Cifra de automóviles eléctricos registrados en el mundo supera el millón

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Los primeros coches con motor de explosión escandalizaron por el ruido y los malos olores pero, aunque parezca paradójico, a principios del siglo XX fueron una alternativa ecológica porque sacaron a los caballos y su estiércol de las ciudades. Los primeros coches eléctricos destacan por todo lo contrario. Son limpios y silenciosos.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha redactado el informe Global EV Outlook 2016 que retrata el panorama del vehículo eléctrico en 2016. El estudio destaca que el sector del transporte es el responsable del 23% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Este problema fue abordado en la 21ª Conferencia Internacional sobre Cambio Climático celebrada en París a finales de 2015, donde se estableció la urgente necesidad de dar una respuesta global para que el aumento de la temperatura media se quede por debajo de los 2 grados. El cambio pasa inexorablemente por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que compromete directamente al sector del transporte.

Los vehículos eléctricos, tanto híbridos como totalmente eléctricos, están en el corazón de un sistema de transporte sostenible que además debe tener en cuenta la mejora del transporte público y la optimización de las estructuras urbanas para reducir las distancias de los desplazamientos.

Las ventajas de los vehículos eléctricos con respecto a las emisiones de CO2 están condicionadas a que la electricidad con la que funcionan tenga una intensidad de carbono inferior a 700 g CO2/kWh (gramos de CO2 por kilovatio-hora), todo un reto para los países que dependen de los combustibles fósiles para generar electricidad.

En la actualidad los vehículos eléctricos constituyen tan sólo el 0.1 por ciento del total de coches del mundo. Esto no es suficiente para que la reducción de gases de efecto invernadero sea significativa, pero recientemente se han producido cambios importantes.

2015, el año del millón

En 2015 se vendieron 550,000 vehículos eléctricos en todo el mundo, llegando a los 1.26 millones de coches matriculados, un tercio de ellos en Europa. Esto supone un crecimiento global del 77% en 2015 y del 84% en 2014. Todo un éxito si tenemos en cuenta que en 2005 todavía se contaban por cientos.

Ese mismo año China superó a Estados Unidos como el mayor mercado del mundo. El país asiático es también el mercado global donde más han crecido las ventas de motos y autobuses eléctricos. La penetración de mercado superó el 1 por ciento en siete países: Noruega, Holanda, Suecia, Dinamarca, Francia, China y el Reino Unido. En Noruega se llegó al 23% y en Holanda casi al 10%.

Nueve de cada diez coches se vendieron en ocho países: China, Estados Unidos, Holanda, Noruega, Reino Unido, Japón, Alemania y Francia. Todos ellos, salvo Japón y Estados Unidos, tuvieron importantes crecimientos entre 2014 y 2015.

Al mismo tiempo que crecía el stock de vehículos eléctricos, se ha observado un importante despliegue de puntos de recarga no sólo en zonas urbanas. Estas cifras resaltan los esfuerzos realizados conjuntamente por los gobiernos y la industria durante los últimos años.

El futuro

La Iniciativa de Vehículos Eléctricos, un proyecto internacional que promueve el uso del coche eléctrico, plantea que para 2020 en el mundo haya 20 millones de coches eléctricos.

La Declaración de París sobre Movilidad eléctrica y Cambio Climático estableció el objetivo de que haya 100 millones de coches eléctricos y 400 millones de vehículos de dos y tres ruedas en 2030.

La AIE es más ambiciosa que la Declaración de París y propone que en 2030 hayamos llegado a los 150 millones.

Cualquiera de estas propuestas plantea un crecimiento inferior a los que caracterizaron la rápida transformación de algunos mercados del automóvil en los últimos años, como los vehículos diésel en los 90 o los eléctricos en Noruega y Holanda en los últimos cinco años. Esto sugiere que el objetivo es posible incluso contando con los problemas que suponen la limitada infraestructura de recarga, la autonomía de las baterías y su costos. La industria está trabajando en ello.

El precio importa

La mejora de la eficiencia de los coches eléctricos les permite tener costos por kilómetro inferior al de los vehículos de combustión interna. Con los impuestos actuales de la electricidad y el petróleo, un viaje de 100 kilómetros en coche eléctrico costaría entre un cuarto y un quinto del mismo viaje realizado en un coche convencional de combustión interna en Europa.

Pero el informe de la IEA confirma que un vehículo eléctrico de batería es 4,000 dólares más caro que un vehículo de combustión interna con unas prestaciones equivalentes y un coche híbrido es 2,000 dólares más caro.

El progreso tecnológico y la fabricación a gran escala son determinantes para que los costos se igualen con los coches convencionales de combustión interna pero, de momento, el éxito de la proliferación del vehículo eléctrico depende de las políticas de apoyo, implantar una extensa red de puntos de recarga y que la investigación no se detenga para conseguir baterías más eficientes y baratas.

En este sentido, las últimas noticias son favorables al coche eléctrico. El costo de las baterías ha bajado un 75 por ciento desde el año 2008 y está previsto que descienda más. Su autonomía también está mejorando como lo demuestran anuncios recientes de fabricantes como Tesla, cuyo modelo Tesla 3 podrá circular 350 kilómetros con una sola recarga.

Todos los países donde el vehículo eléctrico empieza a ser importante han implantado algún tipo de políticas de apoyo al coche eléctrico. Las preferencias de los consumidores por vehículos híbridos o 100 por cien eléctricos varían en función de esas políticas nacionales de apoyo a uno u otro tipo de automóvil.

En cuanto a los vehículos de dos ruedas, el stock mundial estimado supera las 200 millones de unidades. China es el líder global de los vehículos de dos ruedas eléctricos y casi el único país relevante en el sector. China es también el líder mundial en el desarrollo de una flota de autobuses eléctricos con más de 170,000 autobuses circulando en la actualidad. Estas cifras se deben al interés del Gobierno chino en electrificar el transporte público acuciado por la urgente necesidad de reducir los niveles de contaminación de sus ciudades.

Puntos de recarga

El crecimiento de los puntos de recarga ha ido en paralelo al del stock de coches eléctricos. El número total de puntos de recarga en 2015 era de 1.45 millones, frente a los 0.82 millones de 2014.

Existen dos tipos de puntos de recarga. Los lentos o de baja potencia están pensados para vehículos con baterías de poca capacidad, motos y bicicletas. También se puede utilizar para recarga de emergencia cuando no haya posibilidad de hacerlo en uno de potencia elevada que recargan el vehículo rápidamente. Los primeros crecieron un 73% en 2015 y los de recarga rápida un 63%.

Por países los porcentajes varían en función de la naturaleza de su mercado. En China el elevado número de puntos de recarga rápida se debe a la enorme flota de autobuses y, en Holanda, su bajo número es debido al elevado porcentaje de vehículos híbridos del país.

Al igual que ocurre con la compra de vehículos eléctricos, los países pueden adoptar medidas de apoyo para el despliegue de puntos de recarga tanto públicos como privados, de recarga lenta y rápida.

Algunos países como Francia obligan además a que todos los edificios residenciales o de oficinas de nueva construcción incluyan puntos de recarga para vehículos eléctricos. En Noruega existe el programa Enova que plantea que haya dos puntos cada 50 kilómetros en la red principal de carreteras del país.

La recarga de un coche eléctrico requiere que la potencia y los tiempos de la misma estén adecuadamente dimensionados. Los puntos de recarga lenta se suelen instalar en aparcamientos de viviendas y oficinas donde el tiempo no es un problema.

El perfil de uso de los puntos de recarga rápida requiere minimizar el tiempo de la misma por lo que no son compatibles con dar una respuesta a la demanda cuando se acumulan. Además, tienden a infrautilizarse por la noche y no pueden integrarse en la red de baja tensión de las viviendas. Sin embargo, las estaciones de puntos de recarga rápida pueden dimensionarse al planificar la ciudad y así minimizar su impacto.

Hasta ahora, ha habido poca coordinación entre fabricantes de coches, operadores de electricidad, organismos reguladores y consumidores por lo que hay espacio para mejorar en este campo.

Conforme avance la implantación del vehículo eléctrico, no hay que olvidar el impacto que tendría una reducción de los ingresos por los impuestos que se aplican a los combustibles fósiles. Los beneficios son importantes: contribuyen a diversificar la energía, mitigar el cambio climático y reducen el ruido y la contaminación.

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