El principal riesgo para la banca venezolana en este 2016

// Juan Crisóstomo*


Gran cantidad de economistas han hecho notables esfuerzos por explicar los principales efectos de una inflación acelerada como la que vive Venezuela, así como generar las recomendaciones para los hogares y empresas a efectos de protegerse ante dicha situación. 

Sin embargo, poco se ha hablado sobre los efectos de la dinámica de precios sobre los bancos, los cuales no escapan de tal realidad y es el principal riesgo para su gestión financiera y la pérdida de valor de su patrimonio, ante la imposibilidad sistémica de crecer al ritmo de inflación. Veamos por qué.

La principal fuente de ingresos para un banco proviene por el lado de la cartera de créditos. El crecimiento de dicho activo depende de la capacidad de obtener fondos, es decir, depósitos de los clientes, cuyo crecimiento va atado al ritmo con el cual crece la liquidez. Por tanto, los ingresos financieros de un banco pueden aumentar tanto por volumen (dar más créditos) así como por precios (tasas activas más altas).

El margen de maniobra para la banca ante estas dos posibilidades es bastante limitado. En primer lugar, crecer en la cartera de créditos al ritmo de inflación es una tarea imposible para las instituciones financieras en este 2016, no solo por lo que ello implicaría en términos de riesgo crediticio en medio de una caída pronunciada de la actividad económica y por temas regulatorios de capital, sino que además no existe “materia prima” suficiente (liquidez) para que los bancos puedan crecer en términos reales.

Por el lado de los precios, es decir, tasas activas más altas, es ampliamente conocido que la regulación de las mismas por parte del BCV, presenta distorsiones muy marcadas en base al ritmo de inflación. En función al cierre del INPC el año pasado en 180,9%, esto implica que con una tasa activa promedio en 2015 de 20.1% para los bancos Comerciales y Universales, el rendimiento real de su cartera es de -57,2%.

Lo anterior se traduce que al corte de Mayo 2016, el margen financiero de los bancos (ingresos financieros-gastos financieros) está creciendo a un ritmo anualizado de +133.7%, mientras que sus gastos generales y administrativos (gastos operativos) crecen con una velocidad de +221.8% anualizado. Esto implica una brecha 88.1 puntos porcentuales entre gasto y margen, reflejo de la dinámica de precios sobre los bancos.

De hecho, al observar el indicador de eficiencia (gastos/margen), si bien el sistema se encuentra en un buen nivel de 55.04% (debe gastar Bs55 para generar Bs100 de margen), el indicador se ha deteriorado en lo que va de año +10.5 puntos porcentuales y con tendencia a seguir desmejorando.

Uno de los principales factores que está afectando los gastos de la banca es la estructura del cono monetario, ya que los individuos y empresas se deshacen del dinero a una velocidad más rápida que antes, lo cual implica que el traslado de efectivo se hace en periodos cada vez más cortos, lo cual eleva el nivel de gasto en esta partida. De igual forma, el ritmo de devaluación observado en la tasa DICOM afecta las estructuras de precios y contratos entre los bancos y sus proveedores, así como a los negocios atados a divisas, tales como la parte tecnológica, puntos de ventas, cajeros automáticos y tarjetas de créditos.

Entonces, ¿Qué puede hacer la banca ante dicho entorno y que deben considerar los clientes al respecto?

Para los bancos:

1) En estos momentos de elevada inflación, los indicadores de eficiencia, rentabilidad y margen, son lo que dan el músculo financiero a los bancos para soportar la velocidad de crecimiento en sus gastos.

2) Las instituciones financieras deben priorizar la alineación entre su objetivo corporativo y estrategia (por ejemplo, crecimiento acelerado implica sacrificar rentabilidad).

3) La negociación con los proveedores es clave. El pago de contratos por adelantado debe ser considerado sólo para servicios críticos y pacto en firme (los recursos son finitos), además tomando en cuenta flexibilidad de caja.

4) Revisar rentabilidad de canales y segmentos que generen mayor utilidad y reducir aquellos que no generen valor financiero.

Para los clientes:

1) Las tasas activas nominales del sistema seguirán presionadas a su nivel máximo (con topes establecidos por el BCV), tanto por las brechas entre gastos y margen, así como por la caída de la liquidez real, lo cual implica menor circulación de dinero en manos del mismo número de bancos, presionando sobre las tasas.

2) Sin embargo, las tasas de interés seguirán siendo reales negativas, por lo cual, los incentivos hacia el endeudamiento son cada vez más altos.

3) La velocidad de recuperación de los créditos por parte de los bancos se irá acortando, por tanto, la periodicidad de pago de intereses y capital tenderá progresivamente a plazos más cortos.

En resumen, si bien la banca muestra indicadores sólidos a la fecha, es evidente que el sistema financiero venezolano debe prepararse para afrontar un segundo semestre del año que será agitado en lo económico y que invitará al desarrollo de una estrategia financiera mucho más dinámica y proactiva en relación a años anteriores.

*El autor es MSc en Economía y MBA, profesor de postgrado en Finanzas Corporativas en la UCAB

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