¿Qué tan fuerte puede golpear la desaceleración global a Latinoamérica?

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¿Qué tan fuerte puede golpear la desaceleración global a Latinoamérica?


Aunque Latinoamérica se ha mantenido al margen de las principales tensiones globales, la región enfrentaría graves consecuencias si se llega a concretar un peor contexto externo.

América Latina ya está en una situación bastante vulnerable. Con una previsión de crecimiento de tan solo 0,5% en su conjunto, de acuerdo con los últimos datos de la Cepal, y con la mayor tasa de desempleo de la última década, del 8% según la OIT, la región terminará 2019 sin mejorar su dinamismo económico, reseñó el portal Portafolio.co.

A esto hay que sumarle la crisis de Venezuela, que ha venido desestabilizando a varias de las economías de Suramérica, así como las turbulencias financieras de grandes países como México, Argentina y Brasil.

“Latinoamérica ha venido en un proceso de moderación de la actividad, pasando de una expansión de 3% en 2018 a una expectativa de crecimiento de 0,5% en 2019, explicado en gran parte por la contracción de Argentina, y la marcada desaceleración en México y Brasil”, señaló Carolina Monzón, jefe de Análisis Económico de Banco Itaú Colombia.

Todo ello bajo un horizonte en el que los niveles de riesgo país de la mayoría de las naciones son altos al compararlos con otras latitudes y amenazas de rebajas en la calificación, pues no hay ninguna perspectiva positiva y, por el contrario, varios están en negativo para Fitch, entre ellos Colombia.

Con todo esto, el impacto está asegurado. “Hoy se puede afirmar que una des-aceleración o recesión abierta tendría un fuerte impacto sobre las economías y los niveles de vida de la población, especialmente los sectores populares. Esto, por supuesto, derivaría en un mayor desempleo, más informalidad y aumentos en los precios de los alimentos y servicios sociales, entre otros indicadores”, señaló Marco A. Gandásegui, investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (Cela).

Uno de los impactos derivados de los problemas económicos es el freno que está experimentando el mundo, que según la OMC llevará a que los intercambios avancen tan solo 1,2% durante este año. Y, si esto se suma a la menor demanda de materias primas a nivel global, “¿qué le pasará a Chile si el precio del cobre se desploma, o Brasil si se viene abajo la exportación de hierro y soja?” cuestiona Gandásegui.

Es por eso que Xavier Hovasse, jefe de Renta Variable de Mercados Emergentes en Carmignac apunta que “la mayoría de países latinoamericanos son exportadores de materias primas y, como tal, su economía depende de las perspectivas de crecimiento económico mundial. La ralentización del crecimiento mundial está afectando a la región y queda ya reflejada en los anémicos precios del mineral de hierro y del cobre”.

Los expertos aseveran en este sentido que el hecho de que se vea afectado tanto el comercio como la demanda y el precio de los commodities que ofrece la región, eso se puede convertir en una cargar aún mayor para las economías latinas.

Por otro lado, la turbulencia bursátil y financiera también está generando impactos en cuanto a los capitales externos. Solo recordar que ante los temores que se dieron en agosto, los inversionistas internacionales hicieron una retirada neta de casi 14.000 millones de dólares de países emergentes, por lo que un recrudecimiento de la situación generaría, según los analistas, una posible escapada, incluso a una escala mayor.

Ante estos panoramas, la situación financiera y fiscal también se podría ver afectada. De acuerdo con Juan Ruiz, economista jefe para Latam de BBVA, “el modesto crecimiento en muchas economías limitará los ingresos fiscales y por tanto también el espacio de maniobra para poder impulsar a la demanda desde el lado fiscal. El único espacio será el que tengan las políticas monetarias, a las que la reducción de tipos de interés por parte de la Reserva Federal les abre la oportunidad para implementar más reducciones de tipos de interés”.

El caso Venezuela

Los expertos apuntan que Venezuela es un caso aparte. Las previsiones del PIB para este año van desde una caída de 20% hasta el 35%, por lo que el margen de seguir empeorando por la tensión mundial no es tan elevado.

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