Informe Especial | Dolarizar créditos comerciales: la economía no está para experimentos

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Informe Especial | Dolarizar créditos comerciales: la economía no está para experimentos



Bajo la discutible premisa de que la inflación venezolana es causada por un fenómeno de especulación cambiaria, el Banco Central de Venezuela ha llevado los niveles de intermediación crediticia a mínimos históricos. En julio, el índice se ubicó en 16,6%.

La idea es que, al estrangular la liquidez de la banca, la mayor fuente de demanda de divisas se seca y, en consecuencia, se controla la inflación. Los resultados de esta percepción son evidentes; de hecho, la inflación se casi duplicó en agosto y las mediciones que hemos hecho en lo que va de septiembre apuntan a, por lo menos, mantener un incremento de 60% este mes.

Ahora, el Banco Central le presenta a la banca nacional un nuevo experimento que consiste en anclar las tasas de interés de los créditos comerciales a la variación del tipo de cambio promedio ponderado de las mesas cambiarias que gestiona el sistema bancario.

El mecanismo es abstracto y deja, como primera consecuencia, una incertidumbre fundamental: Al final, ¿cuánto van a costar los créditos, realmente? El sistema supone, incluso, la creación de una unidad de cuenta especial que sustituye al bolívar, la cual incluye en su cálculo tanto el capital como el índice de interés referenciado al dólar para calcular el valor del préstamo, por lo que ningún tomador estará en capacidad de saber cuánto va a pagar y, en consecuencia, no se podrá hacer una mínima planificación del apalancamiento financiero.

Claro, el mecanismo está en discusión y la información de la que disponemos es preliminar; sin embargo, la idea básica que sustenta este esquema es, en esencia, impráctica y con severas reservas acerca de su resultado.

Lo que busca el ente emisor es resolver la complicada cuestión de cómo hacer para reactivar, en algo, el crédito bancario para tratar de frenar la recesión –manejamos información extraoficial que indica que el gobierno está esperando una contracción económica superior a 40% al cierre de año- y a la vez mantener controlada la liquidez del sector privado, de tal manera que la demanda de dólares, sobre todo en el mercado paralelo, no se dispare.

La respuesta lógica sería una nueva política cambiaria, que suprima los controles, abra definitivamente la oferta y la demanda, y se alcance un tipo de cambio real de equilibrio, como parte de una estrategia general de recuperación económica, que pase por estimular la oferta privada de bienes y servicios, tomar medidas eficaces para reactivar el consumo –un asunto realmente urgente- y desarrollar una estrategia fiscal tendiente al equilibrio de las cuentas o, en todo caso, a reducir progresivamente el déficit fiscal del sector público consolidado. Bien vale la pena recordar, en este momento a Adam Smith, quien decía:  «El único presupuesto bueno es el presupuesto equilibrado».

Pero no es esta la intención, por lo que estimamos que este nuevo experimento no dará los resultados esperados y, muy probablemente, desestimulará la demanda de crédito en el sector empresarial, debido a las incertidumbres que genera no poder prever el costo real del dinero, en un entorno de flujos de caja mínimos y vulnerables.

En el Informe Privado de esta semana de Aristimuño Herrera & Asociados dedicamos buena parte del contenido a analizar las implicaciones de apalancar el valor de los créditos comerciales en la variación del tipo de cambio oficial, una medida que se encuentra en fase de consultas y que se espera sea oficializada en los próximos días.

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