En la siguiente entrevista ofrecida poco antes de la Consulta Popular del 16 de julio, el diputado Miguel Pizarro concedió estas declaraciones para la sección #YotePregunto de BancayNegocios.

¿Cuál es el balance después de más de 100 días de protestas?

Yo creo que el primer balance importante es poner en contexto dónde estamos. Antes de estos 100 días éramos un país paralizado, un país desesperanzado que se sentía condenado a vivir esta realidad. Éramos un país que había perdido la capacidad de movilizarse.

Hoy la gran mayoría del país que quiere cambio se ha convertido en un enorme movimiento de conciencias, de fuerza popular que ha venido avanzando y rompiendo barreras. La Fiscal hoy defiende la Constitución. Magistrados del TSJ han roto con la cúpula. Diputados del Polo Patriótico se han separado de la fracción parlamentaria del Gobierno. Personas que incluso son muy radicales, como Juan Barreto, hoy en día están contra la Constituyente.

Esto no quiere decir que todos somos lo mismo ni que estemos juntos como hermanos, sino que todos luchamos por un objetivo similar. Hoy somos un movimiento que entiende que es capaz de cambiar realidades. Y además tenemos la madurez necesaria para entender que esta lucha es un proceso por etapas que busca cambiar definitivamente el poder político del país.

Se llegó a esta meta con un costo invaluable en vidas humanas; muertos, heridos y más presos políticos. ¿Cómo evitar que se siga pagando este alto costo?

Nosotros hemos vivido como país una dinámica para la cual no estábamos preparados. Nadie debería morir por cómo piensa políticamente o por las ideas que defiende. Incluso como generación no estábamos acostumbrados a lidiar con la muerte.  Al final a un chamo lo mata la Guardia con un disparo a quemarropa o un bombazo en el pecho, como en el caso de Pernalete en medio de una protesta. Este momento político nos ha hecho no solamente coexistir con la violencia gubernamental e institucional sino acompañar las consecuencias.

Yo he estado en el entierro de Pernalete, de Cañizales, de Castillo, de Neomar (Lander), he conocido a sus familias y hablamos casi todos los días. Les agradezco lecciones que nos han dado de humildad, de entrega, de convicción; porque todos te piden que esto no sea en vano y ese costo como país nunca lo debimos haber pagado por recuperar la democracia.

Ahora, nosotros nos enfrentamos a un modelo que es hegemónico, un modelo al que le queda como único sustento la violencia y la intimidación, que tiene como única herramienta de confrontación política la detención masiva, el allanamiento arbitrario, la golpiza y el vilipendio. Pero tenemos que poner el miedo en una balanza: Si uno lo pone en contraste con el miedo a que esto sea para toda la vida, entendemos por qué escogimos enfrentar la represión y la violencia para no permitir que esto sea para siempre.

Esto también tiene que ver con comprender lo que significa resistencia no violenta. Hay que entender qué utilidad tiene la violencia para el Gobierno. Ellos reprimen y agreden porque buscan sacar lo peor de nosotros. Quieren convertirnos en ellos. Por eso, aunque sea el camino más complicado y a veces el más impopular, el camino pacífico, de resistencia, de confrontación a la autoridad con las herramientas de la resistencia no violenta es el camino que nosotros hemos escogido porque al final es el único que permite un cambio perdurable.

Ahora, ¿cómo disminuir los riesgos? ¿Cómo disminuir los daños colaterales? Ojalá tuviéramos una fórmula, pero no es algo que dependa de nosotros. En una dictadura, donde tú vayas a manifestar va a haber represión, y de nuestra parte lo que tiene que haber es organización, protección y responsabilidad colectiva que disminuya al máximo los daños colaterales. Estamos destinados a tener que confrontar esta forma de entender el poder y nos toca como protagonistas de este momento histórico estar preparados incluso para ir presos o ser allanados, porque el dirigente predica con el ejemplo.

¿Es posible todavía un proceso de reconciliación en Venezuela?

Creo que los países siempre trascienden a las coyunturas históricas cuando cierran los ciclos, y estos no se pueden cerrar con persecuciones masivas. En nuestro país la reconciliación ya empezó. Yo estuve en una asamblea de vecinos hace una semana con la ex Defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez, con quien en 2014 no solamente fuimos bandos opuestos sino adversarios. En 2014 ella decía que no había detenciones y yo era el vocero de los detenidos, y ahora compartí una asamblea vecinal con ella, con nuestras diferencias empujando en una misma dirección. Somos un país que no tiende a estar dividido: No venimos del racismo, la xenofobia o el sectarismo religioso.

El problema de la reconciliación es una cosa que nosotros vamos no solamente a trascender sino que como país lo vamos a agradecer en el futuro. El problema no es el que no piense como tú. Aquí hay personas que van a tener que pasar por la justicia, que es algo diferente a la reconciliación y el perdón. El que se robó la plata de las medicinas, quebró el sistema de servicios públicos, destruyó el sistema financiero, estatizó, centralizó y se robó las posibilidades de desarrollo y de progreso tendrá que pagar ante la Justicia porque sus decisiones costaron vidas. Pero eso no implica que haya una persecución contra todo el  que apoyó al gobierno.

Según algunas teorías vivimos una guerra civil de baja intensidad que ahora atravesaría un pico…

Pero las guerras civiles parten de un principio bajo el cual hay dos ejércitos, y aquí no los hay. Existe una mayoría social popular que se enfrenta contra los paramilitares y contra los represores. Pero no está planteado un escenario de confrontación bélica en un país donde el 90% quiere cambio. No tenemos por qué ir a una guerra en un país donde la gran mayoría quiere cambio democrático y electoral.

Hay un conflicto de mediana intensidad entre la autoridad y el poder constituido contra la población, que tiene formas como la persecución del Sebin -que parece la Stasi de la RDA (República Democrática Alemana o Alemania Oriental)- y tiene una forma pasiva como la de los piquetes de la Guardia y la Policía que se parecen a países africanos donde al hambre se le responde con lacrimógenas y con perdigones.

Una mayoría que se entiende como tal nunca busca el camino armado ni procura soluciones militares a los conflictos políticos, sino que hace todo lo que esté a su alcance para expresarse y cerrar el ciclo. Una de las grandes demostraciones de madurez es que aquí no hay gente armada en las manifestaciones o una versión opositora de los colectivos. Eso no existe. Nosotros el dolor lo lloramos, no lo convertimos en violencia; la persecución la convertimos en organización, no en mecanismos de autodefensa. Creo que somos un país con mucha madurez que ha tenido capacidad de ver en Colombia el error.

Venezuela fue el intermediador del conflicto nicaragüense, del conflicto salvadoreño. Nosotros no lo sabemos hoy porque esa parte de la historia no nos la cuentan en la escuela. Pero el cierre del frente Farabundo Martí y el cierre de la guerra con los Sandinistas tuvieron mucho que ver con Venezuela y con su intermediación diplomática. Nosotros tenemos la obligación de dar una salida pacífica a este conflicto.

¿Cuáles serían los escenarios posteriores al 16 de julio?

Tenemos un escenario signado por el 16, que va a ser un día histórico. Creo que es la primera vez en nuestro continente en que vamos a un ejercicio de desobediencia ciudadana tan grande, masivo, popular y notorio. Creo que es la primera vez que un país y una sociedad decide al margen del poder constituido tomar sus decisiones y avanzar en poder producir cambios.

Es esa forma de demostrar que somos millones mandando mensajes a la Fuerza Armada, a las instituciones y a la propia ciudadanía. Eso le va a poner un marco de legitimidad a nuestra lucha, un nuevo ánimo, un nuevo hito, una nueva fuerza para echar el resto.

De ahí en adelante viene la combinación de diversas formas de protesta. Viene la combinación de la tranca, con el plantón, con la marcha, con la huelga, con todo lo que podamos hacer que sea pacífico, que sea en el marco de la resistencia y permita sumar voluntades.

También nos permitirá enviar dos mensajes: El primero es que este país no va a ser gobernable bajo una dictadura, que este país no va a ser gobernable bajo una hegemonía que intente perseguir, callar y destruir a todo el que no piense como él. Y lo segundo es que nuestra protesta, nuestra movilización, nuestro reclamo no cesa solamente de cara a la coyuntura inmediata. Que hemos tomado una decisión como país para cambiar la forma de gobierno, y solamente cuando eso ocurra habrá descanso en la lucha política y avance hacia el crecimiento y el progreso.

¿Qué más hace falta en este momento de parte de la comunidad internacional?

Mira yo creo que la comunidad internacional tiene que hacer un poquito más que opinar, hace falta más que exhortos. Hay que presionar, convertir los organismos multilaterales definitivamente en una forma vinculante de presión política y de construcción de una forma de cambio.

Creo que el acompañamiento no es un ejercicio discursivo, debe ser una cosa mucho más real. No creo en intervenciones, eso es lo que hay que combatir siempre. No hay país más invadido que el nuestro, por China, por Rusia o por Cuba. No hay país más intervenido que el nuestro por esas potencias que se han llevado nuestro petróleo, nuestra plata, nuestros dólares y se han hecho millonarios a expensas del hambre de nuestra gente. La comunidad internacional tiene la obligación de demostrar que tiene un peso más allá de los comunicados, que tienen capacidad de presionar de verdad.

¿La oposición está preparada para gobernar?

No tengo ninguna duda de que nosotros estemos preparados para asumir el gobierno, no solamente porque tenemos buen equipo, pensante, trabajando desde hace mucho tiempo atrás temas como la economía, las finanzas, sistemas de seguridad social, programas sociales, el tamaño del Estado, el rol de las instituciones, la visión de la cartera ministerial, etc.

Eso ha avanzado mucho, pero lo digo como una reflexión mucho más básica: Si nuestro país fuese hoy un paciente en terapia intensiva que cayó porque toda la plata que ganaba se la gastaba en alcohol, en cigarro, en diez mil mujeres; nosotros vamos a ser el médico del cambio de guardia.

Entonces la primera decisión no es tan difícil. Cuando salga de terapia intensiva, el primer paso es que no vuelva a caer en el alcohol, en el cigarro y las mujeres sino que la plata vaya a las cosas que tiene que atender y que las prioridades sean las de todos.

¿Cómo afrontar una crisis humanitaria con un barril de petróleo a 40 dólares?

Una crisis humanitaria se resuelve cuando se asume su existencia. De esta manera se abren un montón de mecanismos. La humildad en política es uno de los activos más importantes que hay. El principal paso para resolverlo no tiene que ver con las finanzas del Estado, tiene que ver con conseguir ayuda, con pedir a los organismos especializados.

Pero también la ayuda humanitaria requiere acompañamiento, indicadores, medición y presencia. Nosotros estamos no solamente dispuestos a hacerlo, sino que además nos hemos asesorado y hemos discutido muy bien con personas de adentro y afuera del país sobre qué hacer. A mí no me preocupa el tema del petróleo. Yo creo que la solidaridad internacional en los organismos multilaterales se puede expresar asumiendo que existe una crisis, visibilizando los números reales y dando la dimensión del drama.

¿Cuál sería la nueva visión a aplicar en cuanto al modelo económico?

Estamos viviendo el colapso del modelo de estatizaciones. Fracasó. No hay una empresa estatizada productiva. El modelo centralista de la economía planificada no le funcionó ni a los alemanes. ¿Qué nos hace pensar que 50 años después vamos a poder tener un modelo de economía centralizada y planificada que funcione? Ese modelo no funciona. Entonces hablamos de un gobierno que todo lo planifica.

Tenemos que ir a un esquema que proteja el poder adquisitivo, la producción local, que estimule al pequeño y el mediano inversionista, que le dé garantías al grande y que traiga inversión extranjera en unas condiciones muy favorables que permitan hacerle un electroshock a la economía. En paralelo se debe construir un mecanismo de transferencia directa al ciudadano que incluya escolarización, aprendizaje de oficios y emprendimiento individual de manera de superar al Estado paternalista.

Llamado final

Finalmente, el diputado Pizarro explicó para los seguidores de @bancaynegocios la denominación correcta del evento planteado para este domingo 16 de julio, con el objetivo de aclarar las dudas que aún persisten.

 

 

 

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