Análisis | El rompecabezas que se intentará armar en Barbados

// Armando J. Pernía / Foto: Archivo

Análisis | El rompecabezas que se intentará armar en Barbados



De manera sorpresiva, el presidente de la Asamblea Nacional y mandatario encargado reconocido por 50 países, Juan Guaidó, anunció dos decisiones muy relevantes este domingo 7 de julio; por un lado que la Asamblea Nacional aprobará el reingreso de Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y, por el otro, la asistencia de su delegación negociadora a una nueva reunión con mediación de Noruega, en Barbados.

El diputado huésped en la Embajada de Chile, Freddy Guevara, envió un mensaje por redes sociales que intenta explicar que estas decisiones no son contradictorias, sino que se inscriben en el acuerdo básico con los «aliados internacionales» de explorar todas las posibilidades para lograr una solución electoral a la crisis política, que abra espacio a la aplicación de un programa de recuperación económica y social.

¿Qué se va a discutir en Barbados? Según fuentes consultadas por Banca y Negocios en las dirigencias de tres partidos de oposición, en primer lugar un mecanismo permanente de diálogo en el que, por cierto, ha estado más interesado el gobierno de Nicolás Maduro que una parte de la oposición.

El mensaje que habrá en la isla caribeña para los delegados de Maduro parece claro:  debe negociar con compromiso y honestidad o habrá mucha más presión internacional, aunque la opción militar parece descartada, incluso por la propia administración de Donald Trump.

El objetivo es organizar unas elecciones presidenciales o generales en el más breve plazo, a lo que el chavismo se ha opuesto de manera pertinaz.

El mensaje para la oposición también parece claro: el objetivo esencial es ir a unas elecciones, no necesariamente que salga Maduro del poder.

Por su propio carácter de coalición política, la oposición no tiene una definición concreta y única sobre este proceso de diálogo. Las fuentes consultadas coinciden en que hay que llegar a unas elecciones, pero discrepan en si deben ser con o sin Maduro en el gobierno; un tema que es una piedra de tranca importante.

– La «normalización» –

Las cartas del gobierno de Maduro están más o menos claras. Últimas Noticias, vocero oficioso de la administración del mandatario chavista, notició una reunión del presidente con un grupo de los diputados del Polo Patriótico electos en 2015, donde les habría hecho saber que «está de acuerdo» con que se reintegren a la Asamblea Nacional y negocien con la mayoría opositora el cese del «desacato».

Roy Daza y Juan Barreto, el primero dirigente del chavismo madurista y el otro un supuesto disidente- dieron entrevistas radiales en las cuales hablaron de esta posibilidad. Aparentemente, la intención es que la AN acepte acatar las decisiones del TSJ, desincorpore a los diputados de Amazonas y normalice su funcionamiento.

«Todos tenemos que ceder», dijo Maduro en una declaración pública en la que insistió en que habrían «buenas noticias» sobre el diálogo. Ahora bien, ¿qué premio puede ser tan bueno como para que la mayoría opositora en la AN de marcha atrás hasta su situación en 2016, cuando apenas queda un período más de legislatura? ¿»Tanto nadar para morir en la orilla»?

La única posibilidad de que un acuerdo así sea aceptable, con modificaciones que eviten la escenificación de mutuas claudicaciones, es que existan unas elecciones pactadas a la vista. El gobierno de Maduro ofrece lo que sus voceros no oficiales han llamado «normalización», la cual, además, no supondría la disolución de la Asamblea Nacional Constituyente, sino la apertura de una vía para que la oposición participe en la elaboración de la nueva Constitución.

El politólogo Nicmer Evans dijo, en su cuenta de Twitter, en un rápido comentario de la situación que, en su opinión, está avanzando un escenario comicial y lo que se está debatiendo es la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral «más paritario»; sin embargo, esta es una condición necesaria pero no suficiente para garantizar un proceso transparente y aceptable para todos.

En todo caso, Guaidó se las juega todas en esta etapa. Si esta apuesta múltiple no está bien respaldada y, finalmente no tiene éxito, se quedará seco de capital político, aunque, en Venezuela, los políticos no mueren hasta que los sepultan.

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