14/10/2026 12:08 PM
| Por Por: Enrique González / Especial para Banca y Negocios

#Análisis Nueva normalidad del consumo venezolano: más transacciones, mismo ingreso

Trade Solutions ha señalado que el mercado venezolano experimenta una “normalización del consumo” en algunos rubros, pero advierte que no debe confundirse con un aumento estructural del ingreso disponible.

#Análisis Nueva normalidad del consumo venezolano: más transacciones, mismo ingreso

Las compras en los supermercados venezolanos han aumentado hasta un 50% impulsadas por las aplicaciones de “compre ahora y pague después”, según datos de la Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios (ANSA).

Además, las visitas de consumidores a estos establecimientos han crecido en un 30% por la misma modalidad, de acuerdo con las declaraciones de Ítalo Atencio, presidente del gremio.

Este doble incremento ha sido interpretado por algunos actores como una señal de recuperación del consumo y, por extensión, del poder adquisitivo, pero una lectura más cuidadosa sugiere que el fenómeno está más vinculado a la disponibilidad de instrumentos de pago diferido que a un aumento real de los ingresos de los hogares.

Las aplicaciones BNPL han permitido que más personas adquieran productos regulares porque pueden pagar en 14 días, e incluso sin inicial en momentos excepcionales como el doblete sísmico del 24 de junio, cuando las plataformas ofrecieron compras sin pago adelantado.

El poder adquisitivo no ha aumentado

Este mecanismo, útil para aliviar descalces temporales entre el momento de cobrar y el momento de comprar, no implica que el poder adquisitivo haya aumentado, sino que se ha flexibilizado la forma de financiar necesidades recurrentes.

La expansión de estas aplicaciones también puede estar incorporando a consumidores que antes estaban excluidos del crédito tradicional, especialmente en un país donde el financiamiento bancario al consumo ha sido históricamente limitado.

Trade Solutions ha señalado que el mercado venezolano experimenta una “normalización del consumo” en algunos rubros, pero advierte que esta normalización no debe confundirse con un aumento estructural del ingreso disponible: se trata más bien de una reorganización de los patrones de compra facilitada por nuevos instrumentos de pago.

En este sentido, el BNPL reduce la fricción temporal entre necesidad y liquidez, pero no incrementa la capacidad de compra estructural.

La mayor frecuencia de visitas a los supermercados, que Atencio describe como un aumento del tráfico de personas y de compras, puede ser consecuencia de esta nueva facilidad de pago, pero no necesariamente un indicador de bienestar económico.

En economías con ingresos volátiles, los instrumentos de pago diferido suelen generar la ilusión de un mayor poder adquisitivo, cuando en realidad solo redistribuyen el gasto en el tiempo.

Los datos de Datanálisis refuerzan esta interpretación. La firma ha documentado que el consumidor venezolano sigue operando bajo fuertes restricciones presupuestarias, con alta sensibilidad al precio y una marcada priorización de bienes esenciales.

Aunque algunos segmentos muestran un leve repunte en la compra de productos regulares, este comportamiento responde más a la disponibilidad de mecanismos de pago diferido que a una mejora en los ingresos.

Consumidor defensivo

El artículo también muestra que los consumidores se han diversificado en cinco perfiles, entre ellos el “consumidor defensivo”, que compra solo lo indispensable, y el “consumidor racional”, que calcula cada gasto con precisión.

La presencia de estos perfiles evidencia que el aumento de visitas no se debe a una mejora sustancial de los ingresos, sino a la aparición de mecanismos que permiten suavizar temporalmente las restricciones presupuestarias.

Interpretar el incremento de compras como un signo de recuperación del poder adquisitivo sería desconocer la naturaleza del fenómeno: los consumidores no están comprando más porque ganan más, sino porque ahora pueden pagar después.

La modalidad BNPL puede aumentar la demanda agregada en el corto plazo y reducir la recencia de visitas, pero no transforma la estructura de ingresos ni la capacidad real de consumo. Lo que se observa es una adaptación del mercado a instrumentos que permiten gestionar mejor la escasez de liquidez, no una mejora del bienestar económico.

En este sentido, el crecimiento del tráfico en supermercados y el aumento de compras regulares deben interpretarse con cautela: son señales de un cambio en los medios de pago, no en la solvencia de los hogares. La ilusión de mayor poder adquisitivo puede ser funcional para dinamizar el comercio, pero no debe confundirse con una recuperación económica real.

El autor es economista egresado de la  Universidad Central de Venezuela (UCV).

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