Análisis: Cómo la Casa Blanca convirtió a Venezuela en su carta maestra para las Legislativas
Con una economía venezolana que aún enfrenta una inflación acumulada, al mes de septiembre, de 225,3% y que necesita con urgencia destrabar activos e inversiones extranjeras, el resultado que arrojen las urnas hoy en Estados Unidos determinará el margen de maniobra de la Casa Blanca para sostener su apuesta hemisférica.
A pocas horas de la apertura de las urnas en Estados Unidos para definir el control del Congreso, la imagen del secretario de Estado, Marco Rubio, junto al recién designado canciller venezolano, Oliver Blanco, funcionó como el broche diplomático de una campaña marcada por la urgencia energética.
En su mensaje oficial, Rubio subrayó el respaldo de Washington a un proceso de reconciliación y reforma institucional liderado por venezolanos para sentar las bases de elecciones libres, justas y creíbles.
Lejos de ser un simple gesto protocolar tras el restablecimiento de relaciones bilaterales, la fotografía desde el Departamento de Estado articula las dos piezas con las que la Casa Blanca busca retener su mayoría legislativa: crudo barato para el bolsillo estadounidense y garantías políticas para el votante sensible al caso venezolano.
Con el barril de Brent superando los 106 dólares, el WTI rozando los 98 dólares y la gasolina acumulando un alza interanual del 40% debido a la guerra con Irán y el bloqueo en el Estrecho de Ormuz, el oficialismo republicano necesitaba exhibir un salvavidas energético inmediato.
El propio presidente Donald Trump asumió esa tarea en el cierre de su campaña electoral al colocar a Venezuela en el centro del tablero geo energético global.
Tras exhibir en Texas un buque con un millón de barriles de crudo venezolano como trofeo de una intervención militar que calificó como una operación de menos de un día sin bajas estadounidenses, Trump aseguró en la víspera de los comicios que la suma de las reservas de Estados Unidos y las de Venezuela le otorga a Washington el control de más del 50% del petróleo mundial, superando la capacidad combinada de Arabia Saudita y Rusia.
Sin embargo, mientras el discurso presidencial de control petrolero y pragmatismo con el gobierno interino apunta a calmar la ansiedad inflacionaria en los estados industriales y petroleros, también ha generado escepticismo en el ala más dura del exilio en Miami y en sectores opositores que exigen mayor transparencia en los contratos energéticos.
Ahí es donde entra la calculada puesta en escena del jefe de la diplomacia estadounidense antes de que los votantes acudan a las urnas. Al recibir a Blanco —un joven ex dirigente opositor que asumió la Cancillería hace apenas días—, Rubio envía la señal al electorado de la Florida de que el flujo de caja petrolero no equivale a un cheque en blanco para Caracas, sino que está atado a una hoja de ruta que exige la renovación del Tribunal Supremo de Justicia antes de fin de año y del Consejo Nacional Electoral, en el primer trimestre del año próximo.
Para los mercados financieros y el sector energético, esta pinza entre el discurso de hegemonía petrolera de Trump y la presión institucional de Rubio confirma que el caso Venezuela dejó de ser un expediente sancionatorio para convertirse en un activo económico de primer orden en la política norteamericana.
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