Cada dos segundos una persona sufre un ictus en el mundo. Cada seis, alguien muere debido a un ictus. Asimismo, cada seis segundos, la calidad de vida de alguien cambia para siempre como consecuencia del ictus. Estos son datos aportados por la Organización Mundial del Ictus, que indica que una persona de cada seis lo sufrirá a lo largo de su vida.

Un ictus se produce cuando un vaso sanguíneo que lleva sangre al cerebro se rompe o bien es taponado por un coágulo u otra partícula. Entonces, parte del cerebro no consigue el flujo sanguíneo que necesita.

Puede aparecer a cualquier edad

“La consecuencia es que las células nerviosas del área del cerebro afectada no reciben oxígeno, por lo que se dañan y no pueden funcionar. Algunas células soportan muy poco tiempo la ausencia de sangre y mueren, pero otras son capaces de subsistir durante algunas horas. Por ello, es muy importante que se apliquen las medidas necesarias para el tratamiento de manera urgente”, subrayan los especialistas de la Fundación del Cerebro.

“A pesar de que las posibilidades de sufrir un ictus aumentan considerablemente a partir de los 60 o los 65 años y que con el envejecimiento va incrementándose de forma progresiva la posibilidad de padecerlo, cualquier persona puede tener un ictus, ya sea joven o mayor, aunque hasta este momento haya disfrutado de una vida plena”, expresa el neurólogo español Jaime Gállego Culleré, director del Centro Neurológico de Navarra.

“Si un paciente que ha sufrido un ictus es atendido por un neurólogo en las primeras horas, la probabilidad de fallecer o quedar con una discapacidad grave se reduce a la mitad”, destaca el doctor Gállego.

Para el facultativo es “imprescindible concienciar a toda la opinión pública de la importancia del conocimiento del ictus y sus factores de riesgo, de los signos y síntomas de alarma del ictus y de que, si se produce un ictus, la información que se transmita a emergencias sea clara”.

En este sentido, los especialistas de la Fundación del Cerebro destacan que los síntomas de un ictus aparecen bruscamente. “Dependerán de la zona del cerebro dañada por la alteración del flujo de sangre y pueden ser muy variados”, apuntan.

Atención a estos síntomas

No obstante, indican que en la mayor parte de los casos consistirán en uno o varios de los siguientes:.

– Trastorno brusco de la sensibilidad en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo.

– Debilidad repentina en estas mismas zonas.

– Dificultad para hablar o para comprender lo que se habla.

– Trastorno súbito de la visión en uno o en los dos ojos.

– Dificultad para caminar, pérdida de equilibrio o de coordinación de los movimientos.

– Dolor de cabeza muy intenso, brusco y no habitual.

Ante cualquiera de estos síntomas, los especialistas de Reintegra, un centro de rehabilitación de personas que han sufrido lesiones neurológicas o cerebrales situado en Oviedo (norte de España), indican que hay que llamar rápidamente al servicio de emergencias y comunicar los síntomas.

Nunca deje solo al paciente

Asimismo, hacen hincapié en la necesidad de cerciorarse de que la persona afectada puede respirar bien. Para ello, aconsejan aflojarle o quitarle ropa, siempre teniendo en cuenta la temperatura exterior.

“Tumbe a esta persona boca arriba con la cabeza y los hombros ligeramente levantados, procurando siempre que esté lo más cómoda y relajada posible. Quédese con ella hasta que llegue el equipo de emergencias. Si cae en un estado de inconsciencia, colóquela en posición lateral de seguridad, es decir, de lado, con las rodillas flexionadas, con el brazo de abajo estirado y el de arriba colocando la mano debajo de la cabeza. Así, evitamos que la lengua se vaya hacia atrás y pueda ahogarse”, manifiestan.

Asimismo, recomiendan esperar a que acuda el servicio de emergencias a trasladar a la persona a un hospital o centro especializado. “Nunca deje a esta persona sin atención o supervisión ni le de comida, bebida o medicamentos”, advierten.

“Las primeras tres horas desde el inicio de los síntomas son claves. Cuanto más rápido se actúe, el paciente tendrá más probabilidades de recuperarse y menos de quedar con secuelas o de morir”, detallan los expertos del Observatorio del Ictus.

Por su parte, la Fundación del Cerebro aclara que el tratamiento específico dependerá del paciente concreto, de la evolución del proceso y del tipo de ictus.

Así, precisa que en algunos ictus isquémicos (los ictus isquémicos se producen debido a la obstrucción de un vaso sanguíneo), “cuando llevan menos de tres hora de evolución dese el inicio de los síntomas y en pacientes cuidadosamente seleccionados para evitar complicaciones, es posible la disolución del coágulo mediante la administración de fármacos por vía intravenosa. Este tratamiento permite restablecer la circulación cerebral y así mejorar la evolución y reducir las secuelas”.

Esta entidad recalca que, sea cual sea el tipo de ictus, es fundamental que el paciente sea atendido urgentemente por neurólogos para que reciba el tratamiento más adecuado y de este modo asegurar la mejor evolución.

“Una vez superada la fase aguda, los cuidados deben ir dirigidos a prevenir nuevos episodios y a rehabilitar las discapacidades residuales”, puntualiza.

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