La Ley Orgánica de Precios Justos y sus Providencias 003 y 070 disponen que la determinación de precios justos de bienes y servicios, se realiza mediante el análisis de las estructuras de costos, la fijación del porcentaje máximo de ganancia y la fiscalización efectiva de la actividad económica y comercial. En hiperinflación su aplicación es inviable.

La nueva Ley de Precios acordados establece los principios y bases para lo que llama “Programa de Precios Acordados”, mediante el diálogo y la corresponsabilidad entre los sectores de la sociedad, a través del estímulo a la producción, distribución y comercialización de los bienes y servicios. Aunque un poco más justa, ya que introduce el término de costo de reposición y que los bienes vararían en la medida que aumenten sus elementos de producción.

Revisando algunos conceptos, es importante en estos tiempos hacer frente a la hiperinflación considerando algunos lineamientos para la fijación de precios.

Importante que en estos tiempos los inventarios sean valorados al costo de reposición que es el valor o precio de mercado que se debe pagar para reponer una mercadería o materia prima (contablemente se utiliza el costo de reposición para valorizar las existencias o inventarios cuando existe inflación).

Si el empresario no ajusta su costo de reposición (aumentando el porcentaje de ganancia), entonces habrá perdido las ganancias y parte de su capital. El empresario ajusta sus costos de reposición subiendo las ganancias, inyecta capital de trabajo y adquiriendo suficiente inventario al mejor precio o se expone a no poder comprar más mercancía, producir menos o simplemente cerrar.

El problema de la inflación en la fijación de precios

Definir un precio cuando hay elevada inflación se dificulta, en primer lugar, porque no se sabe cómo se comportarán los costos de producción. Adquirir materia prima y pagar salarios, alquileres, servicios y el resto de los múltiples elementos que integran el costo de producción, constituyen en conjunto una cifra conocida en el momento presente. Esa cifra será superior en el futuro, en una magnitud incierta.

Para asegurar la rentabilidad —incluso la sostenibilidad— de sus operaciones, los productores podrían fijar los precios con base en un margen, calculado a partir de los costos que se anticipan del producto o los resultados de inflación (costo de reposición), precios de competidores directos u otra variable de referencia.

Esta forma de fijación de precios puede resultar sencilla, pero plantea al menos dos desafíos:

1.- Puede ser difícil asegurar los precios de los insumos (o predecirlos correctamente), planificar compras debido a la incertidumbre en la demanda, contar con capital de trabajo para garantizar la procura de los insumos en cantidades adecuadas o incluso tener capacidad de almacenamiento para disponer de ellos al momento de producir, entre otras dificultades.

2.- Los compradores cambian sus decisiones cuando se acelera la inflación, lo cual incrementa la posibilidad de que, a medida que aumenten los precios, la demanda se haga en general más sensible a las variaciones de precios, es decir, más elástica. Obliga a cambiar el patrón de consumo: se deje de consumir algunos bienes, se reduzca el consumo de otros y se sustituyan unos bienes por otros.

En contextos de elevada inflación, se vuelve especialmente importante para los productores saber quiénes son sus consumidores, cuán indispensable es para ellos el consumo de sus productos, qué sucede con las ventas cuando caen los ingresos de la población y cuáles opciones existen en el mercado para suplir la necesidad que su producto atiende.

Es decir, es necesario tener una idea de la elasticidad y la naturaleza económica de cada producto para definir adecuadamente sus precios. Una estrategia de aumento indiscriminado puede conducir a una pérdida acelerada de ventas y el desplazamiento del consumidor hacia otros productos o mercados.

La estrategia: flexibilidad y rapidez en las decisiones

Cuando hay elevada inflación, la inestabilidad requiere capacidad para tomar decisiones rápidamente. Y para ello hay que revisar las rutinas de comercialización de la empresa.

En un estudio sobre los episodios de hiperinflación que padecieron Argentina, Brasil y Bolivia, Swanson (1989) explica que, cuando el dinero pierde valor rápidamente, para cada transacción es importante el monto, pero también el momento en el que se ejecuta. Lo que hoy parece una decisión económica sabia —o lo que hoy parece un buen precio— puede dejar de serlo mañana, por un alza en los precios de los insumos, un cambio en los precios de otros bienes o un anuncio político o regulatorio.

Entre los factores clave para el manejo de las empresas en condiciones hiperinflacionarias que enumera Swanson se encuentran los siguientes:

* Manejo del efectivo, pues en vista de que pierde valor con rapidez no debe mantenerse ocioso por mucho tiempo y los cobros deben hacerse lo más rápidamente posible.

* Manejo de información para adelantarse a eventos posiblemente importantes, como aumentos de costos y especialmente modificaciones de política fiscal y monetaria, aumentos de salarios y regulaciones de precios.

* Diversificación. Hacer inversiones en economías más estables, acumular inventarios para ventas futuras o integrarse verticalmente con inversiones en materia prima o instalaciones de distribución.

* Capital de trabajo. Algunas empresas logran buenos resultados cuando generan capital de trabajo internamente. Es indispensable contar con capital de trabajo para aprovechar oportunidades.

* Seguimiento adecuado. Definir un método para ajustar por inflación los resultados observados.

* Recurso humano. Los trabajadores deben estar preparados para responder a sus solicitudes. Las compañías que deseen mantener su gerencia deben cuidarse de hacer equitativos los ajustes salariales. Páguele ya ese monto para retenerlo. En condiciones de alta inflación, los recursos humanos calificados se hacen muy escasos.

* Si persisten precios regulados. En ese caso, una estrategia para mantener la sostenibilidad es reducir costos. Identificar las actividades que implican costos significativos y evaluar si terceros pueden hacerlas a menores costos; evaluar los ciclos de producción para identificar actividades que no añaden valor; eliminar actividades que generan beneficios marginales en la cadena de valor.

 

* Contador Público. Especialista en Gerencia y Administración

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