Armando el arbolito de la inflación (+Infografía)

// Mercedes E. Rojas Páez Pumar @merce_rojas


El cochinito de navidad hizo su llegada triunfal antes de lo normal, y es que habrán sido pocos a los que la crisis les permitió hacer su “agosto”. Todos buscan los aguinaldos decembrinos con desespero, pues es la excusa para sumar alguito a la cuenta y poder brindar, aunque sea con cerveza, por un año más de vida o de supervivencia.

Los tarantines navideños también aparecieron temprano este año. Estas improvisadas pero tradicionales ventas de pinos y decoraciones, fueron por años el negocio redondo con el que algunos sabios comerciantes cerraban y engordaban las ventas anuales.

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Javier me recibe al entrar a uno de estos pequeños bosques itinerantes, que crecen en transitados espacios caraqueños durante la temporada decembrina, que este año llegó casi a freír tequeños. Este pequeño hombre parece estar más contagiado por el espíritu de la galantería, que por el navideño y con sus hormonas revueltas, posiblemente por el penetrante olor a pino, me acompaña en mi recorrido por el lugar. Cualquier maroma o estrategia es válida para vender, aunque sea un par de luces, pero los precios no juegan a su favor. Al hacer una ecuación entre la disponibilidad de mi cuenta bancaria y los costos decembrinos, me veo más dispuesta que nunca a convertirme en la versión tropical del Grinch.

A mis 28 años no cuento con casa propia, como la gran mayoría de mis coetáneos que aún permanecen en el país, pero de tenerla, seguramente me las ingeniaría con algún tutorial de YouTube o alimentaría la parte más hipster de mi espíritu en Pinterest, para construir con mis propias manos un arbolito con material reciclable.

Es probable que este año los regalos bajo el árbol sean escasos, para no desentonar con el tema central de estas navidades y que la cena navideña venga servida en potes chinos.

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