Beatificación de Carmen Rendiles celebrada en acto masivo

// AFP

Beatificación de Carmen Rendiles celebrada en acto masivo



La religiosa Carmen Rendiles, fundadora de una congregación en Venezuela, fue proclamada este sábado en Caracas como beata de la Iglesia Católica por un enviado del papa Francisco.

Rendiles «vivió con fidelidad ejemplar la consagración religiosa (…). A partir de ahora en adelante será proclamada con el nombre de beata», reza una carta del pontífice leída por su enviado, el cardenal Angelo Amato, ante miles de feligreses en el estadio Universitario de la capital venezolana.

La beatificación, último paso previo en los ritos católicos a la canonización como santo, fue acompañada con ovaciones y cantos por los presentes, muchos de los cuales agitaban en el aire globos blancos y azules.

Firmada en El Vaticano por el Papa y divulgada por la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), la misiva está fechada el 1 de junio de 2018.

Rendiles nació en Caracas el 11 de agosto de 1903, sin el brazo izquierdo por problemas en su gestación, y falleció el 9 de mayo de 1977 por complicaciones de salud tras una gripe. La causa por su beatificación comenzó en 1995.

Fundadora en 1965 de la congregación Siervas de Jesús de Venezuela, es la tercera beata venezolana, tras las madres María de San José y Candelaria de San José.

Según un mensaje de los obispos venezolanos, la declaración como beata de Rendiles fue precedida por la decisión del papa Francisco, en diciembre de 2017, de «reconocer la autenticidad de un milagro realizado» por su «intercesión».

Una cirujana, Trinette Durán, relata que fue curada de una lesión en un brazo por «un rayo de luz» que salió de una imagen de la religiosa. Su mal, que le causaba gran dolor, se había producido al recibir una fuerte descarga eléctrica cuando realizaba una operación.

«Como ella nació sin un brazo, quiso curarme el mío», asegura Durán.

Ningún venezolano ha sido declarado santo, aunque José Gregorio Hernández, un médico conocido como el «doctor de los pobres», es sentido como tal por millones de feligreses. Fue declarado venerable por el fallecido papa Juan Pablo II en 1986.

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