Louis Vuitton en la ofensiva por comprar Tiffany, la empresa neoyorquina de diamantes

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Louis Vuitton en la ofensiva por comprar Tiffany, la empresa neoyorquina de diamantes



Nada es lo que parece. Ni siquiera el brillo de los diamantes. La oferta de compra de LVMH, quizá el mayor emporio del mundo del lujo, dueño, entre otros, de Christian Dior, Marc Jacobs y Louis Vuitton, sobre Tiffany, es una lucha entre tres de las familias más ricas del planeta por China, las generaciones jóvenes e ir más allá de ese 1% de los multimillonarios del planeta que usan las joyas para sentirse todavía más privilegiados.

Tierras del dinero, donde el espacio del lujo mueve al año 920.000 millones de euros. La mayoría de las grandes casas de Bolsa, bancos de inversión y analistas han emitido notas esta semana en la que bendicen la operación: Goldman Sachs, Deutsche Bank, RBC, Credit Suisse, KeyBanc, Bank of America Merrill Lynch, Bernstein. A todos les gusta la propuesta.

Bernard Arnault, la tercera persona más rica del mundo, ofrece, a través de su empresa LVMH, 120 dólares por acción. Supone valorar Tiffany, una empresa estadounidense de joyería y orfebrería fundada por Charles Lewis Tiffany y Teddy Young, en unos 14.500 millones de dólares.

Aunque, el precio parece corto y los expertos de Credit Suisse y Cowen aseguran que tendrá que incrementar el cheque. Al menos, en la horquilla entre 140 y 160 dólares por título. Poco importa. Tiene caja para comprar. Algunos economistas hablan de un cofre del tesoro de 40.000 millones de euros y, también, de rendición.

– Sinergias –

“Creemos que será difícil para Tiffany crear valor por sí misma”, advierte, a través del correo electrónico, Rogerio Fujimori, analista del banco de inversión canadiense RBC. “Un acuerdo con LVMH podría generar sinergias en áreas como la distribución digital”. Porque otras opciones parecen un abismo en un sector con cada vez menos reflejos dorados.

La compañía tenía que hallar un equilibrio inestable para sobrevivir. Proponer un lujo asequible pero sin perder el mito. Revivir una enseña cansada, y un símbolo. “Es la única marca del lujo estadounidense que es global”, apunta una analista de Jefferies.

– Pelea entre ricos –

Pero justo en este momento, cuando Tifanny, a pesar de todo, empezaba a recuperar su brillo, se ha visto en medio de una pelea entre tres familias de ultra ricos. Bernard Arnault, quien el año pasado compró la firma de joyería italiana Repossi y también la hotelera Belmond y con ella el mítico Orient Express, es muy ambicioso con LVMH. Quiere su desayuno y, sobre todo, sus diamantes.

Uno de sus mayores rivales, Richemont, una casa de lujo creada por el multimillonario sudafricano Johann Rupert, respondía adquiriendo en septiembre la empresa de joyas transalpina Buccellati al grupo de inversión chino Gangtai.

El país asiático es el deseo de todos. El 45% de las compras del sector del lujo ocurren en China continental, acorde con la consultora Bain & Company. Mientras, Kering, la compañía francesa dirigida por François Pinault y su familia, que posee Alexander McQueen, Gucci y Balenciaga, lleva tiempo buscando operaciones en el mercado. Ambas podrían presentar en los próximos días sus propias ofertas por Tifanny.

Aunque también puede suceder todo lo contrario. Si no hubiera acuerdo, Tiffany debería enfrentarse sola a una menor demanda de China, a la bajada del turismo en Estados Unidos y a la incertidumbre violenta de Hong Kong, uno de sus principales mercados.

Tifanny parece no necesitar a LVMH para hacer brillar sus diamantes. “Las joyas siguen siendo joyas. Sus artículos tienen esa categoría de patrimonio familiar y se consideran inversiones. Pero solo si la enseña continúa siendo fuerte y los productos no tienen un exceso de distribución”, advierte Sucharita Kodali. Solo si la gente sigue queriendo desayunar en Tiffany.

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