¿Qué esperar sobre el comportamiento de la economía venezolana para el cierre del año?

// Luis Brusco Ortega


A propósito de la cercanía del último trimestre del presente año surgen expectativas sobre cómo cerrará 2016 en materia de inflación, salarios, tasas de interés y tipo de cambio. Algunos de esos resultados esperados ya se encuentran explicados en parte por la evolución de los mismos durante los meses precedentes, pese a la poca transparencia de las cifras que se conocen, y también, por el evidente rechazo de las autoridades a la aplicación de un programa de estabilización integral que se desprende de sus declaraciones directas y cambios significativos que han ocurrido en el equipo responsable de la aplicación de medidas económicas.

Cifras extraoficiales pero suficientemente respaldadas, incluso en parte por el propio Banco Central de Venezuela, ponen de manifiesto que la inflación al término del año actual será como mínimo tres veces superior a la señalada como oficial para el año anterior, aunque la liquidez monetaria real muestra una tendencia decreciente por un aumento no acelerado de la liquidez nominal. En este caso el impulso de una mayor inflación proviene, por ahora, de factores de costos e inerciales que en específico están asociados a aumentos de salarios, devaluación, menor productividad y ajustes hacia el alza de precios controlados.

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No obstante lo anterior, dada la poca importancia que le ha dado el Ejecutivo a la disciplina fiscal y el carácter intervencionista de su gestión que lo lleva a excesivos controles y continuas medidas compensatorias y generalizadas del sector laboral, es esperable un fuerte repunte del financiamiento monetario del gasto público que daría lugar a un nuevo ciclo de inflación acelerada por demanda, en buena parte a lo relacionado al financiamiento otorgado por el BCV a Pdvsa y cuya cifra superó 364 millardos de bolívares en el mes de julio y se comportó de manera similar en agosto, superando en cada mes el acumulado de los meses anteriores.

Así como la inflación disminuye la eficiencia de la función de pagos del dinero, las tasas de interés negativas es factor clave en la destrucción de la función de reserva de valor del mismo y en consecuencia del estímulo al ahorro, y por eso ambas son razones básicas e importantes en una economía para  tomar medidas contra esos resultados no deseados.

Hoy, más allá de esta apreciación básica en el caso de las tasas de interés, que incluye en detalle la defensa de las reservas internacionales, desincentivar la fuga del ahorro nacional y aumentar la eficiencia de la intermediación crediticia, están dadas las condiciones para que las mismas sean ajustadas hacia el alza, sin embargo todo parece indicar que la comprensión incompleta y tal vez no económica de la problemática nacional por parte de los hacedores de política está privando en la decisión. Las razones políticas son las que han predominado en la toma de decisiones del área económica en los últimos años.

Finalmente, en lo que respecta al tipo de cambio oficial y pese a la contundente devaluación que experimentó durante los primeros siete meses del año, el mismo debe retomar para finales de año su marcada tendencia hacia la apreciación real, dado por el frenazo observado a partir de agosto en la devaluación nominal y la cada vez mayor inflación. Este factor junto con una nada atractiva remuneración del capital (tasa de interés negativa) seguirá presionando con fuerza las exiguas reservas internacionales con un rebote de mayor demanda en el mercado paralelo de cambio y el inicio de una posible nueva etapa de ascenso en su paridad.

*Economista, profesor de la UCV y Jefe de estudios de Aristimuño Herrera & Asociados                            

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