25/10/2026 10:37 AM
| Por Enrique González Porras*

Más allá de las 66.000 unidades: ¿Está despertando finalmente el mercado automotor venezolano?

La recuperación actual sigue siendo una renovación tímida frente a las enormes necesidades acumuladas por uno de los parques automotores más envejecidos de América Latina.

Más allá de las 66.000 unidades: ¿Está despertando finalmente el mercado automotor venezolano?

Las cifras del mercado automotor venezolano muestran una recuperación que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar. A partir de los datos de ventas acumulados hasta septiembre, una extrapolación basada en la evolución observada durante los tres primeros trimestres permite proyectar un cierre anual cercano a las 66.000-68.000 unidades. Sin embargo, limitar el análisis a una simple tasa de crecimiento compuesta probablemente subestima el potencial real de cierre del año.

La razón principal es que el cuarto trimestre suele ser el período de mayor dinamismo comercial. El pago de bonificaciones, aguinaldos y remuneraciones extraordinarias incrementa temporalmente la liquidez de hogares y empresas, mientras que numerosas decisiones de inversión y sustitución de activos se concentran antes del cierre del ejercicio.

En consecuencia, el comportamiento de octubre, noviembre y diciembre suele diferir del promedio del resto del año, pudiendo generar un volumen de ventas superior al sugerido por una mera extrapolación estadística.

De hecho, este desempeño adquiere una relevancia aún mayor cuando se contrasta con las expectativas iniciales del sector. La proyección mensual de referencia manejada por CAVENEZ se situaba alrededor de las 4.166 unidades, cifra consistente con una meta anual cercana a las 50.000 unidades.

El comportamiento observado durante 2026, no solo ha superado ampliamente ese promedio esperado, sino que también parece encaminado a rebasar con holgura la barrera psicológica de las 5.000 unidades mensuales que durante mucho tiempo fue considerada un objetivo ambicioso para el mercado venezolano.

Las ventas de julio, agosto y septiembre, con registros cercanos o superiores a las 6.000 unidades, constituyen una evidencia clara de que el mercado está evolucionando a una velocidad superior a la prevista originalmente. (encuadreve.com)

Sin embargo, la cuestión verdaderamente importante no es si el mercado terminará el año algunos miles de unidades por encima o por debajo de las proyecciones actuales. La verdadera pregunta es si estamos ante una recuperación estructural capaz de sostenerse en el tiempo.

Para responderla resulta necesario considerar la naturaleza económica del producto. El automóvil es un bien duradero de alto valor cuya demanda suele presentar un comportamiento predominantemente unitario para la mayoría de los hogares venezolanos (con la excepción de empresas, transportistas y operadores con necesidades de flotas comerciales, cuyos patrones de adquisición responden a criterios de renovación, expansión de capacidad o crecimiento de actividad económica).

A diferencia de otros bienes de consumo, un vehículo suele mantenerse en uso durante muchos años antes de ser sustituido. Por ello, el crecimiento sostenido del mercado depende fundamentalmente de la incorporación de nuevos compradores y de la aceleración de los ciclos de renovación del parque automotor existente, más que de compras repetitivas por parte de los mismos consumidores.

Es precisamente en este punto donde Venezuela presenta una de las oportunidades más interesantes de toda la región. El país cuenta con uno de los parques automotores más envejecidos de Suramérica.

Más de una década de crisis económica, restricciones productivas y escasez de crédito impidieron la renovación natural del stock de vehículos. Como consecuencia, una parte importante del parque circulante ha superado ampliamente los estándares normales de antigüedad observados en otros mercados latinoamericanos. Esa realidad genera una necesidad objetiva de sustitución que no desaparece, sino que se acumula con el tiempo.

No obstante, también es cierto que el deterioro del poder adquisitivo continúa siendo una limitación importante. A pesar de ciertos signos de recuperación económica en algunos segmentos de la actividad productiva, una parte significativa de la población sigue enfrentando restricciones de ingreso que dificultan la adquisición de vehículos mediante pago de contado.

Esta realidad obliga a preguntarse hasta qué punto las expectativas de reactivación económica pueden traducirse realmente en un crecimiento sostenido de las ventas. La necesidad de renovación existe, pero la necesidad por sí sola no genera transacciones si no existen los mecanismos financieros adecuados para convertirla en demanda efectiva.

Y es precisamente aquí donde aparece uno de los cambios más relevantes que está experimentando el sector: el retorno gradual del financiamiento. La creciente presencia de créditos automotrices, planes de financiamiento directo, esquemas de cuotas y otras modalidades de pago evidencia que existe una demanda real que permanecía reprimida.

Herramientas financieras

Durante años, miles de potenciales compradores necesitaban sustituir sus vehículos, pero carecían de las herramientas financieras necesarias para hacerlo. La recuperación progresiva del crédito está permitiendo que esa demanda acumulada comience a materializarse.

Desde esta perspectiva, el crecimiento reciente podría estar reflejando mucho más que una mejora económica coyuntural. Podría estar revelando la liberación gradual de una demanda acumulada durante más de una década. A ello se suma otro factor frecuentemente ignorado: la incorporación constante de nuevos conductores al mercado.

Cada año, nuevos consumidores alcanzan edades y condiciones de renta compatibles con la adquisición de un vehículo, ampliando de manera natural la base potencial de compradores.

La combinación de una necesidad masiva de renovación del parque automotor, el crecimiento demográfico de la población conductora y la reaparición progresiva del financiamiento configura un escenario especialmente interesante para los próximos años.

Además, el desarrollo del crédito no solo beneficia a los fabricantes y concesionarios, también abre oportunidades significativas para bancos, aseguradoras, empresas financieras, operadores de leasing, fintech y toda una cadena de servicios asociados a la movilidad. En otras palabras, el automóvil vuelve a convertirse en un motor potencial de actividad económica para múltiples sectores relacionados.

Por todo ello, aunque las estimaciones actuales apuntan a un cierre situado entre 66.000 y 68.000 unidades, no sería sorprendente que la fortaleza estacional del último trimestre impulsara al mercado por encima de esos niveles e incluso acercara el resultado final a la frontera de las 70.000 unidades.

Sin embargo, incluso una cifra de esa magnitud debe analizarse en perspectiva. El presidente ejecutivo de CAVENEZ, Eduardo Cáceres, señaló recientemente que en Venezuela circulan cerca de 3,5 millones de vehículos con una antigüedad promedio de aproximadamente 22 años.

Por su parte, FAVENPA estima que el parque automotor ronda los cuatro millones de unidades, de las cuales apenas tres millones permanecen operativas.

Tomando como referencia una proyección de cierre cercana a las 66.600 unidades, las ventas de vehículos nuevos representarían apenas el 1,9% del parque estimado por CAVENEZ y alrededor del 1,7% del parque estimado por FAVENPA.

Incluso en un escenario optimista de 70.000 unidades, la renovación anual apenas alcanzaría el 2% del parque nacional. Vista desde esta perspectiva, la recuperación actual sigue siendo una renovación tímida frente a las enormes necesidades acumuladas por uno de los parques automotores más envejecidos de América Latina.

Precisamente por ello, el verdadero potencial de crecimiento del sector parece residir menos en la demanda coyuntural y más en la enorme demanda represada generada por años de envejecimiento del parque, incorporación de nuevos conductores y postergación de decisiones de compra.

La velocidad con la que esa demanda pueda transformarse en ventas efectivas dependerá crucialmente de dos variables: la consolidación de mecanismos de financiación cada vez más profundos y accesibles, y una recuperación sostenida del poder adquisitivo de los venezolanos.

Si ambas condiciones logran fortalecerse simultáneamente, las cifras actuales podrían representar apenas las primeras etapas de un proceso de renovación que todavía tiene un amplio recorrido por delante.

*Economista UCV. Profesor de ESIC Business & Marketing School.

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