Rusia y China desatan la represión contra demandas de democracia

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Rusia y China desatan la represión contra demandas de democracia



Rusia y China, los principales países aliados del gobierno del presidente Nicolás Maduro, enfrentan complejas situaciones políticas por demandas de mayor libertad política y democracia en el funcionamiento de las instituciones.

El gobierno del presidente Vladimir Putin, un hombre cebado en el poder y que ejerce la presidencia con marcado autoritarismo enfrenta una nueva ola de protestas contra un sistema electoral sesgado con normas que discriminan a los candidatos opositores.

En China, la dictadura comunista del PCCH es objeto de manifestaciones en Hong Kong, un territorio que la monarquía institucionalizada que ahora conduce Xi-Jinping reivindica como suyo, pero que culturalmente está ligado al modelo de democracia occidental, donde el derecho a salir a la calle para demandar cambios políticos, en general, se respeta.

– Rusia justifica la «mano dura» –

El gobierno ruso consideró «justificada» la firmeza de las fuerzas de seguridad en las manifestaciones a favor de elecciones libres que se registran en Moscú desde mediados de julio y negó que exista una «crisis política» en Rusia.

«No estamos de acuerdo con los que califican los acontecimientos de ‘crisis política'», declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

«Consideramos totalmente justificada la firmeza de las fuerzas de seguridad para poner fin a la perturbación del orden público», agregó Peskov, en la primera reacción del Kremlin ante esas manifestaciones inéditas desde el retorno de Vladimir Putin a la presidencia de Rusia.

El sábado 9 de agosto casi 50.000 partidarios de la oposición se manifestaron  en Moscú para pedir elecciones libres, y 136 de ellos fueron detenidos, en una de las mayores protestas autorizadas desde el regreso al Kremlin en 2012 del presidente Vladimir Putin.

Si bien esta concentración autorizada, pero limitada a una sola avenida de la capital, se desarrolló sin incidentes, varios cientos de personas quisieron continuar la manifestación frente a la administración presidencial, donde les esperaba una gran presencia policial.

Un total de «136 personas fueron detenidas por violaciones de la ley durante una acción no autorizada en el centro de Moscú», indicó la policía de Moscú en un comunicado. Un periodista de la AFP fue testigo de unas 50 detenciones.

Unas 49.900 personas protestaron en la capital rusa, según laONG Contador Blanco, especializada en el recuento de manifestantes. Pero, según la policía de Moscú, a la manifestación acudieron 20.000 personas.

En el cuarto fin de semana consecutivo de protestas, la movilización, inédita desde el regreso de Vladimir Putin al Kremlin en 2012, creció en Moscú a pesar de la dura respuesta de las autoridades y la ausencia de la mayoría de los líderes de la oposición, prácticamente todos ellos encarcelados.

En la avenida Sájarov, cerca del centro de la capital rusa, los manifestantes desfilaron en calma con pancartas en las que exigían «Dennos el derecho a voto» o «Nos mintieron», mientras que otros ondeaban banderas rusas y mostraban fotografías de activistas detenidos.

«Me indigna esta injusticia en todos los niveles. No dejan que se presenten candidatos que reunieron el número de firmas necesario. Detuvieron a gente por manifestarse pacíficamente», aseguró a la AFP Irina Dargolts, una ingeniera de 60 años.

«Tengo la impresión de que el país es prisionero y sus ciudadanos son rehenes […] Nadie representa al pueblo», lamentó Dmitri Jobotovski, un militante del movimiento «Rusia Abierta», del ex oligarca en el exilio Mijail Jodorovski.

La última figura de la oposición en libertad, la joven abogada Liubov Sobol, fue detenida antes de la manifestación tras un registro en su local de campaña.

«No puedo acudir a la manifestación. Pero saen qué hacer sin mí. Estoy orgullosa de todos aquellos que salieron a la calle», afirmó en su cuenta de Twitter, antes de ser liberada unas horas después.

La movilización comenzó después de que se rechazaran unas 60 candidaturas independientes para las elecciones locales del 8 de septiembre, que se anuncian difíciles para los candidatos que apoyan al poder en un contexto de malestar social.

Las dos anteriores manifestaciones de la oposición, prohibidas, el 27 de julio y el 3 de agosto, se saldaron con 1.400 y 1.000 detenidos respectivamente.

Esta mano dura también se ve reflejada en los numerosos registros contra opositores o simples manifestantes, la apertura de una investigación por «blanqueo» a la organización del líder opositor Alexéi Navalni, actualmente en prisión, y las cortas penas de cárcel a las que fueron condenados casi todos sus aliados políticos.

– Protestas en Hong Kong: Pekín ve «terrorismo» –

El aeropuerto de Hong Kong suspendió otra vez este martes 13 de agosto todos los registros de pasajeros, debido a nuevas manifestaciones pro democracia, después del caos generado la víspera por la cancelación de cientos de vuelos que llevó a la jefa del ejecutivo local a denunciar el riesgo de abocar a la ciudad a un «camino sin retorno».

En el quinto día de una movilización sin precedentes en el octavo aeropuerto mundial, los manifestantes endurecieron la protesta con el bloqueo de los pasillos que conducen a las zonas de embarque de las dos terminales. Las autoridades aeroportuarias decidieron anular todos los registros.

«Las operaciones en las terminales del aeropuerto internacional de Hong Kong fueron seriamente perturbadas debido a una concentración pública», indicaron las autoridades del aeropuerto en un comunicado, en el que anunciaron la suspensión de los registros de pasajeros por la tarde.

El lunes, el aeropuerto tomó la inusual decisión de anular cientos de vuelos, debido a las manifestaciones. Y si bien los despegues y aterrizajes volvieron a reanudarse brevemente el martes por la mañana, decenas de miles de pasajeros se vieron afectados.

Por su parte, China dirigió su advertencia más dura desde el inicio de la movilización hace 10 semanas, a través de videos difundidos por sus medios oficiales en los que se muestra a las fuerzas del orden agolpándose en la frontera de la región semiautónoma.

La ex colonia británica atraviesa su crisis política más grave desde su reingreso a China en 1997, desencadenada por el rechazo a un proyecto de ley que autorizaba las extradiciones hacia China, la movilización de Hong Kong amplió sus reivindicaciones para denunciar un retroceso en las libertades y una injerencia de China.

El movimiento, cada vez más salpicado de enfrentamientos entre radicales y la policía, constituye un desafío inédito para el gobierno central, que el lunes dijo ver «signos de terrorismo».

La jefa de gobierno de Hong Kong -que es designada por Pekín-, Carrie Lam, alertó este martes de nuevo sobre las peligrosas consecuencias para la ciudad, uno de las capitales mundiales de las finanzas.

«La violencia, ya sea su uso o su justificación, llevará a Hong Kong por un camino sin retorno y hundirá a la sociedad de Hong Kong en una situación muy preocupante y peligrosa», aseguró en una rueda de prensa.

«La situación en Hong Kong la semana pasada me hizo temer que hayamos llegado a esta peligrosa situación», añadió.

«Pido de nuevo a todo el mundo poner sus diferencias de lado y calmarse», continuó. «Tómense un momento para pensar, miren nuestra ciudad, nuestro hogar. ¿Realmente quieren que lo lleven al abismo?», lanzó.

Por otra parte, la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, expresó el martes su preocupación por la represión de esas protestas y reclamó una «investigación imparcial» en la ex colonia británica.

Bachelet «condena cualquier forma de violencia […] y exige a las autoridades hongkonesas abrir una investigación rápida, independiente e imparcial» sobre el comportamiento de las fuerzas de seguridad, indicó su portavoz Rupert Colville en Ginebra.

El aeropuerto es desde hace varios días el centro de todas las miradas debido a una sentada que comenzó el viernes, una manera para los manifestantes de sensibilizar a los viajeros extranjeros en su causa.

Esta acción sin embargo adquirió un nuevo cariz el lunes con el aumento de participantes -más de 5.000- y por el hecho de que algunos de ellos entraron en el vestíbulo de salidas, cuando hasta ahora habían permanecido en el de llegadas para no perturbar la actividad.

El martes por la mañana, el tráfico se reanudó progresivamente pero la situación se deterioró por la tarde cuando regresaron miles de manifestantes, la inmensa mayoría con ropa negra, color emblemático del movimiento.

Los manifestantes volvieron a mostrar pancartas y grafitis, algunos de los cuales decían «ojo por ojo».

Este fue el eslogan adoptado para la protesta, después de que una mujer sufriera una grave lesión en el rostro que le habría hecho perder la vista de un ojo durante una manifestación la noche del domingo, que derivó en actos de violencia.

El martes, medios oficiales chinos calificaron a los manifestantes de «gángsters» y amenazaron con el fantasma de una intervención de las fuerzas de seguridad.

Dos medios públicos, el Diario del Pueblo y el Global Times, emanaciones directas del Partido Comunista, difundieron videos en los que supuestamente se veían blindados de transporte de tropas dirigiéndose hacia Shenzhen, metrópolis a las puertas de Hong Kong.

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