¿Cuál puede ser la inflación publicada por el BCV en 2016?

Juan Crisóstomo*

La opacidad en la publicación de cifras económicas oficiales de Venezuela cada vez es más marcada. Las dificultades para realizar análisis económico a profundidad están a la orden del día, afectando tanto a los hacedores de políticas públicas e investigadores, así como a las unidades de planificación de las empresas en el país, cuyos horizontes temporales son cada vez más reducidos e invitan a la creación de modelos de proyección de un número importante de variables.

Dentro de dichas variables, una en particular es determinante conocer, la inflación. En efecto, dado el rezago marcado en la publicación de cifras oficiales de inflación por parte del BCV, situación que se ha visto desde el año pasado y se mantiene con la misma tendencia en este 2016, muchos analistas en el país han tenido que generar medidas alternativas para poder hacerle seguimiento a tan importante dinámica.

Entre estas medidas, existen aproximaciones que buscan aislar el efecto de precios regulados y distorsiones cambiarias, otras que consideran los ponderadores originales de la canasta del Índice Nacional de Precios (INPC), todos modelos válidos que buscan dar señales de una inflación “real”, sin considerar muchas de las distorsiones que sufre actualmente la economía venezolana.

Sin embargo, las empresas en Venezuela y sus departamentos de finanzas, en la mayoría de casos, deben responder ya sea a entes oficiales y supervisores, así como a casa matriz, comparando su gestión financiera e impositiva en base a cifras de inflación oficiales publicadas por el Banco Central de Venezuela (excepto banca y seguros), punto en el cual hay limitadas medidas de información. Veamos un enfoque.

La recaudación fiscal de cualquier país, muestra dinámicas que permiten describir actividad económica pero también precios. Las cifras impositivas se conforman por un factor de volumen (cantidades) y por un factor precio (inflación). En el caso de Venezuela, que viene mostrando dos años de caída en su PIB y ya en su tercer año consecutivo en recesión, implica que la recaudación fiscal actualmente se explica principalmente por variación de precios, no de cantidades.

Efectivamente, la correlación entre las cifras de recaudación fiscal y la inflación oficial publicada por el BCV son muy elevadas. A muestra de ello, en el gráfico se observa la similitud de ambas cifras desde el 2014, lo cual lleva a pronosticar un cierre 2016, en base al ritmo de crecimiento de la recaudación y considerando una caída del PIB de -9%, con una inflación oficial publicada cercana a niveles de 348%.

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La gran pregunta, ¿estamos en hiperinflación con una cifra estimada de inflación de 348%?

Se le ha dado bastante discusión al tema sobre si Venezuela técnicamente está en una hiperinflación. La misma es un proceso explosivo de aceleración en los precios de bienes y servicios, es decir, cuando la misma no converge hacia un estado estable, sino todo lo contrario, se comporta de forma volátil e incremental.

Definiciones técnicas recientes como las de Reinhart y Rogoff (2011) identifican un episodio hiperinflacionario a partir de tasas anuales de inflación de 500% al año (16,1% mensual).

Sin embargo, hoy en día, en el cual las principales economías del mundo están registrando tasas nominales negativas, riesgo de deflación y ninguno de nuestros socios comerciales registra inflaciones superiores a un digito, parece ilógico pensar que la definición de hiperinflación no se encuentra ejemplificada en la Venezuela de hoy…

*El autor es MSc en Economía y MBA, profesor de postgrado en Finanzas Corporativas en la UCAB

 

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