El Gobierno y su inflación como mal público (Parte II)

// Enrique González


Expliquemos unos temas fundamentales asomados por el oficialismo cuando pretenden achacar responsabilidad al sector privado sin que tales tesis cuenten con microfundamentos o coherencia alguna y a su vez veamos cómo la pérdida de aceptabilidad de la moneda por el mal desempeño de sus funciones y poca credibilidad hacia la misma envilece el signo monetario –problema que en su origen y la responsabilidad de corregirlo resulta estricta competencia y obligación del Gobierno, los responsables de la política fiscal y monetaria:

Lectura recomendada: El Gobierno y su inflación como mal público (Parte I)

1.- La inflación no es un tema especulativo: creemos oportuno tener claro, cuando menos una definición o aproximación inicial a qué se estaría refiriendo el término inflación, para no confundir cualquier movimiento de precios con la inflación. En palabras de Joaquín Sánchez Covisa[1]: “es importante subrayar que se trata de un aumento general de los precios y no de un aumento cualquiera de alguno o algunos precios. En efecto, en una época como la actual, en la cual la inflación tiene afortunadamente mala reputación –pese a lo cual no se lucha casi nunca eficazmente contra ella-, es corriente acusar a cualquier aumento de precios de aumento inflacionista. Ello es ciertamente falso. En una economía dinámica, en la cual varían incesantemente la tecnología, los ingresos y preferencias de los consumidores y la disponibilidad de los diversos recursos productivos, los precios tienen que estar sometidos a constantes modificaciones relativas. Unos tienen que subir y otros tienen que bajar. Esas bajas y esas alzas son variaciones naturales y saludables, que tienden a asegurar la racionalidad y el equilibrio del sistema. Lo que caracteriza la inflación no es el hecho de que suban uno, varios o muchos precios. Es el hecho de que suba la generalidad de los precios. Es el hecho de que suba esa magnitud estadística abstracta, que no es por otra parte nada fácil de determinar,maque llamamos el nivel general de los precios y simbolizamos ordinariamente con un índice general. Ahora bien, así como el precio no es más que la estimación del valor de una mercancía en términos de dinero, el valor recíproco del precio es evidentemente la estimación del valor del dinero en términos de la correspondiente mercancía.” Tal definición asoma que la inflación no es el caso puntual de precios en una mercado producto específico, sino un fenómeno generalizado, que transversalmente afecta a todos los mercados y sectores de la economía –es decir un mal público y generalizado, donde oferentes y demandantes resultan negativamente afectados y eventualmente terminaría beneficiado quien fomenta la inflación o el responsable de sus causas, como veremos más adelante, por monetizar el déficit y gasto público, y/o constituir responsable de la pérdida de confianza y aceptabilidad de la moneda: el Gobierno-.

Basados en la teoría microeconómica, a continuación presentaremos una serie de argumentos que explican por qué la inflación no constituye ni podría constituir un fenómeno especulativo producto del abuso de la posición de dominio de todas y cada una de las empresas que componen una economía:

  • Resulta imposible, inviable e insostenible una especie de tesis de cartel a lo largo de todos los sectores económicos, especialmente cuando puede existir conflicto de intereses entre los distintos estadios de la cadena de valor, diferentes poderes de negociación entre ellos, o por el otro lado complementariedad entre estos y en consecuencia comprensión que deben evitar poblemas de doble-marginalización.
  • Las instancias regulatorias y administrativas deberían agotar un test económico básico respecto al ejercicio de poder de mercado consistente en corroborar si las empresas en términos reales están presentando mayor rentabilidad en el escenario de recesión económica que en uno de expansión –lo anterior evitaría asumir posiciones espurias como la de la inflación especulativa-. Por lo general, las rentas de escasez se descreman en los mercados paralelos, donde los productores y oferentes primarios no participan. De hecho un test económico-jurídico internacionalmente utilizado para constatar el abuso explotativo de una posición de dominio vía manipulación de los factores de producción –por ejemplo restricción de la oferta- es comprobar si producto de una deliberada restricción de la oferta se estaría generando mayor beneficio –test que difícilmente encontraría constatación en el caso venezolano, donde muchas empresas difícilmente están pudiendo cubrir su break-even-point-.
  • En sintonía con el punto anteriormente expuesto, tendría que valorarse la inflación de costos, así como los inhibidores que han ralentizado la actividad económica en el país antes de asomar una tesis de guerra económica y de inflación especulativa.
  • La tesis gubernamental de inflación especulativa o inducida no cuenta con microfundamentos. Ni siquiera en un escenario de un monopolio natural, la empresa posee incentivos para aumentar los precios intertemporalmente y de forma irrestricta. Incluso un monopolio natural fijará el precio de monopolio en un período dado y no a lo largo de varios periodos debido a que la primera estrategia es un equilibrio de Nash mientras que la segunda una estrategia dominada –para que esperar mañana para fijar precio de monopolio si podría fijarlo hoy, lo contrario implica no actuar como un agente maximizador de beneficio-. Lo anterior significa que si usted puede fijar un precio de monopolio lo fijará hoy y no esperará día tras día para ir aumentando el precio hasta llegar al precio monopólico. Asimismo, ninguna empresa, ni siquiera un monopolio natural con poder de mercado aumentará sus precios a niveles superiores al precio de monopolio porque mayor será la pérdida asociada a ingresos no realizados sobre la demanda supramarginal que deja de demandar el bien que los ingresos adicionales producto del descreme de mercado sobre la demanda inframarginal cautiva. Lo anterior significa que ninguna empresa puede aumentar infinitamente sus precios porque llega un momento en el cual la gente deja de comprar el producto. En este sentido, debido a que la inflación por definición es el incremento intertemporal de los precios, jamás podrá ser producto del aumento irrestricto e intertemporal de precios por parte de las empresas como ejercicio de poder de mercado porque no existen incentivos para ello y no constituye un equilibrio de Nash.
  • En el caso que supongamos que los precios en un mercado son monopólicos, un ajuste regulatorio de los precios monopólicos constituiría una simple corrección de nivel y no de tendencia por lo que resultará inocuo respecto a la inflación o a la tendencia de crecimiento intertemporal en el nivel de los precios.
  • Exceso de Liquidez, Precios Relativos –especialmente el del dinero-, Aceptabilidad del Dinero

Los economistas clásicos, a través de la ecuación de cambio –P*Q=M*V, donde P es el nivel general de los precios, Q el total de la cantidad de bienes y servicios, M el stock de dinero y V la velocidad de circulación del dinero- y de la teoría cuantitativa del dinero, plateaban que existiendo flexibilidad en los precios, tanto de bienes como del salario, los cambios en la oferta de dinero no afectaría a las variables reales, sino que sólo generaría un ajuste idénticamente proporcional en los precios.

Así como los economistas clásicos, los monetaristas modernos enfatizaron que el dinero juega un rol en cada transacción. Pero a diferencia de los clásicos, los monetaristas consideraron al dinero no sólo como un medio de cambio sino asimismo como un bien valioso demandado por los agentes económicos, así como podrían estar demandando otros bienes y destinando parte de su patrimonio o presupuesto para demandarlos. El dinero resulta valioso porque éste facilita las transacciones y porque constituiría una alternativa para mantener o expresar la riqueza o el patrimonio. Por ejemplo, los hogares tomarán sus decisiones respecto a cuánto de su riqueza, patrimonio o ingresos destinarán en la forma de vehículos, ropa, activos fijos, activos financieros o efectivo. En este sentido, el dinero sería demandado debido a una serie de beneficios que le reportaría al demandante según las funciones que desempeña.

Milton Friedman afirma, “utilizando un símil médico, cabe hacer unas cuantas indagaciones en torno a la inflación. Primero, ¿cuál es la causa de la enfermedad? Segundo, ¿cuál es su remedio, si es que lo tiene? Tercero, ¿cuáles son sus efectos secundarios que el tratamiento puede tener? Y, por último, ¿qué ocurrirá si dejamos que el mal siga su curso? ¿Será peor el remedio que la enfermedad?”Según Friedman serían tres las causas de la inflación, cada una de ellas una fuente y forma de introducir exceso de liquidez o de dinero sin respaldo en valor real o productividad a una economía. La primera en la que los gobiernos, obligados a gastar, no se atreven a elevar abiertamente las cargas impositivas, recurriendo al impuesto encubierto de la inflación. Asegura Friedman que la inflación es un tipo de impuesto muy particular. Se trata de único tributo que puede ser introducido sin que nadie deba refrendarlo mediante su voto. Ningún congresista se vio en la necesidad de levantarse y decir: yo voto por la inflación. La segunda causa sería el compromiso que los gobiernos suelen asumir actualmente de dar trabajo a cuantos deseen obtenerlo, es decir, la denominada política de pleno empleo. La tercera causa aludida por Friedman son las erradas políticas aplicadas por la banca oficial, de incremento de la oferta monetaria con la intención de mantener bajo el precio del dinero. Friedman circunscribe las fuentes y vicios de la inflación afirmando que la inflación no es un fenómeno capitalista ni comunista, sino el efecto del empleo desconsiderado de la máquina de hacer billetes.

Economista UCV. Master in Competition and Market Regulation, BarcelonaGSE, Universidad Pompeu Fabra, Universidad Autónoma de Barcelona. Postgraduate Diploma in Economics for Competition Law, Kings College London.

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