Educación, la verdadera siembra: "Infraestructura de infraestructuras"
El destino de Venezuela no se decidirá en la profundidad de sus pozos ni en la capacidad de sus turbinas, sino en las aulas presenciales y virtuales, laboratorios y centros de formación de su gente
En julio de 1936 en un diario venezolano, Arturo Uslar Pietri condensó en tres palabras el mayor desafío existencial de la Venezuela moderna: «sembrar el petróleo».
La metáfora era tan clara como urgente: transformar la riqueza minera, finita y circunstancial, en una economía productiva y diversificada. Casi un siglo después, con el espejo retrovisor implacable del tiempo y los ciclos de bonanza y colapso tras de nosotros, el diagnóstico es inexcusable: Venezuela no sembró el petróleo.
Se construyó, sí, una vasta infraestructura física e institucional. Durante décadas, la renta fiscal financió autopistas, viaductos, el imponente complejo hidroeléctrico del Guri y las industrias básicas de Guayana.
En el ámbito educativo, se levantaron miles de escuelas y liceos, se redujeron drásticamente los índices de analfabetismo y se formó a toda una generación de profesionales técnicos y universitarios dentro y fuera del país mediante hitos como el Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho.
Sin embargo, confundimos la masificación con la transformación estructural. Levantamos obras y aulas, pero nunca cambiamos los paradigmas culturales de fondo: educamos a una sociedad bajo la ficción de que Venezuela ya era un país «rico» por su subsuelo, su posición geográfica privilegiada y su variedad de paisajes; cuando la auténtica riqueza —aquella que se crea con una economía diversificada, institucionalidad sólida, ética, productividad, competitividad, ciencia e innovación— nunca se llegó a consolidar.
Y no se llegó a consolidar porque quien conoce el campo sabe que sembrar no es suficiente, hay que regar (mantener las obras, mejorar continuamente la educación, mantener el endeudamiento externo a raya y administrar responsablemente los recursos), desmalezar (exige combatir la corrupción, el clientelismo, la improvisación y la dependencia de las importaciones), guardar semillas (implica crear fondos de ahorro e instituciones capaces de gestionar los ciclos de precios del petróleo) y cosechar (significa convertir la inversión original del petróleo en exportación diversificada, empleos de calidad, competitividad, ciudadanía, innovación y progreso sostenible)
Ante la perspectiva de un nuevo ciclo de inversiones energéticas e infraestructura eléctrica para el país, el debate público vuelve a centrarse, de manera casi exclusiva, en el capital tangible: el número de taladros, los barriles diarios, los megavatios de generación y los kilómetros de red eléctrica. Si bien estas inversiones son técnicamente indispensables para la operatividad del país, concentrar la mirada únicamente en el subsuelo y en los fierros nos expone al riesgo inminente de cometer el mismo error histórico.
La economía global del siglo XXI ha demostrado de forma contundente que la verdadera plataforma de una nación no está hecha de concreto ni de acero, sino de conocimiento, innovación, institucionalidad y capacidades técnicas.
Países desprovistos de recursos naturales han alcanzado estándares insuperables de desarrollo apostando a la mente y creatividad de sus ciudadanos, mientras que naciones ricas en minerales han quedado atrapadas en el espejismo de la renta.

Desconexión social respecto a la gravedad del problema educativo
Lamentablemente, la educación y formación como palanca de desarrollo económico y social equitativo y sostenido no están en el discurso gerencial ni del sector público ni del privado.
Es un problema silente del cual preferimos no hablar, como si por ello dejara de existir. La Encuesta Nacional Venezuela Junio-Julio 2026 realizada por CID Gallup a beneficio del Center for Insights in Survey Research incluye preguntas, cuyos resultados, respaldan lo comentado:
– ¿Cuál es el problema más importante al que se enfrenta nuestro país en este momento? La educación ocupa el número 14, de un total de 16, con apenas un 1%. Solo 1 de cada 100 ciudadanos la considera la máxima prioridad del presente.
– Cuando se plantea la pregunta: ¿Cuál es el problema más importante al que se enfrentará nuestro país en el futuro? La educación asciende a la posición número 6 con un tímido 6%, es decir, solo 6 de cada 100 venezolanos considera que a futuro este será el problema más importante.
Resulta alarmante, en las actuales circunstancias, que la gran mayoría de los venezolanos, de acuerdo a la citada encuesta, no identifique la educación como el eje central de su propio porvenir.
Si la infraestructura física es el cuerpo de la economía, la educación es la infraestructura de infraestructuras. Invertir miles de millones de dólares en pozos y centrales eléctricas sin alinear, en paralelo y con la misma urgencia, la reconstrucción integral del sistema educativo aboca al país a dos trampas históricas: la dependencia estructural de tecnología y talento importado, y la obsolescencia prematura de obras que sin mantenimiento calificado terminan reducidas a ruinas industriales.
Si sembramos una educación pobre recogeremos pobreza; si sembramos una educación de calidad, recogeremos prosperidad. La pregunta es: ¿Qué tipo de sociedad queremos cosechar? Cada decisión sobre educación, formación docente, infraestructura, pensum y apoyo a las familias de educadores y educandos, tarde o temprano, se convertirá en empleo, innovación, cohesión social o, por el contrario, en exclusión y desigualdad.
Cinco propuestas para no repetir la historia
Para evitar reincidir en los errores del pasado, la discusión sobre el nuevo ciclo de inversiones energéticas debe incorporar desde el día uno reglas claras de asignación de valor hacia la sociedad:
1.- Fondos de capital humano ligados al sector energético: Establecer por ley y contrato que un porcentaje transparente de las regalías e inversiones privadas esté destinado al financiamiento de la educación nacional en todos sus niveles, la investigación y la infraestructura académica.
2.- Reconstrucción de la educación básica y actualización técnica: Atender la base de la pirámide educativa de forma prioritaria. No hay educación superior ni técnica posible sin escuelas primarias y secundarias fortalecidas. Esto exige restituir el calendario escolar a tiempo completo, erradicar la brecha de aprendizajes en ciencias y lectura, y articular los niveles superiores con las demandas de la economía moderna y la transformación digital.
3.- Dignificación y atracción del talento docente: Implementar un plan nacional de rescate de la profesión docente en educación básica y universitaria, garantizando remuneraciones competitivas, formación continua y programas de incentivos que frenen la deserción escolar y atraigan a las mejores mentes a las aulas.
4.- Blindaje institucional y gobernanza transparente: Crear fideicomisos o fondos soberanos con administración independiente, auditorías públicas e internacionales y reglas fiscales estrictas que impidan que los recursos destinados a la educación se desvíen hacia el gasto corriente del Estado o la rentabilidad política.
5.- Transferencia tecnológica y desarrollo de proveedores locales: Condicionar la inversión internacional a la financiación de centros de I+D en el país, alianzas con universidades locales, certificación de talento nacional y capacitación de pymes para integrarlas en la cadena de valor industrial.
Sembrar educación en esta nueva etapa no significa simplemente erigir aulas o repartir títulos. Significa educación continua, prospectiva estratégica (regar) erradicar definitivamente el mito de la riqueza regalada (desmalezar) y entender que el petróleo en el subsuelo es un activo que se agota con cada barril extraído (guardar semillas), mientras que el conocimiento es un activo acumulativo que se multiplica con cada ciudadano capacitado (cosechar).
Al iniciar una nueva era de reconstrucción, la lección debe ser asumida con claridad meridiana: el destino de Venezuela no se decidirá en la profundidad de sus pozos ni en la capacidad de sus turbinas, sino en las aulas presenciales y virtuales, laboratorios y centros de formación de su gente. La siembra del siglo XXI no es mineral, es intelectual.
Una sociedad que educa siembra capacidades para el futuro; pero, al igual que una cosecha, esa siembra exige riego constante, cuidado y protección frente a las tormentas.
Solo así la educación podrá convertirse en ciudadanía, institucionalidad, ética y confianza; como diría Bernardo Kliksberg, los cuatro elementos claves del capital social para el desempeño económico y el desarrollo democrático de los países.
En fin, el nuevo ciclo energético esta vez debe impulsar una verdadera economía del conocimiento, para ello, proponemos Sembrar la Educación.
*El autor es doctorando en Gerencia, en la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Lea más contenido interesante y actual:
Venezuela acumula 24 semanas como el segundo mayor proveedor de petróleo de EEUU
Subsecretario de Comercio de EEUU visitó el Hospital Vargas de Caracas para conocer los equipos médicos de Philips
Somos uno de los principales portales de noticias en Venezuela para temas bancarios, económicos, financieros y de negocios, con más de 20 años en el mercado. Hemos sido y seguiremos siendo pioneros en la creación de contenidos, análisis inéditos e informes especiales. Nos hemos convertido en una fuente de referencia en el país y avanzamos paso a paso en América Latina.
Síguenos en nuestro Canal de WhatsApp, Telegram, Instagram, Twitter y Facebook
