Clinton y Trump llegan al primer debate presidencial con una campaña cada vez más igualada

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A menos de mes y medio para las elecciones, la campaña presidencial llega a uno de sus momentos álgidos: el primer debate entre los dos candidatos, Donald Trump y Hillary Clinton, este lunes a las 23.00 GMT. Con las encuestas cada vez más igualadas, Trump espera mantener su tendencia al alza, mientras Clinton intentará presentar una imagen positiva y marcar diferencias con el magnate para recuperar a todos los votantes indecisos que hace apenas un mes se mostraban a favor de la demócrata. De fondo, los recientes ataques terroristas en Nueva York y Nueva Jersey y los múltiples escándalos en los que están envueltos cada uno de los candidatos.

Desde un principio, las elecciones se plantearon como «lo malo contra lo peor». Clinton confiaba en que mostrar las constantes salidas de tono del magnate neoyorquino bastara para conseguir votos para detenerle. Y para Trump, la única forma de parecer una alternativa seria es hacer hincapié en todos los escándalos que han perseguido a la exsecretaria de Estado durante su larga carrera política, para demostrar que, en realidad, no es mucho mejor que él. El plan parece estar funcionando a favor del magnate. «La campaña está siendo muy negativa. Hay un montón de destrucción, y la gente necesita ver el país al que Clinton aspira», afirmó el pasado miércoles el director de campaña de Clinton.

Como respuesta, la líder demócrata ha decidido cambiar el tono y volver al equilibrio que mostró durante la Convención Nacional Demócrata: dar argumentos a favor de su candidatura y solo después complementarlos con argumentos en contra de Trump. Para ello, este mes la candidata y su compañero de fórmula, Tim Kaine, lanzaron un libro, «Stronger Together» (más fuertes juntos), para presentar sus propuestas políticas y mostrar una imagen más constructivas a un gran número de votantes -especialmente jóvenes y latinos- que rechazan a Trump pero que prefieren abstenerse o votar al libertario Gary Johnson antes que a Clinton. El hecho de que Johnson no haya alcanzado el 15% en las encuestas para participar en los debates es una alegría para la demócrata.

Enfrente, Trump ve una posibilidad cada vez mayor de quitarse el traje de «inelegible». Su objetivo es aparecer como un republicano lo más normal posible a los votantes más moderados -especialmente parejas con título universitario en los suburbios de las grandes ciudades, un grupo que ha votado republicano en todas las elecciones desde 1964 pero que se inclina a favor de Clinton este año-, sin perder su imagen de «antipolítico» que llega a revolucionar Washington. El equilibrio parece muy difícil, y sin embargo, las encuestas muestran que está funcionando: las mayores ganancias de Trump en las últimas semanas han venido por republicanos que dudaban sobre si votar por su rechazo al polémico candidato.

Además, aunque las encuestas dicen que el magnate no tiene experiencia ni temperamento para gobernar, Trump sí gana de forma muy ajustada en las categorías de «dar seguridad ante el terrorismo» y «gestionar la economía». Si logra centrar la atención del público en esos dos aspectos, tiene opciones reales de ganar. El debate, por tanto, será la ocasión de oro para que cada uno ponga en práctica sus planes: Clinton, hablando en positivo y Trump, recordando los peligros que amenazan al país.

La organización, bajo la lupa

El segundo factor que marcará el desarrollo de los debates será la actitud de los moderadores de los debates -el del lunes, Lester Holt de la NBC-. Los demócratas llevan varias semanas criticando a los medios de comunicación por concentrarse exageradamente en los escándalos que afectan a Clinton y dejar pasar los múltiples líos que afectan a Trump. Mientras que sucesos como el asesinato del embajador estadounidense en Libia en 2012 o el servidor de correos electrónicos que tuvo cuando era secretaria de Estado han abierto periódicos y ocupado cientos de horas de televisión; las falsedades de Trump, los escándalos de sus empresas, su relación con círculos supremacistas blancos o el desvío de donativos de su fundación a su propio bolsillo apenas han aparecido en los medios, argumenta el equipo de Clinton.

Una de las causas que les hacen temer que el debate vaya a estar «inclinado a favor de Trump» es la selección de los bloques temáticos. El programa estará dividido en las secciones de «La dirección de Estados Unidos», «Conseguir prosperidad» y «Dar seguridad a Estados Unidos», tres títulos poco concretos y que, critican los demócratas, se parecen mucho a los principales temas de campaña republicanos. Por comparar, el primer debate de 2012, entre Barack Obama y Mitt Romney, tenía secciones mucho más concretas, como «Economía y creación de empleo», «el déficit», «Seguridad Social y derechos adquiridos», «Salud y la Ley de Sanidad Asequible», «la misión del Gobierno federal» y «gobernar en un sistema político dividido».

Otro de los puntos a controlar será la verificación de las afirmaciones que haga cada uno. Según la web Politifact, dos tercios de las afirmaciones hechas por Trump en la campaña son mentira, mientras que Clinton miente un tercio de las veces. En este caso, las miradas de situarán sobre Holt, el moderador, que será el encargado de señalar o no las falsedades que se vayan lanzando.

Mirando a la historia, el candidato favorito suele «perder» el primer debate, una mezcla de unas altas expectativas y la tendencia estadounidense de apoyar al «underdog», el aspirante en desventaja. Hay excepciones, como Bill Clinton, que ganó todos sus encuentros con Bob Dole en 1996, o George W. Bush, que perdió sus tres encuentros contra John Kerry en 2004 para después ganar las elecciones. Pero con Clinton a la baja y Trump al alza, la demócrata necesita dar un golpe de efecto para, por lo menos, detener las tendencias y matenerse como la favorita para ganar en noviembre.

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