Informalidad venezolana en Lima

// Luis E. Fidhel *

Informalidad venezolana en Lima



Conforme a las estadísticas internacionales cada vez Venezuela pierde capacidad de exportación petrolera, pero aumenta su exportación de economía informal a otros países sudamericanos, una realidad humana y económica que no puede dejar de observarse.

Los gorros, franelas, chaquetas y banderas tricolores que sujetan una cava de anime ofreciendo las endémicas arepas con la otra mano jalan el depósito de la tradicional tizana o cóctel de frutas al que últimamente se ha unido el dulce llamado bomba. Todo ello  resulta parte del paisaje urbano de Lima, la capital de Perú.

Comienza su recorrido desde la histórica Plaza de Armas o Mayor, nombre de origen colonial que refleja lo conservador de la sociedad peruana, cambiada de nombre en Venezuela en el siglo XIX en el gobierno de Guzmán Blanco a Bolívar comenzando el culto al El Libertador; pero refleja las idiosincrasias tan distintas de estas sociedades.

Posteriormente bajan por el histórico Jirón de la Unión con más de un siglo de existencia, lugar donde las tropas chilenas coronaron su entrada y posterior conquista de Lima en el siglo XIX. Hizo que el gobierno peruano se trasladada al sector hoy conocido como Pueblo Libre un nombre simbólico no conquistado por el ejército extranjero donde permaneció el gobierno en el exilio.

Los gorros tricolores toman la avenida La Colmena que une la Plaza de Armas con San Martín; esta última icono de la modernidad de la ciudad de Lima realizada con la finalidad de desterrar su pasado colonial y adentrarse en pleno siglo XX. La Plaza San Martín fue erigida en 1921, por el presidente Augusto Legía, quien tuvo un trágico final pues murió prácticamente en la cárcel en 1930, por motivos políticos. Considerado por su también adversario político Víctor Raúl Haya de La Torre como el “mejor alcalde de Lima” debido a su papel modernizador de la capital y el Perú en general.

La historia peruana tuvo una relación amor-odio con la figura de Legía, como ocurre con el ex presidente Alberto Fujimori.

La migración venezolana en un comienzo, al igual que en Chile, fue acogida con emoción al ser una oleada de profesionales o personas con instrucción académica o técnica (médicos, odontólogos, etc.). Pero esto cambió. La próxima oleada no fue similar y se dedicó a la buhonería, particularmente tomaron el emporio comercial de Gamarra en el distrito otrora aristocrático de La Victoria, catalogado como el mayor centro textil del continente cuyo metro cuadrado tiene un costo similar (algunos sostienen más alto) que Los Ángeles o New York.

La permanencia de los venezolanos en Gamarra al comienzo fue bien vista más que todo con cierta novedad, comenzó la moda de la “arepa y tizana” y coexistía con la buhonería endógena. La mayor relación entre ambas eran telenovelas de los ochenta y noventa y los otrora ídolos de una generación acotando que estos éxitos de la dramática y música comercial venezolana todavía se ven y escuchan en el Perú particularmente en las televisoras y radios locales. Ya no se tenía que ir Caracas para escuchar el “neutral” acento venezolano porque estaba en Lima.

Ahora es diferente. Cada día el vestuario tricolor es mayor y en continuo aumento. Pasaba otra cosa, que es “móvil” es decir se desplaza por toda la ciudad de Lima a toda hora – Jirón de la Unión, Avenida Universitaria, Abancay – como no lo hacía la informalidad local.

Es pertinente aclarar algo, el comercio informal en el Perú se le denomina “ambulante” equivale a la “buhonería” venezolana. En el Perú tuvo su auge en los años 70 y 80, no se quiere decir que antes no hubo, pero se acentuó.

En los 70, por las reformas socialistas, estatistas y revolucionarias de general Juan Velazco Alvarado, un gobierno de las fuerzas armadas que nacionalizó toda la economía agrícola y parte de la banca. Las haciendas fueron dadas al “pueblo”, estas quebraron, no hubo más empleo y la migración campesina particularmente de la sierra peruana y costa fue a la capital; el gobierno militar ante tan notorio fracaso productivo lo encubrió llamando a los “cinturones de miseria” como se denomina técnicamente en Venezuela demagógicamente “pueblos jóvenes”.

La segunda oleada del auge fue en los 80, con la lucha contra la guerrilla de Sendero Luminoso y Túpac Amarú, que ocasionó el desplazamiento de la población andina particularmente del departamento de Ayacucho hacia la capital. El hecho más destacable para la época fue la conformación del mercado de “Polvos Azules” (1981) en referencia a la letra de un vals popular; fue un mercado al aire libre, una de las mayores manifestaciones de economía informal – superior al mercado de La Hoyada en Caracas – que a cuadras del Palacio de Gobierno del Perú, revelaba la tragedia peruana.

Los niveles de inflación eran de 2.000% para 1989; particularmente en el primer gobierno de Alan García, que según muchos expertos se propuso profundizar las reformas de Velazco. De hecho se inició la nacionalización del resto de la banca originando un movimiento civil opositor que conformó el FREDEMO cuyo candidato presidencial fue el escritor Mario Vargas Llosa – posterior Premio Nobel – quien en una segunda vuelta competiría con Alberto Fujimori.

Continuando con la informalidad en Lima, muchos venezolanos suben al transporte público formal o institucional llamado “Metropolitano” incluso al Metro de Lima – realmente es un tren aéreo no subterráneo en su línea 1 -, en ambos con un solo boleto recorren todas las estaciones. En el caso del Metropolitano recorre el centro limeño y toma el viaducto avenida La República dirigiéndose a los distritos de playa de Miraflores, Chorrillos o Barranco los más costosos de la capital.

En este tipo de transporte público el talento venezolano interpreta canciones vernáculas particularmente “Venezuela” , las propinas van de 50 centavos de nuevo sol peruano a un sol. Cuatro soles hacen un dólar, que con facilidad se cambian. Es decir, se calcula que en una actividad de este tipo todo el día un cantante espontáneo pudiese obtener el equivalente a 50 dólares. Algo impensable en Venezuela, que al cambio paralelo resulta una suma exorbitante en bolívares.

Debemos observar una cosa: desde la época de Alberto Fujimori se trató de formalizar y fijar el comercio ambulante en los distritos más tradicionales, conservadores y costosos de Lima, incluso en el propio centro; se realizaron acciones represivas para desmovilizarlos. Los ambulantes naturalmente no compartían esas decisión generándose un conflicto.

Los ambulantes peruanos en su mayoría de origen «andino» o «serrano» y comienzan a ver a la informalidad venezolana como una competencia desleal incluso privilegiada por el gobierno de Kuczinsky; observan cómo al peruano le prohíben movilizarse mientras el venezolano lo hace inclusive se promueve en el transporte público.

El conflicto ha comenzado y se han documentado golpizas entre venezolanos y peruanos; una posible batalla entre ambas informalidades parece estar germinando en las calles de Lima y el “enamoramiento” se va perdiendo como documenta los videos de YouTube. Parece comenzar una animadversión a lo venezolano como sucede en Panamá.

Otro caso. En Santiago de Chile, donde la informalidad la ejercen en su mayoría peruanos y bolivianos, se encuentra prohibida en principio; la diferencia cambiaria entre el nuevo sol y el peso chileno es destacable. Los “potenciales ambulantes” se colocan cerca de la Catedral de Santiago esperando ser reclutados. Unos informales venezolanos o “ambulantes” querían promocionar la “arepa y tizana” los carabineros o policía civil chilena les propinaron una salvaje paliza como documenta YouTube.  En Lima la informalidad venezolana todavía puede movilizarse en Santiago de Chile se reprime.

* Internacionalista UCV- Abogado UCAB

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