La cumbre del G20 de China y el sector externo de la economía venezolana

// Luis Brusco Ortega*


El G20 fue creado en el año 1999 y es un grupo de países que incluye los 7 más industrializados del mundo más Rusia, la Unión Europea y todas las economías emergentes recientemente industrializadas, donde se incluye por América latina a Brasil, México y Argentina. Desde su creación se han realizado once cumbres y la organización tuvo un papel importante en la solución de la crisis financiera mundial del año 2008. El grupo es un foro de cooperación y consultas entre los países sobre temas como la estabilidad del sistema financiero internacional, problemas económicos de las naciones industrializadas y otros de relevancia mundial.

En cada cumbre participan jefes de estados y de gobiernos, presidentes de bancos centrales, ministros de finanzas, representantes de países invitados y de instituciones financieras internacionales como el FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y otros. Recientemente, durante los primeros días de septiembre de este año, se celebró en China la última cumbre y el tema a tratar en la misma se denominó “hacia una economía mundial innovadora, estimulada, interconectada e integradora” . Con base a la discusión que se derivó del tema se terminó aprobando los siguientes puntos, entre otros: reforzar la agenda de crecimiento del G20, diseñar políticas y conceptos de crecimiento innovadores, construir una economía mundial abierta y garantizar que el crecimiento económico beneficia a todos los países.

Argentina hizo planteamientos en búsqueda de proteger sus empresas nacionales frente al dumping aplicado por China, país éste que a la vez tiene muchas inversiones en distintos sectores de esa economía. También hizo propuestas para combatir el proteccionismo y el populismo como prácticas de gobernar por parte de países altamente intervencionistas de sus economías. Brasil por su parte informó previamente que participaba en la cumbre para distanciarse de los países del “arco bolivariano” que encabeza Venezuela y su presidente dijo directamente: esto es el “fin del Brasil bolivariano”. Por último, México propuso incentivar reformas estructurales para elevar la productividad, reactivar el comercio internacional y facilitar los flujos de inversión entre países.

Como se observa, los principales países de América Latina han manifestado directa o indirectamente, a propósito de la cumbre del G20, su intención de alejarse de un comercio internacional no competitivo, fundamentado en subsidios, populismos y acuerdos bilaterales que fomentan el mal uso de las finanzas públicas y del ahorro nacional y terminan destruyendo la capacidad productiva y competitiva de las empresas nacionales. Precisamente estas son las características y consecuencias del mal manejo del sector externo de la economía venezolana en los años iniciales del presente siglo que la ha llevado a resultados históricamente nunca conocidos, como los son déficits de balanza de pagos con todos los países industrializados y avanzados en el ámbito agrícola de la región, que en definitiva se traducen en pérdidas de reservas internacionales y debilidad de la moneda nacional.

Es lamentable reconocer que de avanzar las principales economías de la región en cumplimiento con los objetivos del G20 y el deseo individual de cada país latinoamericano de fomentar la competitividad, quedaría Venezuela como una economía extremadamente cerrada y limitada en buena medida en la realización de sus planes de crecimiento.

*Economista, profesor de la UCV y Jefe de estudios de Aristimuño Herrera & Asociados 

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