Expertos | Recuperación económica requiere de una reforma del sector financiero

// Por: Luis Brusco Ortega

Expertos | Recuperación económica requiere de una reforma del sector financiero


Comencemos por señalar que la totalidad de los ingresos que reciben las familias por participar en la producción de bienes y servicios en una economía, denominado también ingreso nacional, tiene dos destinos: financiar el consumo en el periodo en vigencia y fomentar el ahorro que sustentará la creación de nuevas empresas y la ampliación de las que ya están operando, así como también un mayor consumo en el futuro. 

Ambos destinos del ahorro son suficientes para poner de relieve la gran importancia que tiene este factor en el crecimiento económico de un país, entendido éste por la cada vez mayor producción de bienes y servicios finales.

En efecto, explicado de una forma más específica, el ahorro va a estimular la demanda y producción de más bienes de capital, como maquinarias, equipos y edificios para aumentar el número de empresas productivas, pero también podría incentivar el consumo y producción de una mayor variedad de bienes y servicios que van a mejorar el nivel de bienestar de las familias.

Otra forma de concebir el ahorro es como un sacrificio del consumo presente para mantener el siempre deseado crecimiento de la economía, con sus efectos favorables en el comportamiento de la oferta de todo tipo de productos y en la reducción del desempleo, lo que supone al mismo tiempo que quienes ahorran tienen el derecho de aspirar, con justificada razónun premio materializado en más ingresos por intereses que les permitan consumir más a futuro, como forma de compensar el sacrificio presente.

En lo que se refiere al ahorro familiar, éste tiene la importancia de financiar el aumento del patrimonio de las familias, traduciéndose en mayor riqueza futura y mejor nivel de bienestar. En la práctica, tal aumento del patrimonio estaría representado por la ampliación de un portafolio de inversiones de mayor rentabilidad, incluyendo tanto activos financieros como no financieros, como los son: fondos a plazo, bonos, acciones y viviendas, entre otras.

A este respecto es importante destacar que no debe confundirse como ahorro familiar la disponibilidad de efectivo en casa, ni los depósitos a la vista en instituciones financieras. Estos simplemente son componentes de la demanda de dinero transaccional destinados a cubrir los pagos de bienes y servicios de consumo de las familias.

Un análisis del ahorro desde el punto de vista institucional obliga a separar el ahorro privado del público por obedecer cada uno de ellos a determinantes distintos y perseguir objetivos totalmente diferenciados. En efecto, como se indicó antes, el privado (familiar) tiene el propósito de ampliar la riqueza de los particulares, y con ello el logro de un mejor nivel de vida futura; en cambio, el ahorro público (ingresos fiscales mayores a los gastos fiscales), si bien pudiese estar determinado por una razón económica, la prioridad que se le pueda dar en la gestión del gobierno a factores distintos como el político y lo social podría impedir el alcance de los objetivos económicos buscados por parte de las autoridades gubernamentales. 

El balance fiscal que exprese una situación deficitaria de las finanzas públicas (desahorro), podría incentivar un excesivo endeudamiento público y hasta el uso del impuesto inflacionario para cubrir el déficit que, según las evidencias empíricas en la economía, estas alternativas siempre han terminado afectando los sistemas del pagos nacional e internacional de cualquier país, acompañados de elevadísimos costos para la población en materia de capacidad adquisitiva de sus ingresos y en las posibilidades de incrementar el ahorro de los particulares.

No obstante lo anterior, se debe destacar que bajo el supuesto de que el gobierno adelantara una política que procure la estabilidad macroeconómica, redundando en bajas tasas de inflación, tasas de interés reales y positivas y tipo de cambio competitivo que minimizarían todos los riesgos del ahorro total en su tránsito hacia la inversión y el bienestar social, sería también imperioso y necesario que paralelamente se tomen medidas para estimular el fortalecimiento y diversificación del sistema financiero nacional, a objeto de hacer más eficiente la canalización del ahorro hacia el sector real de la economía.

Cabe resaltar que esta necesidad de incentivar cambios en el sistema financiero para mejorar la relación entre el origen y el destino del ahorro nacional es mucho mayor en un país donde buena parte del ingreso nacional esté representado por renta y, en consecuencia, no asociado a la actividad productiva misma, como es el caso de Venezuela dado por su condición de economía petrolera.

Como se sabe, la experiencia en varias economías del mundo indican que los ingresos por renta (ingresos no asociados a la actividad productiva) siempre incentivan preferiblemente al consumo y no al ahorro; por consiguiente un plan de crecimiento económico aplicado a una realidad rentística, como la venezolana, debe exigir en el ámbito financiero la construcción de una plataforma lo suficientemente diversificada, capaz de captar la mayor cantidad de ingresos, incluidos los no productivos, para transformarlos en ahorro y destinarlos a la inversión productiva.

En este sentido, sería válido en Venezuela, más allá de las operaciones de la banca universal y el proceso creciente de bancarización de la población, activar en lo inmediato, una vez que se den las condiciones macroeconómicas, operaciones de la banca de inversión y mercados de instrumentos financieros que dinamicen las captaciones de fondos a mediano y largo plazo.

Junto con elloy con el mismo propósito, también sería conveniente ampliar el segmento de instituciones financieras no bancarias, como institutos de previsión, cajas de ahorro y fondos de pensiones, entre otros, que se sumarían a un esfuerzo en conjunto para ampliar las formas de convertir el ingreso en ahorro y así iniciar un proceso que permita eliminar parte de los sesgos del rentismo en una economía petrolera.

* El autor es economista, docente universitario, ex funcionario del Banco Central de Venezuela y consultor.

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