Descubren mecanismo que podría ayudar a detener el envejecimiento

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Las células del organismo tienen una capacidad limitada para dividirse. Una capacidad que se va mermando con el paso de los años y que hace que la posibilidad de reemplazo de una célula deteriorada por una sana se vaya reduciendo. El resultado es, simple y llanamente, el envejecimiento. Sin embargo, el cuerpo humano también cuenta con unas células con capacidad de división ilimitada y, por tanto, inmortales: las células madre.

La mala noticia es que no son las únicas. Y es que esta las células cancerígenas también disfrutan de esta ‘inmortalidad’. Y para ello, como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores del Jackson Laboratory en Bar Harbor, secuestran el mecanismo que utilizan las células madre para no agotar su capacidad proliferativa. Un descubrimiento que puede conllevar al desarrollo de tratamientos no sólo para el cáncer, sino incluso para ralentizar, o detener, el envejecimiento, reseñó ABC.

Las células del cáncer secuestran el mecanismo para mantener sus telómeros, lo que les permite seguir dividiéndose, explica Roel Verhaak, director de esta investigación.

Los telómeros juegan un papel esencial en la estabilidad del material genético y en el mantenimiento de la juventud de las células y, por tanto, del organismo. El problema es que con cada división celular –o lo que es lo mismo, según se envejece–, los telómeros se acortan. Y una vez alcanzan una longitud mínima crítica, las células entran en un estado de senescencia –es decir, envejecen hasta el punto de perder la capacidad de dividirse– o, simplemente, mueren. De hecho, el progresivo acortamiento de los telómeros constituye una de las causas moleculares del envejecimiento celular y de la aparición de enfermedades asociadas a la edad –como el cáncer.

En este contexto, hay dos tipos de células que tienen una capacidad ‘mejorada’ para dividirse hasta límites insospechados: las células madre y las células tumorales. Un aspecto que resulta vital para ambos tipos de células dado que requieren de una tasa de división desproporcionada para lograr sus fines. Y, ¿cómo consiguen reproducirse ilimitadamente y, así, no llegar a morir? Pues las células madre activan una enzima llamada telomerasa que es capaz de incrementar la longitud de los telómeros. Y, por su parte, las células tumorales ‘secuestran’ esta telomerasa de las células madre y la utilizan en su beneficio.

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron un total de 18.340 muestras de tejidos sanos y de 31 tipos de cáncer y compararon la longitud de los telómeros de las células y el nivel de actividad de la telomerasa.

Los resultados mostraron que las células tumorales tienen, por lo general, telómeros más cortos que las células sanas, lo que indica que una mayor tasa de división. Sin embargo, no agotan su capacidad proliferativa porque activan la transcripción de una subunidad de la telomerasa denominada ‘telomerasa transcriptasa inversa’ (TERT), lo que a su vez hace que la enzima se active y corrija el acortamiento de los telómeros.

Pero, ¿por qué las células cancerígenas pueden activar la TERT y, por tanto, la telomerasa y las células sanas no? Pues porque las células tumorales tienen mutaciones que promueven esta activación. Y asimismo, como muestra el nuevo trabajo, porque llevan a cabo una metilación –esto es, la adición de grupos metilo– específica en el promotor de la TERT –la secuencia en el ADN que hace que la TERT se acabe expresando.

Sin embargo, la expresión de la TERT se observó ‘sólo’ en 73% de los tejidos tumorales. Es decir, parece que las células de una cuarta parte de los cánceres evaluados no necesitan activar la telomerasa para alargar sus telómeros y crecer de forma ilimitada.

La explicación para este hecho podría ser que, quizás, no todos los tumores contengan células ‘inmortales’ con un mecanismo de mantenimiento de los telómeros. O quizás cuente con mecanismo alternativos. También podría ser que el nivel de expresión de la TERT, si bien suficiente para mantener los telómeros, se encuentre por debajo de los umbrales de detección empleados en nuestro estudio, concluye Floris Barthel, co-autor de la investigación.

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