Lo que necesita un país para alcanzar la prosperidad

// ElEconomista.es


Alcanzar la prosperidad debe ser uno de los objetivos principales de para todos los gobernantes, sin embargo, las vías para llegar hasta ella pueden tener diferentes matices.

Por ejemplo, para los expertos del think tank británico Legatum Institute hay tres pilares básicos e inamovibles para crear riqueza: protección del derecho a la propiedad, como el origen de toda actividad económica, un entorno comercial abierto y liberal; y un contexto que permita competir de forma justa contra otros agentes de la sociedad.

Según este instituto, el derecho a la propiedad es la base sobre la que los individuos y las empresas compiten. Ya sea mediante la propiedad intelectual, física o espiritual, la protección de la misma debe ser un elemento fundamental para la creación de riqueza. 

Y es que el derecho a la propiedad privada da pie a las siguientes fases generadores de prosperidad: la inversión para crear la propiedad, inversión para hacer más productiva dicha propiedad y la explotación de la misma para sacar el máximo provecho. «Todo ello conlleva incrementos de la productividad, mayores ingresos, y mayor creación riqueza y prosperidad para la sociedad», explica el documento From Poverty to Prosperity.

Otro de los pilares es la apertura comercial. La mejora del bienestar de la sociedad gracias al comercio internacional es bien conocida. Adam Smith y David Ricardo fueron de los primeros economistas en tratar los beneficios de la especialización productiva y de la ventaja comparativa, que permite a unos países dedicar más tiempo a producir los bienes y servicios en los que tienen alguna ventaja, permitiendo un aumento de la producción total.

Inversión e innovación

Por otro lado, el comercio también crea incentivos para que las empresas inviertan e innoven dentro de un marco competitivo. Se ha demostrado a lo largo de los años, que las empresas de los países que se niegan a abrir sus fronteras al comercio, terminan quedando anticuadas, siendo poco eficientes y con unos niveles de productividad inferiores al de las empresas que se someten a la competencia internacional.

«De forma inevitable algunos productores salen mal parados. No obstante, los productores que pueden exportar y los consumidores son los ganadores, que se benefician de unos precios más bajos o de un mercado de mayor tamaño», sentencia el documento.

Por otro lado, es fundamental crear un contexto en el que se pueda competir de forma justa, evitando a toda costa el ‘capitalismo de amiguetes’, donde ciertos poderes privilegian a individuos y empresas no por su buen hacer, sino por sus contactos y amistades. Este tipo de actos desanima la inversión y dinamita el esfuerzo de los agentes que no cuentan con esa ‘ayuda’ injusta.

Crear un entorno de competencia justo no quiere decir que se deba fomentar la igualdad de resultados. Simplemente se trata de crear un marco que permita a unos agentes Y es que en una situación de igualdad absoluta e impuesta, posiblemente, nadie tuviese incentivos para mejorar.

Entre otros muchos factores, el estudiante universitario que decide emplear parte de su tiempo libre para obtener buenas notas lo hace porque sabe que tras un duro esfuerzo podrá conseguir un salario mayor en el mercado laboral. El trabajador que busca innovar en su empresa, mejorar o ser más productivo lo hace para alcanzar un mejor empleo con lo que ello conlleva. Si la igualdad económica fuese el objetivo final de una sociedad, ésta estaría abocada a la decadencia y la mediocridad. Por ello, la desigualdad económica en pequeñas dosis es un aliciente para que la sociedad busque un futuro mejor.

Por último, el documento del Legatum Institute señala que la educación es otra de las patas para alcanzar la prosperidad. «La educación es el proceso que hace un ser humano completo, y no no un simple autómata equipado con unos requisitos y habilidades».

El papel del estado

Según los expertos de este think tank,»el gobierno puede ayudar a encontrar el camino hacia la prosperidad. Su función debe ser hacer cumplir el derecho a la propiedad, dar seguridad a los individuos, romper monopolios, acabar con las distorsiones del mercado que reducen la competencia y ser el principal garante de la libertad económica».

Sin embargo, el gobierno también puede ser un obstáculo para alcanzar la prosperidad y distorsionar el buen funcionamiento de los mercados. Como se ha podido ver en muchos países del mundo, el ‘capitalismo de amiguetes’ funciona donde unos prosperan a costa del empeoramiento de terceros. Además, un gobierno también puede implementar normas o leyes que distorsionen la oferta y la demanda o incluso que permitan incrementar ciertos costes para las firmas que a la postre terminan repercutiendo en los consumidores.

Te podría interesar también