El poder de la empatía, por Renny Yagosesky

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Una de las cualidades más relevantes para el desarrollo de relaciones exitosas es la empatía, entendida aquí como la capacidad de comprender y responder a las experiencias y necesidades emocionales de otros. Frans de Waal, la define como la habilidad para participar afectivamente en una situación que involucra los sentimientos de otra persona.

El término empatía suele ser asociado con sensibilidad, compasión, razonamiento moral y comportamiento altruista, pues representa un salto por encima del ego, de los propios fines, para ubicarse en el lugar de algún otro y decidir comprenderle y atenderle.

Las madres, en su mayoría, parecen tener empatía natural hacia sus hijos, aunque unas màs que otras. Y en general, las mujeres tienden a ser bastante más empáticas que los hombres, quienes por la alta cantidad de testosterona que producen, son más competitivos, territoriales y agresivos naturalmente.

Las mujeres valoran la unión y la colaboración, y los hombres se enfocan en la mantener su autonomía y en lograr sus metas.

Para que funcione la empatía, es necesaria una capacidad mental superior que se conoce como metacognición. Esta cualidad, una de las más trascendentes en la evolución cerebral, nos permite formular hipótesis sobre lo que otros piensan y atribuir a otros ciertos sentimientos. (“ya no me quiere”/ «Se siente triste»).

En las últimas décadas, se han identificado ciertas zonas cerebrales que se activan cuando desplegamos conductas empáticas. Principalmente, se trata de la corteza cingulada anterior y corteza insular anterior. También, recientemente, se ha asociado la empatía con las llamadas neuronas espejo, un grupo de neuronas implicadas en los procesos de imitación, conexión y contagio emocional.

Las evidencias científicas indican que cuando miramos a una persona y detectamos la emoción que está experimentando, esa emoción tiende a activarse en nosotros, en una especie de proceso de resonancia emocional.

Vista como habilidad relacional, la empatía es un antídoto contra los conflictos. Las personas de conducta delictiva y en general antisocial, suelen tener altos niveles de egoísmo y bajos niveles de empatía. Esa carencia de la facultad empática, moviliza e en algunos actitudes como envidia, celos, codicia y avaricia, y en grados extremos narcisismo y conductas socialmente desadaptadas.

La empatía ha sido señalada como una de las cinco cualidades necesaria para el éxito social en el famoso modelo de inteligencia emocional de Salovey y Mayer que fue dado a conocer por Daniel Goleman en 1995.

En el mundo laboral, la empatía es un factor clave para dirigir empleados, pues pocos trabajan duro sino se sienten comprendidos y valorados, es decir conectados con los proyectos y metas, y con el líder al cual apoyan. 

Desarrollar la empatía implica entender que no estamos solos, que operamos en equipos (pareja, familia, trabajo, vecinos o amigos). Además. Se requiere preguntarse lo que los otros pueden estar sintiendo ante nuestras palabras o acciones y lo que esperan de nosotros. Debe desarrollarse la capacidad de leer señales emocionales, lo cual se logra observando la comunicación de los demás, especialmente sus temas de conversación, el tono de la voz y sus lenguajes corporales (gestos, posturas y movimientos), pues las emociones brotan a través del cuerpo. Se puede fingir con palabras pero es muy difícil fingir con el cuerpo, pues éste responde automáticamente a nuestros estados emocionales.

Finalmente, podemos preguntarnos cómo nos gustaría que otros respondieran a nuestras situaciones emocionales y desde esa reflexión ser más receptivos al universo afectivo que otros tienen y que por razones diversas suelen ocultar.

La empatía es una cualidad, un poder que nos permite conocer y conectarnos con la subjetividad de quienes nos rodean. Sin ella podemos quedar aislados del corazón del prójimo, por eso haríamos bien en escuchar las palabras de Goldie Hawn, cuando advierte que “cuando perdemos empatía, perdemos también nuestra humanidad». Gracias por leerme. 

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