Las consecuencias económicas de una alteración de las cadenas de suministro globales

// Por: Dalia Marín / Project Syndicate

Las consecuencias económicas de una alteración de las cadenas de suministro globales



Durante casi treinta años, las cadenas de suministro globales fueron los motores silenciosos de la globalización económica. De 1990 a 2008, accionaron la rápida expansión del comercio y representaron el 60-70% de su crecimiento. Sin embargo, más de diez años después, se han estancado y, en algunas zonas, hasta pueden estar retrocediendo.

La constricción de las cadenas de suministro globales refleja en parte el giro que han hecho muchos gobiernos hacia políticas proteccionistas desde que la apertura de la economía global alcanzara un pico en 2011. Y ahora, la pandemia del COVID-19 ha causado una recesión con contracción de oferta. La incertidumbre relacionada puede desacelerar la expansión de las cadenas de valor globales por lo menos un 35%. De hecho, el comercio mundial ya no se está expandiendo más rápido que el PIB mundial. Si esto continua así, las empresas repatriarán la producción de Asia y otras partes.

Resulta evidente que una reducción de la producción de las empresas en todo el mundo creará una recesión –y una recuperación- diferente a cualquiera que hayamos visto. En perspectivas para el próximo año, el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y otras organizaciones internacionales proyectaron una recuperación en V. Pero en esta postura probablemente haya incidido la rápida recuperación de las cadenas de valor globales después de la Gran Recesión de 2008-10, una crisis que se originó en el sistema financiero, no en la economía real a nivel mundial. Dada la importancia de la disrupción de las relaciones de suministro en la crisis actual, esta recesión probablemente sea única.

Anticipar la recuperación, por ende, requiere entender los efectos de la recesión en las cadenas de suministro globales, porque un eslabón roto puede alterar toda la red de producción de un sector. Y estas alteraciones pueden extenderse a toda la economía, dependiendo de la importancia del sector como proveedor de insumos para otros sectores.

No sorprende que las alteraciones relacionadas con la pandemia sean únicas. Después de investigar tres décadas de desastres naturales importantes en Estados Unidos, Jean-Noël Barrot y Julien Sauvagnat del MIT descubrieron que los proveedores afectados por una inundación, un terremoto o un episodio similar imponen las grandes pérdidas de producción a los clientes. De hecho, cuando un desastre afectó a un proveedor, el crecimiento de las ventas de las empresas sufrió una caída promedio de 2-3 puntos porcentuales. El impacto se extendió a otros proveedores, magnificando el impacto original.

También es probable que esta recesión genere un crecimiento tendencial inferior del PIB. Después de todo, las cadenas de suministro globales fueron un motor importante del crecimiento de la productividad en muchos países en los años 1990 y durante gran parte de los 2.000.

La integración de Europa del este a la economía global después de la caída del Muro de Berlín contribuyó no sólo a la recuperación de Alemania que dejó de ser el “hombre enfermo de Europa”, sino también al rápido crecimiento de República Checa, Hungría, Polonia, Eslovaquia y otros países en la región. Si la desaceleración en el crecimiento de las cadenas de valor globales desde 2011 ya contribuía a un crecimiento anémico de la productividad en los países desarrollados, una desaceleración veloz, o inclusive una contracción, debido a las alteraciones relacionadas con la pandemia, no es un buen presagio.

En estas circunstancias, la única opción para los responsables de las políticas es incentivar el crecimiento en sectores específicos, que es exactamente aquello para lo que están diseñados los programas de estímulo. En Alemania, Volkswagen y otras compañías han presionado por un paquete de estímulo del tipo “efectivo a cambio de chatarra”, similar al que se implementó en 2009, pero el gobierno de la canciller Angela Merkel ha decidido no aplicar una política semejante.

Vale la pena repensar esa decisión. Los nuevos modelos macro de la pandemia sugieren que el estímulo de un sector específico puede generar el mayor estímulo fiscal por dólar invertido. Una economía en la que el 50% de la economía está totalmente cerrado, como en una pandemia, no es lo mismo que una economía en la que toda la actividad económica colapsa un 50%, como en una depresión. En una pandemia, la relación de un sector con el resto de la economía determina el resultado.

Eso significa que la mejor manera de maximizar el impacto de un estímulo fiscal es identificar a los sectores que no son sustitutivos. En Alemania, como en otras partes, los autos tienen una relación complementaria con el resto de la economía. Cuantos más autos se consumen, mayor es la demanda de autopartes. La industria importa sólo el 29% de sus insumos, comparado con el 76% en los textiles. Es por esto que los programas para estimular la compra de automóviles son mejores que, por ejemplo, los cupones de restaurantes. Por cierto, cenar afuera reduce las compras en los supermercados, lo que genera menos demanda agregada.

La pandemia plantea un enorme desafío para los responsables de las políticas económicas. Nos guste o no, diseñar alguna recuperación, mucho menos una en V, exigirá que los gobiernos dejen de lado cuestiones que serían de máxima importancia en tiempos normales. Su credo debería ser hipocrático: primero, no hacer daño.

* La autora es profesora de Economía Internacional en la Facultad de Administración de la Universidad Técnica de Múnich y miembro investigadora del Centro de Investigación de Política Económica.

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