50 años de la Primavera de Praga

// * Luis E. Fidhel González

50 años de la Primavera de Praga



Se conoce como «Primavera de Praga» los acontecimientos acaecidos en 1968, en la extinta República Socialista de Checoeslovaquia a partir del 5 de enero cuando Alexander Dubcek se convirtió en presidente por el gobernante partido comunista iniciando una serie de reformas que se denominaron «socialismo con rostro humano» y finalizan el 20 de agosto con la invasión militar a este país por el Pacto de Varsovia mayoritariamente por tropas de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Estos hechos tuvieron repercusión en el pensamiento político venezolano particularmente del sector de la izquierda que se encontraba pacificada o prácticamente habían abandonado la lucha armada iniciada en 1958. Al inaugurarse el sistema político de «democracia representativa» con el gobierno de Rómulo Betancourt y Acción Democrática. Los dirigentes comenzaban a participar en la vida política del sistema que se sublevaron.

El testimonio bibliográfico de este debate lo constituyo el libro de Teodoro Petkoff titulado «Checoeslovaquia: El socialismo como problema»; quien lo califica 20 años después de la primera edición por tener «un cierto valor premonitorio» en vista de la política de perestroika y glasnot que Mijail Gorbachov implementó en la URSS; además de “ingenuo y cándido” incluso con algunas imprecisiones y superado por el propio pensamiento del autor.

No deja destacar que en su momento obtuvo valor político al constituir la disidencia de quien para entonces era un comunista venezolano. No solamente se limitaba a condenar la intervención soviética, sino que defendió los acontecimientos de Praga por la posibilidad de un “socialismo democrático” que rescatara todo contenido “liberatorio del viejo ideal socialista” sin el cual ningún proyecto de cambio social puede ser serio.

Para el momento de este acontecimiento un sector del Partido Comunista de Venezuela (PCV) venía cuestionándolo por su afinidad y reverencia a las directrices implementadas desde el exterior particularmente del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en virtud del “internacionalismo proletario”; que según Petkoff era una fórmula creada e impuesta por el dirigente soviético José Stalin al movimiento comunista mundial con base a la subordinación absoluta a las necesidades de la política exterior soviética liquidando toda “autonomía partidista nacional y perfil propio” que no fuera la del PCUS “voluntariamente aceptada” constituyéndose en un “casi inverosímil” caso histórico de alienación.

El libro le proporcionó a la vieja guardia del PCV, conformada por fundadores y militantes iniciales, “un recurso argumental obvio” utilizado para descalificar la actitud disidente por “anti-soviética” tratando de provocar así una “repuesta refleja” que la fidelidad a la URSS producía en el mundo comunista.

En virtud de este diagnóstico, el intelectual de izquierda Moisés Moleiro en su libro El «Socialismo ha muerto. ¡Viva el Socialismo!» señala que la izquierda venezolana “nunca” ha actuado sobre la base de una reflexión teórica propia, solvente y válida en torno al país que intenta transforma en sus determinaciones esenciales y particularidades; añade en tono de reclamo y reivindicando el testimonio bibliográfico de Petkoff al señalar que «no hay tradición de pensamiento político entre nosotros» –refiriéndose a la izquierda venezolana – y observando que «los comunistas escribían poco y, salvo algunas excepciones, escribían mal».

El intelectual Ludovico Silva en 1988, al caracterizar al PCV que por definición debería ser socialista y marxista «no es ni lo uno no lo otro» a causa de la separación del Movimiento al Socialismo (MAS) quedó empequeñecido faltándole importantes cuadros dirigentes y con “una sola y triste misión de mantenerse como un fiel representante de Moscú en Venezuela” llevándolo a convalidar el “absolutismo totalitario” imperante en la Unión Soviética.

Silva, Petkoff y Moleiro reconocen la necesidad de “democratización del socialismo” cuyo protagonismo de las mayorías habían sido sustituidas por la burocracia del partido derivando en un carácter autoritario y policiaco manifestado particularmente bajo el gobierno de Stalin quien había “codificado” el marxismo-leninismo restándole toda la riqueza intelectual – Marx- y práctica – Lenin-.

Petkoff reconoce que fue en vida y por obra de Lenin cuando el “partido” subsumió al Estado, desconoció el pluralismo político en la sociedad y en el propio partido bolchevique en resumen la dictadura se transformo en forma de gobierno y estado sentándose las bases del estado stalinista. Petkkof sugiere que el ideal democrático planteado durante la “Primavera de Praga” no corresponde a la democracia liberal o burguesa al aclarar que las variadas medidas propiciadas en el gobierno de Dubcek fueron tendientes a flexibilizar y descentralizar el plan y asegurar la autonomía de gestión de las empresas, el reconocimiento de la acción de la Ley del valor y a la modificación de establecimiento de precios a través del juego de la oferta y la demanda en el mercado socialista entre otros sin embargo ninguna de las medidas vulnera la esencia socialista del sistema pues la propiedad privada de los medios de producción ha sido suprimida y en modo alguno se contempla su restablecimiento.

La contradicción social de lucha de la entre las fuerzas conservadoras burocráticas y las renovadoras -obreras, técnicas e intelectuales debe buscarse parte importante de la explicación de estos acontecimientos para propiciar un “socialismo democrático”.

Destaca Petkkof que ya Checoeslovaquia era un país industrializado para el momento constituía una excepción en Europa oriental inclusive con respecto a la Unión Soviética; pudiendo ser una circunstancia propicia para establecerse un “socialismo democrático”. La “codificación” stalinista de la burocracia impedía tal ideal al implementarse mecánicamente las formulas económicas de la URSS concebidas para impulsar a un país atrasado no adaptándose de forma realista a la realidad de Checoeslovaquia; también realiza un diagnostico sobre la poca rentabilidad de su producción con respecto a los países occidentales.

La ruptura en el PCV manifestado en los enfrentamientos ideológicos en relación a los acontecimiento de Praga entre la “vieja guardia” – Guillermo y Antonio García Ponce, Jesús Faría, Gustavo Machado – y los disidentes – Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez, Freddy Muñoz, Juvencio Pulgar – redefinieron los últimos la construcción de un socialismo venezolano, democrático y revolucionario en contraposición a lo comunista y soviético representando lo no democrático e imperialista. La “vieja guardia” apoyaba la invasión soviética a Checoslovaquia bajo el esquema del “internacionalismo proletario”; la disidencia la interpretaba no solo como un intento de irrumpir contra la sociedad capitalista sino contra la codificación del marxismo oficializado en la URSS por Stalin.

De esta división nace el Movimiento al Socialismo (MAS). Entre sus planteamientos destaca la necesidad de una política independiente de cualquier centro mundial comunista – Moscú, Pekín, La Habana – y auspiciar la discusión crítica sobre el socialismo soviético y fracaso de la lucha armada en Venezuela. La agenda de política exterior diseñada por dirigente Teodoro Petkoff se calificaba de “neutralista”, es decir, totalmente al margen de los grandes bloques de poder implicando naturalmente la “ruptura de los vínculos de subordinación” de la política exterior venezolana a los EEUU y ratifica que el MAS entraña una “clara opción de soberanía frente a todas las potencias socialistas”. Este “neutralismo” no debía ser entendido por “pasividad” frente al “imperialismo” contando con el gobierno socialista venezolano todos los que luchan por su independencia y/o por el socialismo.

Reitera la solidaridad con la Cuba de Fidel Castro y con el Chile de Salvador Allende y la Unidad Popular de forma incondicional; “simpatía activa” frente al proceso revolucionario militar peruano de Juan Velazco Alvarado y apoyo a las reivindicaciones de Panamá y Puerto Rico.

El líder del PCV, Gustavo Machado, consideraba al MAS como “grupo de desertores” que en la hora más difícil del partido y cuando comenzaba a recuperarse, se marcharon con una serie de ideas contrarias luego de haber desarrollado un trabajo fraccional en las filas del PCV; decía que representaban un “socialismo bochinchero” cuyo signo es la confusión considerándolos antimarxistas y de no tener un concepto claro del antiimperialismo observando para el momento de llegar al socialismo a través de los votos del perezjimenismo.

La acusación histórica de que el PCV era una “agencia soviética” fue contradicha Machado como “patraña viejísima” justificada “en gente atrasada e ignorante de los asuntos internacionales cuando existía la Internacional Comunista, pero después de ser disuelto este organismo por razones leninista cada partido tomó su propia vía”.

Ludovico Silva, si bien reconocía que el socialismo “actual” refiriéndose particularmente a la extinta experiencia soviética fue autoritario, brutal, antilibertario “está en pugna con la conciencia y la dignidad del individuo humano en cuanto tal” “… no quiere decir que esos socialismos no puedan evolucionar hacia formas superiores de producir vida, en la que gradualmente se vayan extinguiendo todas las lacras que afean el rostro del grandioso proyecto original de Marx” .

* Abogado UCAB- Internacionalista UCV

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