13/12/2025 10:31 AM
| Por Alejandro Ramírez Morón (Exclusivo para Banca y Negocios)

Venezuela mantiene la más alta tasa de emprendimiento regional, pero solo 5% supera los 3 años de vida

El emprendimiento venezolano como sector enfrenta barreras significativas, con el acceso a financiamiento y la inestabilidad regulatoria como los mayores obstáculos.

Venezuela mantiene la más alta tasa de emprendimiento regional, pero solo 5% supera los 3 años de vida

En medio de un panorama económico complejo, el emprendimiento se ha erigido como un motor de resiliencia y una vía fundamental para la generación de ingresos y el desarrollo local en Venezuela.

Lejos de detenerse por los desafíos macroeconómicos, la actividad emprendedora ha mutado, adaptándose a las realidades de la escasez de capital tradicional y la elevada inflación.

Hoy, el ecosistema se caracteriza por la innovación forzada y la búsqueda de soluciones creativas a problemas cotidianos, al abarcar desde el sector tecnológico y de servicios hasta la producción artesanal y de alimentos.

Una de las tendencias más notables en el ecosistema emprendedor venezolano es la rápida adopción de herramientas digitales y el auge del comercio electrónico.

Ante las restricciones de movilidad y la necesidad de alcanzar mercados más allá de las fronteras físicas, muchos pequeños negocios han migrado exitosamente al entorno online.

El uso de redes sociales para la promoción, las plataformas de pago digital y las soluciones logísticas creativas son elementos esenciales que definen al nuevo empresario venezolano, quien ve en la digitalización no solo una opción, sino una necesidad para la supervivencia y el crecimiento.

A pesar de esta vibrante actividad, los emprendedores venezolanos enfrentan barreras significativas, con el acceso a financiamiento y la inestabilidad regulatoria como los mayores obstáculos.

Obtener capital semilla o inversión de riesgo sigue siendo un reto mayúsculo, lo que obliga a muchos a depender del bootstrapping o de remesas.

No obstante, en los últimos años ha surgido un interés creciente por parte de la diáspora y algunos inversores locales en apoyar proyectos con alto potencial de crecimiento, especialmente aquellos enfocados en la exportación o en soluciones tecnológicas escalables.

Comprender estos desafíos y oportunidades es clave para evaluar el verdadero estatus del emprendimiento en el país.

En el TOP 10 del mundo

Elías Rodríguez es abogado egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), especialista en Derecho Procesal, miembro del Staff de la Cámara Internacional de Emprendedores y presidente de la Cámara Venezolana de Emprendimiento (Cavempre).

Consultado sobre la salud del emprendimiento hoy en Venezuela, dice que la población sigue siendo, en gran parte, emprendedora. “Según las últimas mediciones ocupamos el noveno puesto a escala mundial”, subraya.

Y da un vuelco de páginas al libro: los primeros indicios de emprendimiento -en esta tierra- datan del siglo XVIII, indica. “Siempre hemos estado entre los 20 primeros países con la población económicamente activa más emprendedora del mundo”, revela un dato que llena de orgullo a un caraquista o a un magallanero, por igual.

El abogado lanza una flecha que también llena de encanto el gentilicio: “Ese puesto número 9, implica que 80% de la población está emprendiendo o quiere hacerlo”. Ganas no faltan.

Para las cifras precedentes se usa un concepto genérico y no específico de emprendimiento, hace la aclaratoria Rodríguez. “Según este criterio el emprendimiento debe contar con un elemento diferenciador o un valor agregado”, desmenuza.

En fin, el venezolano siempre ha emprendido; pero hoy existe un factor adicional: “los emprendedores lo están haciendo por necesidad”.

Venezuela mantiene la más alta tasa de emprendimiento regional, pero solo 5% supera los 3 años de vida

«nos quedamos atrás si hablamos de innovación o generación de elementos diferenciales. ¿Qué tenemos a favor? Que no necesitamos políticas que faciliten el emprendimiento, sino fortalecer el ecosistema»: Elías Rodríguez, presidente de Cavempre.

Pocos emprenden para aportar valor

Cerca del 91% de los nuevos emprendedores lo hace por necesidad. De ese grupo, 80% de emprendedores que iniciaron a principios de 2025, bajará la Santamaría a fin de año. Y más allá del caos sociopolítico que atenaza al mundo entero, en Venezuela la mortalidad de emprendimiento tiene sus causas:

-Falta de formación en temas gerenciales.

-Ausencia de experticia en la generación de productos y servicios.

-Déficit de formalización en la evaluación de inversiones grandes antes de emprender.

En torno a los nichos de mercado más abordados y exitosos, figura retail o comercio tradicional; en segundo lugar, la tecnología; y luego destaca el sector salud.

Pero… ¿Dónde se están formando los emprendedores? “No solo las incubadoras, y las aceleradoras, sino que las universidades están abriendo centros de emprendimiento. No sólo las alcaldías, sino los gobiernos comunales dictan cursos de capacitación en emprendimiento, aunque -sí- requieren de mejor enfoque”, apunta el presidente de Cavempre.

La primera buena praxis es tomar la decisión de emprender y entender por qué se desea hacerlo. Al ubicar la meta solo en el dinero, se pierde interés en el proyecto. “Otro de los grandes errores es quedarse con todo lo que entra por caja, porque se es el dueño; los dueños son empleados de la empresa”, pone un par de ejemplos.

– ¿Qué le sobra al emprendedor venezolano?

– Las ganas, la resiliencia y la capacidad de reinvención.

– ¿Qué le falta?

– Disciplina, orden, estructura.

– ¿Cómo estamos con respecto a nuestros pares de la región?

– Como dije, estamos en noveno lugar en emprendimiento, pero hablamos de intención; si nos centrados en la durabilidad de los emprendimientos, las cifras empiezan a caer, si se compra con nuestros pares de la región.

Alta tasa de mortalidad

Las cifras de la Cámara indican que apenas 5% de los emprendimientos venezolanos alcanzan los tres años de vida.

“Estamos muy por debajo del resto de la región. También nos quedamos atrás si hablamos de innovación o generación de elementos diferenciales. ¿Qué tenemos a favor? Que no necesitamos políticas que faciliten el emprendimiento, sino fortalecer el ecosistema”, se resiste a tirar la toalla el vocero.

El dirigente gremial admite: “no estamos bien, pero no es imposible. En Venezuela es mucho más fácil de hacer que en otros países vecinos”, indica Elías Rodríguez, presidente de la Cámara Venezolana de Emprendimiento (Cavempre).

Más allá de los titulares y las estadísticas complejas, el panorama emprendedor venezolano se revela como un ecosistema de asombrosa tenacidad.

No es solo un motor económico, sino el espejo de una sociedad que, ante la adversidad, elige inventar, innovar y persistir.

Cada nuevo negocio, desde el startup tecnológico que conquista mercados foráneos hasta la bodega artesanal que dignifica el barrio, es un acto de fe, una declaración audaz de que el futuro no se espera: se construye.

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