GEM Venezuela 2025: Apenas 1,9% de los emprendimientos logra consolidarse en el país
La Tasa de Actividad Emprendedora Temprana (TEA) cayó del 11,7% al 7,7% en un año, lo que representa la deserción de 1,3 millones de emprendedores.
La Tasa de Actividad Emprendedora Temprana (TEA) actúa como el termómetro definitivo de la resiliencia económica de una nación. En el caso venezolano, los resultados de 2025 muestran el profundo impacto de los choques macroeconómicos en la capacidad de iniciativa del ciudadano.
La caída de la TEA del 11,7% al 7,7% en un año representa la salida de 1,3 millones de emprendedores.
Si se analiza el bienio 2023-2025, la pérdida masiva asciende a aproximadamente 5 millones de personas, una magnitud que Luis Lauriño, profesor de la UCAB e investigador del GEM, ilustró de forma impactante al afirmar que equivale a «prácticamente despoblar el estado Zulia».
Este miércoles 18 de marzo se presentaron de forma oficial los resultados del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) Venezuela 2025 en las instalaciones del IESA.
Este informe se ha consolidado como el estándar a nivel nacional para la medición y comprensión del fenómeno emprendedor, ya que ofrece una lente multidimensional del actual contexto venezolano.
Esta evaluación fue posible gracias a la alianza estratégica entre el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) y la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), a través de su Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES).
Lauriño no define esta salida como un retiro voluntario, sino como un fenómeno de «deserción forzada» de todo el sistema. Los emprendedores se ven obligados a abandonar sus iniciativas debido a barreras de sostenibilidad insalvables que han transformado el ecosistema en un «embudo roto».
Una de las causas principales es el agotamiento definitivo de los ahorros familiares que sostenían el
inicio de los negocios. Sin acceso al crédito bancario (que representa apenas el 2,7% del PIB) y ante una caída del 25% en las remesas durante 2025, el emprendedor ya no tiene fuentes de capital para mantenerse operativo.
Luis Lauriño sostiene que el modelo de emprendimiento basado en la subsistencia (conocido coloquialmente como «emprender para comer») ha alcanzado su límite de resiliencia y se encuentra en una fase de agotamiento estructural.
Una ínfima tasa de consolidación
Lauriño explica que estas cifras reflejan el fin de un ciclo de «rebote económico» observado entre 2021 y mediados de 2024.
El retorno a una inflación de tres dígitos (475%), la devaluación constante y la erosión del poder adquisitivo han destruido la planificación de costos de los pequeños negocios.
Por otra parte, la migración ha drenado capital humano crítico, ya que 74% de los emprendedores se concentra en el rango de 18 a 44 años; precisamente el segmento demográfico con mayor propensión a la migración forzada ante la falta de perspectivas.
Posiblemente, el hallazgo más alarmante del Monitor Global de Emprendimiento aplicado a Venezuela, es que 77,8% de la actividad emprendedora se encuentra en etapa naciente (negocios de 0 a 3 meses que aún no pagan salarios), mientras que apenas un 1,9% logra consolidarse como un Negocio Establecido (EBO).
La relación actual es de 4 a 1; por cada cuatro emprendedores que inician en la TEA, solo uno logra cruzar el umbral de los 42 meses para establecerse.
Esta bajísima tasa de sostenibilidad revela un entorno que destruye sistemáticamente la maduración en el ciclo empresarial, lo que condena al país a un «enanismo empresarial» permanente.
La paradoja del fracaso
Los hallazgos sobre las motivaciones, percepciones y la «paradoja del fracaso» en el ecosistema emprendedor venezolano de 2025 fueron expuestos principalmente por el profesor e investigador de la UCAB Demetrio Marotta, segundo ponente del informe.
Para Marotta, la psicología del emprendedor venezolano opera bajo una dicotomía: es un acto de necesidad extrema, pero con una ambición de impacto inusualmente alta. Por un lado, el 88% emprende para «ganarse la vida» ante la escasez de empleos, lo que representa un emprendimiento de supervivencia por definición.
Paradójicamente, el deseo de «marcar una diferencia en el mundo» se situó en un 53,6% en 2025. Este dato sugiere una voluntad de trascendencia que lucha diariamente contra la complejidad del entorno.
El investigador señala que la resiliencia es una estrategia vital fundamental a pesar de las condiciones hostiles; solo 1 de cada 3 emprendedores confiesa tener miedo al fracaso.
Esto no debe leerse como una temeridad voluntaria, sino como una estrategia de supervivencia: cuando el emprendimiento es la única vía para garantizar el sustento, el miedo al fracaso es un lujo que el ciudadano no se puede permitir.
Esta percepción se apoya en una alta autoconfianza, donde el 79% cree poseer los conocimientos necesarios, aunque esta autopercepción choque frontalmente con la dureza del entorno.
El autoempleo (trabajo por cuenta propia) creció hasta alcanzar el 43% de la población laboral, lo que confirma que el emprendimiento es la alternativa principal ante la precariedad del empleo formal y los salarios insuficientes.
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