande que generará fracturas en quienes están en el poder y esto traerá como consecuencia su caída o transformación.

No solo es ingenua esa manera de pensar, los resultados mediocres de medidas similares en el resto mundo deberían llamar la atención sobre su manera de implementarlas. Pero pareciera que, para algunos, las sanciones son una maravilla, sobre todo para quienes no viven en el país que las sufre. No es divertido vivir en un país sancionado, menos pedirle sacrificios a su población, desde el exterior.

La literatura es abundante y clara al respecto, las sanciones son una herramienta que, junto con otras acciones, pueden llevar a la élite gobernante a negociar elecciones medianamente libres, una transición, etc., pero si solo se espera que las sanciones generen cambios políticos y “tumben” gobiernos, eso no ocurrirá.

Los venezolanos tenemos, al menos, dos casos cercanos, Cuba e Irán. En el primero (donde “casualmente” también hay un gobierno “legítimo” que trabaja desde Miami), ya van más de 60 años esperando la caída del régimen castrista. El segundo tiene un poco menos tiempo, pero al igual que el caso cubano, las sanciones han sido un fracaso para producir un cambio político.

Cuando llegaron las sanciones financieras y petroleras al país, muchos les prometieron a los venezolanos que no sufrirían las consecuencias. Mensaje que contradice el anuncio del propio asesor de seguridad nacional de Trump, quien dijo que “las sanciones bloqueaban US$7.000 millones en activos y significaban US$11.000 millones en ingresos de exportaciones perdidos al año”.

Según estudios del economista Francisco Rodríguez estaríamos hablando de unos 800.000 barriles diarios de petróleo. En un trabajo que realizamos para WOLA, nuestro escenario base sobre el efecto de las sanciones en nuestra industria petrolera era de 801.705 bd.

Nadie dice que el descalabro de nuestra economía se deba a las sanciones, pero es inevitable concluir que ellas exacerbaron los problemas. Discutir sobre esto se nos parece a cuando se hablaba de “la guerra económica” o al actual debate de un grupo sobre “si las vacunas contra el COVID-19 son las que generan el virus o no sirven para proteger de él”.

Hay demasiada evidencia al respecto sobre el efecto negativo de las sanciones en la población. Las sanciones deberían ser medidas para generarle problemas a la coalición gobernante, no para incrementárselos a la población más vulnerable.

Derogar las sanciones o establecer mecanismos para flexibilizarlas debe ser visto como un necesario cambio de una estrategia que ha fracasado. Obviamente, hay grupos en la oposición que no quieren que se acaben, pareciera que no les molesta el “status quo”.

Si la oposición quiere recuperar el tiempo perdido, aprender de los errores, reconstruirse y erigirse nuevamente como una alternativa viable para las elecciones presidenciales del 2024 -olvidándose del canto de sirena del Revocatorio-, debería entender que las sanciones le hacen daño en su camino.

* El autor es economista y especialista en el área petrolera.


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