En agosto se conmemoraron 50 años de la invasión de la tropas del Pacto de Varsovia a la hoy extinta República Socialista de Checoeslovaquia, lo que puso fin a un proceso reformista iniciado a principios de 1968 por el partido comunista de ese país, bajo el liderazgo del secretario general Alexander Dubcek.

Este acontecimiento tuvo influencia política en la pacificada izquierda venezolana y originó una reflexión ideológica contenida en el libro de Teodoro Petkoff “Checoeslovaquia. El socialismo como problema”, cuyo planteamiento, sin resultar novedoso para la época, fue relevante al ser realizado por un comunista venezolano que desafiaba la “codificación” impuesta por el Partido Comunista de la Unión Soviética – PCUS- cuyo tributario fue el Partido Comunista Venezolano (PCV)-  lo que le valió la calificación de disidente.

Resulta interesante, además de esclarecedor, el prólogo de la reimpresión realizada por Monte Ávila Editores 20 años después de la primera edición. Además, cuenta con los comentarios de Arturo Uslar Pietri y Manuel Caballero en plena coyuntura del Glasnot y Perestroika impulsada por Mijaíl Gorbachov en la fase terminal de la URSS.

¿Qué plantea “Checoeslovaquia. El socialismo como problema”? Particularmente una “polémica ideológica” que parecía solventar las reformas realizadas en la Primavera de Praga: la materialización del socialismo democrático por cuestiones coyunturales no se concretó en URSS, el ideal democrático que inspiraba la “dictadura del proletariado” visualizado claramente por Lenin, sería suprimido por Stalin. Esta tesis esbozada por Petkoff 20 años después admite que “Lenin es responsable de Stalin”; fue en vida de este y por obra de él cuando el partido subsumía al estado, se desconoce el pluralismo político de la sociedad y en el propio Partido comunista y la “dictadura” se transformó en forma de estado y no solo de gobierno, sentándose las bases del “estado stalinista”. Las reformas de la Primavera de Praga se fundamentaron en que el “poder socialista” debía legitimarse a través de una “relación democrática” con el conjunto de la sociedad.

Se plantea la supervivencia de la democracia en el contexto revolucionario particularmente en la realización del socialismo marxista – leninista. Resulta un contradictio in adjecto bajo el supuesto de que la noción de “dictadura” interpretada por hegemonía de un grupo social – predominio de los valores del grupo dominante excluyendo las minorías– no debe entenderse por negación de ésta. El planteamiento se realizó desde el comienzo de la instauración de la revolución bolchevique entre Lenin y Rosa Luxemburgo. Esta última abogaba por la “democracia” –no necesariamente liberal– como componente esencial del proyecto revolucionario contrario a la implementación de la “dictadura” realizada por Lenin, cual observaba como “del partido” negaba la “idea de poder” de la clase obrera. La crítica moderna marxista asume que la experiencia revolucionaria ha traído la sustitución o desplazamiento de la hegemonía del proletariado por el partido, burocracia o nomenclatura.

Por el contrario, la sobrevivencia del estado liberal implica en esencia la limitación y desconcentración del poder garantía democrática frente a la propuesta de un Estado socialista.

No desvirtuemos los acontecimientos cincuentenarios en Praga ni asumamos interpretaciones no fidedignas a sus planteamientos; se debe acotar que no se configuraron como desafío antisoviético y contrarrevolucionario traducido en el lenguaje de la izquierda por pro-capitalista cuando en los Acuerdos de Yalta y Teherán al finalizar la II Guerra Mundial se había establecido que Checoeslovaquia quedaría bajo la influencia soviética. Se destaca las iniciativas concretadas posteriormente en reformas eran “pasos para el socialismo no para alejarse de él”.

El ideal “democrático socialista” sería el resultado de una serie de condiciones estructurales coherentes con la teoría marxista que facilitaban una “revolución socialista” por etapas debido que Checoeslovaquia había vivido un régimen parlamentario burgués que facilitaba el debate “democrático socialista” y proceso de industrialización constituían realidades distinta a Rusia pre-revolucionaria siendo una sociedad monárquica y feudal; resultando inaplicables los postulados revolucionarios de URSS en Checoeslovaquia. El partido comunista checoeslovaco no había llegado al poder auspiciado por el Ejército Rojo Soviético como sucedió en otros países de Europa oriental antes de la guerra era una “poderosa organización obrera”.

Reconoce el sistema democrático socialista es muy distinto al parlamentarismo característico de la democracia formal porque aumentaba la independencia real de las organizaciones sociales y profesionales para determinar su lugar en los cuerpos de representantes y asamblea nacional donde las decisiones políticas del Estado son efectivamente formadas; concluyendo en la democracia socialista los trabajadores tienen un peso determinante en la dirección de la sociedad.

El problema de la democracia socialista es la libertad. El socialismo resulta la materialización del “sueño milenario” de construir el “hombre nuevo” que no es otra manera de decir el “hombre libre” en términos marxista es el “hombre desalienado”; el socialismo siguiendo a Engels es el “reino de la libertad” y se llega a la meta socialista cuando se deja atrás el “reino de la necesidad”. Se suprime la “tiranía de la necesidad” propia del capitalismo cuando se adquiere la posibilidad de desarrollo de todas las potencialidades y determinaciones sobre sí mismo sin más limites que los establecidos por la convivencia humana bajo de los parámetros del socialismo.

Las reformas de Praga dentro del socialismo calificada “con rostro humano” crearía en teoría las condiciones fácticas y estructurales para buscar la “libertad” para pensar, crear, expresarse, reunirse, manifestar en definitiva “auto gobernarse” para trazar metas sociales y opciones políticas y económicas que permitan su conquista.
Por una serie de razones, incluso justificaciones históricas, el ejercicio de la “libertad” en la “democracia socialista” fue severamente coartada en los países socialistas por bastante tiempo incluso necesariamente en cierto grado.

Observa el desplazamiento del contenido sobre “socialismo democrático” en la noción de “dictadura del proletariado” particularmente por la “codificación stalinista” que originó que la burocracia partidista escamotea el poder al proletariado bajo el timo o engaño de gobernar en su nombre; los sucesos en Checoeslovaquia debe observarse como un enfrentamiento de liberación entre estos bajo esta lógica.

La dictadura revolucionaria del proletariado como forma estatal de transición y superación del capitalismo por el socialismo, su mayor o menor grado de rigidez y reglamentación, estarían determinadas por la suma de las particularidades nacionales y capacidad del movimiento revolucionario para aprehenderlas e inventar de acuerdo a ellas.

La sustitución de dictadura del proletario por una nueva forma estatal dependería de que las formas internas de gobierno deriven progresivamente hacia una delegación de las funciones estatales en el propio “pueblo” suponiendo un perfeccionamiento del autogobierno, una expansión de la democracia socialista, de las libertades individuales, la participación efectiva de las decisiones en la alta política. Esto es en definitiva la sustitución de la dictadura del proletario por una nueva forma estatal bajo el desenvolvimiento de las formas estatales bajo el socialismo. El experimento checoeslovaco estuvo inscrito bajo los marcos de esa tendencia, según Petkoff.

El intelectual Moisés Moleiro asevera que el orden capitalista es diverso y plural al ser fruto más o menos espontáneo de la historia permitiéndole absorber oposiciones disolviéndolas dentro de sí mismo; no es posible transcender el capitalismo partiendo de un proyecto socialista que precisamente al ser racional “tiende a la unilinealidad” debido a que la razón humana rehúye lo contradictorio e intenta siempre trazar “derroteros” a los hechos y procesos buscando lo univoco pudiendo ser solo modelos aproximativos – ¡El socialismo a muerto! ¡Viva el socialismo!-

Hoy en Venezuela sigue planteándose la realización de un socialismo del siglo XXI, promovido por Hugo Chávez y reivindicado por Nicolás Maduro bajo parámetros discursivos de anticapitalista, anti liberal, anti imperialista y auspiciando la democracia participativa y protagónica contraria a la representativa. Ante estos argumentos, calificados como “marxismo tardío”, resultaría pertinente plantear la vigencia de los postulados cincuentenarios de la Primavera de Praga, con la particularidad de la inexistencia del bloque soviético, manifestación del socialismo real y ante la debilidad de la oposición democrática y liberal venezolana de la que se duda tenga capacidad estratégica para configurarse por alternativa de gobierno.

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